martes, 29 de enero de 2013

Ballard y la ciencia ficción

En "Ficciones de todo tipo", un ensayo publicado en 1971 y recogido en Guia del usuario para el nuevo milenio, J.G.Ballard escribió:

La compasión, lucidez y visión de H.G.Wells y de sus sucesores, y en especial la comprensión de la verdadera identidad del siglo veinte, empequeñecen las fantasías de aislamiento e introversión de James Joyce, Eliot y los escritores del movimiento moderno.

viernes, 25 de enero de 2013

No firmo

¿A quién le importa el Diccionario de la Real Academia, después de todo? Los que bancan y llevan adelante esta campaña de recolección de firmas, ¿piensan que algo es "real" porque está en las páginas del diccionario? ¿Que la causa de la discriminación es que la gente se siente autorizada por los académicos españoles a usar ciertas expresiones? ¿Qué algo realmente va a cambiar, más allá de los gestos de corrección política, si se "borra" una expresión de un libro de consulta, ya que eliminarla de la lengua viva de la gente es evidentemente imposible con ese procedimiento.
Me cago en el DRAE, en otras palabras. Y no firmo por la campaña que pretende borrar la expresión "trabajar como un negro" de sus páginas. La discriminación se socava con educación y sensibilización, no con gestos vacíos, superficiales y a la moda de corrección política.

martes, 15 de enero de 2013

Una realidad electrónica

J.G.Ballard, entrevistado en 1978 por Jon Savage para la revista Search & Destroy. La traducción y el subrayado son mios:
Creo que hay algo así como un mínimo de horas de TV por día que tenés que mirar, y salvo que mires tres o cuatro horas de TV en el día, estás cerrando los ojos a parte del llamémoslo flujo de consciencia que tiene lugar ahora. ¡Quiero decir, no mirar TV es peor que, digamos, nunca leer un libro!
Creo que los mayores avances de los próximos veinte o treinta años van a ser a través de la introducción de sistemas VHS, y no me refiero a la cosa del cassette, los sistemas de reproducción -eso en sí mismo sería bastante revolucionario- sino a cuando, digamos, cada habitación en la casa o apartamento de cualquier persona tenga una cámara grabando lo que pasa -la transformación del hogar en un estudio de TV es la creación de una nueva clase de realidad, una realidad electrónica.

I think there's a sort of minimum number of hours of TV a day you ought to watch, and unless you watch three or four horus of TV a day, you're just closing your eyes to some of the most important sort of stream of consciousness that's going on! I mean, not watching TV is even worse than, say, never reading a book!
I think the biggest developments over the next twenty, thirty years are going to be through the introduction of VHS systems, and I don't just mean the cassette thing, playback gadgets -that in itself would be quite revolutionary- but when, say, every room in everybody's house or flat has got a camera recording what's going on -the transformation of the home into a TV studio is a creation of a new kind of reality. A relity that's electronic.

sábado, 5 de enero de 2013

Sobre Amy Farrah Fawler

De los personajes de The Big Bang Theory el más interesante es Amy Farrah Fawler. A la razón hiperbólica y la afectividad sepultada de Sheldon Cooper, Amy suma una poderosa sexualidad -notoriamente bisexual- apenas reprimida, que entra en erupción al más mínimo estímulo (interno o externo, cabe aclarar). La combinación es explosiva y permite, entre otras cosas, fantasías homicidas, rituales orgiásticos y una perspectiva completamente desautomatizada de las relaciones huamnas. No en vano, además, es neurobióloga.

Me encantaría verla en un episodio leyendo La exhibición de atrocidades, de J.G.Ballard.

Ballard y la pornografía

En la edición Re/Search de The atrocity exhibition (página 36) Ballard escribió, al margen, lo siguiente (la traducción es mía):

...De muchas maneras, la pornografía es la más literaria forma de ficción -un texto verbal con la más mínima conexión con la realidad externa y con sólo sus propios recursos a mano a la hora de crear una narración compleja y estimulante.

Es curioso como con tan pocas palabras Ballard se las arregla para decir mucho más -y con mayor acierto, precisamente en el blanco- que lo que algunos autores locales -en particular cierto pésimo narrador- han escrito sobre el tema.

Ballard-Goncourt-Poe

En la página 75 de la edición Re/Search de La exhibición de atrocidades, al margen, Ballard anotó esta cita del diario de los hermanos Goncourt, fechada el 16 de julio de 1856. La traducción es mía.

Tras la lectura de Edgar Allan Poe. Una cosa que los críticos no han notado: un mundo literario nuevo que apunta hacia la literatura del siglo XX. Milagros científicos, fábulas al modo A+B; una literatura de vista clara, enfermiza. No más poesia y en su lugar fantasía analítica. Algo monomaníaco. Las cosas alcanzan un rol más importante que las personas; el amor deja lugar a las deducciones y otras fuentes de ideas, estilo, tema e interés. La base de la novela transferida del corazón a la cabeza, de la pasión a la idea, del drama al desenlace.

La cita es incorporada al texto Tolerancias del rostro humano, el octavo de La exhibición; más específicamente, al siguiente bloque:

Juegos conceptuales. El doctor Nathan examinó la lista que tenía sobre el escritorio. (1) El catálogo de una exposición de enfermedades tropicales en el Wellcome Museum; (2) análisis químico y topográfico de los excrementos de una mujer joven; (3) diagramas de los orificios femeninos; bucal, orbital, anal, uretral, algunas mostrando zonas heridas; (4) los resultados de un cuestionario en el que un panel voluntario de padres ideaba maneras de matar a sus propios hijos; (5) un inciso titiulado "asco de uno mismo"; una lista mórbida y rencorosa de las culpas de alguien. El doctor Nathan aspiró profundamente el humo del cigarrillo de boquilla dorada. ¿Eran esos elementos parte de algún juego conceptual? Le dijo a Catherine Austin, que como siempre esperaba junto a la ventana: -¿Tendríamos que avisar a la señorita Novotny? (Traducción de Marcelo Cohen y F. Abelenda, Minotauro, 1981, con un par de errores corregidos por mí).

jueves, 3 de enero de 2013

Bienvenidos al futuro



La ciencia ficción uruguaya parecería dividirse en dos provincias casi incomunicadas: por un lado están los escritores mainstream (o de “literatura general”) que han visitado al género en alguno de sus libros, casi con el gesto de un turista de paso; por otro, los autores con vocación más militante, más cercada por las barreras del gueto, más volcada a la gestión de revistas, fanzines y espacios de divulgación específicos. Entre los primeros están Ercole Lissardi (Interludio, interlunio), Pedro Peña (Eldor) y Natalia Mardero (Guía para un universo); entre los segundos hay que contar a Roberto Bayeto (En la tierra donde viven los dragones) y a Pablo Dobrinin (Colores peligrosos). Ahora, con su libro Las furias, Renzo Rossello (Montevideo, 1960) se suma al primer grupo –el de los “visitantes”, por llamarlo de alguna manera, el de, parafraseando a Rodrigo Fresán, quienes escriben libros “con” ciencia ficción en lugar de libros “de” ciencia ficción.
La editorial que lo publicó, Estuario Editora, hay que señalar, omite a nivel de los paratextos cualquier referencia posible a la ciencia ficción; llama la atención, por tanto, que en un libro bastante más alejado del género como Cuentos de tripas corazón, de Leandro Delgado, la calificación genérica (“fantasía y ciencia ficción”, leemos en la contraportada) sea mucho más evidente. A la vez, Estuario ha apostado por la novela policial en su colección Cosecha Roja (donde fue reeditada Trampa para ángeles de barro, del propio Rossello), de modo que el gesto de eludir nombrar la ciencia ficción (en un libro en que la lectura de sus clásicos asoma por todas partes) se convierte, sin lugar a dudas,  en un punto de partida para reflexionar sobre el estatus de este género en la narrativa uruguaya.
En cualquier caso, basta con recorrer las primeras páginas de Las furias para que resulte más que claro que Rossello hace uso de un verdadero museo de tópicos cienciaficcioneros: artefactos alienígenas un poco a la H.P.Lovecraft, conspiraciones, la posibilidad de predecir el futuro de un individuo a través de sus genes, mutantes, guerras del futuro, nuevas enfermedades y epidemias, viajes en el tiempo… cada uno de estos lugares comunes de la ciencia ficción clásica aparece en este libro bajo la forma del asunto central de un capítulo. En ese sentido, es especialmente notorio que Las furias no es tanto una novela como una colección de cuentos, presentados con una historia que les sirve de eje (la desaparición de un periodista y su búsqueda a cargo de un colega sueco, que va armando una suerte de diario –“cuaderno de viaje”– de su misión), y ahí está uno de los mayores defectos del libro de Rossello: la proliferación de relatos –tan acotados cada uno de ellos a un tema, a un tópico en particular– crea la sensación de un futuro de parque temático de la ciencia ficción clásica, un poco lo que pasa con Futurama (donde capítulo a capítulo se nos presentan, incansablemente, tanto referencias a obras puntuales como lugares comunes del género) pero sin el evidente tono humorístico y paródico. El resultado resulta un poco irreal, quizá, un poco artificioso, especialmente si lo comparamos con esfuerzos más recientes en el género de “futuro cercano y creíble”, entre ellos La chica mecánica, de Paolo Bacigalupi. Se trata, por supuesto, de una lectura desde la ciencia ficción, desde una opción de lectura –más “militante”, más de género– que examina un libro producido por un autor mainstream desde un corpus vasto y complejo que parecería resultarle ajeno, inexplorado o recorrido para nada a fondo y con poco “rigor”. Algo similar, de hecho, sucedió en su momento con Eldor, de Pedro Peña: las críticas especializadas (en la revista argentina Cuásar, por ejemplo) no dejaron de señalar lo ingenuo de la ficción de Peña, que parecía encapsulada en las fronteras de la ciencia ficción y la fantasía como eran entendidas por los tiempos de Ray Bradbury y fallaba, en ese sentido, a la hora de convertirse en una incorporación válida a una serie literaria que ha dejado atrás hace tiempo (en cuanto ante todo a la capacidad de sorprender a través de la incorporación de nuevos tópicos o mediante una deconstrucción o vuelta de tuerca de los tópicos consabidos) al autor de Crónicas Marcianas –no necesariamente, cabe aclarar,  en relación a ese espejismo que podríamos llamar la “calidad literaria”.
Sin embargo, leer Las furias es una experiencia literaria de primer orden. No sólo presenta Rossello sus historias con pulso firme y solvencia sino que, en general, los relatos siempre son interesantes y, lo que es más importante, a veces –quiero decir: no pocas veces– maravillan. El nivel quizá no sea precisamente homogéneo; pensando al libro como una colección de cuentos (donde lo heterogéneo es lo más esperable) cabría señalar que hay algunos excelentes (“El hundimiento del edificio Excelsior”, por ejemplo, y también “Juicio al monstruo nonato” y en particular “Mientras llueve sobre Ciudad Gótica”), que entrarían cómodamente en una antología de los mejores cuentos uruguayos de las últimas décadas, y también algunos de segundo orden (“Alguien en la puerta”, “Toda la verdad sobre el proyecto Kurtz”), a la vez que ninguno da la sensación de quedar al nivel de un cuento fallido. Es cierto que cabrían pequeñas objeciones: los diálogos a veces no suenan del todo naturales o creíbles, por ejemplo, y en algunas ocasiones a Rossello se le escapa que el narrador se demore en datos de tipo “histórico” (es decir el equivalente de “cómo se llegó a esta situación”), útiles para el lector pero, a la vez, carentes de mayor justificación a nivel de la ficción (después de todo, el narrador es un “cronista” y, por tanto, escribe para sus contemporáneos, que no necesariamente necesitan ser recordados de hechos pertenecientes a su pasado inmediato).
Quizá el libro se habría beneficiado de una presentación diferente: como colección de relatos no necesariamente incorporados al mismo “universo”, en tanto hacer lo contrario –darles el marco novelístico, digamos– termina generando esa sensación de “parque temático” comentada más arriba, ese futuro hipercargado de tópicos literarios y, por tanto, artificial. Quizá la editorial se preguntó cómo vender un libro de cuentos de ciencia ficción y la respuesta fue que sería más fácil apostar a una novela... Pero se trata, evidentemente, de una especulación que no tiene mayor importancia.
Las furias, en resumen, con sus pequeños defectos y notorias virtudes, es uno de los mejores libros de narrativa publicados en Uruguay en 2012. Ya pensando en términos de ciencia ficción, es sin duda uno de los trabajos más interesantes publicados en las últimas décadas, más allá de que un lector especializado podría objetar que no incluye novedades notorias y que la mayoría de los tópicos pertenecen a una ciencia ficción preciberpunk. A la vez, leído en relación a la carrera de Renzo Rossello, se trata de una apuesta exitosa por la versatilidad, la riqueza y el buen hacer narrativo.