viernes, 29 de marzo de 2013

Ratones de biblioteca

Hace poco escribí unas líneas sobre cómo pienso a la literatura de Leo Maslíah en relación a la narrativa uruguaya contemporánea. El artículo fue publicado en la página de Ya te conté, y no se hicieron esperar las respuestas, motivadas no tanto por mis ideas (que bien pueden estar equivocadas pero, hasta la fecha, nadie las discutió) sino porque usé -y esto seguro hirió muchas sensibilidades de girl-scout- la palabra "bosta". Ayer encontré un blog -con el que se topó hoy mi amigo Matías Bergara- en el que fue publicada otra respuesta a mi artículo. Curiosamente lo único que responde es que me considera "agraviado" en mi "fuero de escritor", que doy ante todo respuestas "ad hominem" (como si él no comenzara con una) y que no le respondo realmente a Maslíah. Paso a explicar esto último: el artículo no es en rigor una respuesta a lo dicho por Maslíah (que además es bien poco) sino a las actitudes que creo leer en su colaboración con Ya te conté; también hablo de otras cosas, además, de un intercambio entre Gabriel Sosa y Pedro Peña, por ejemplo, pero el autor del blog seguramente pasó por alto esos párrafos. En cuanto a lo "ad hominem": desafío al autor del blog y a cualquier lector a encontrar una afirmación relativa a Maslíah en cuanto hombre, persona, ser humano, etc. Igual, no contento con equivocarse, el autor del blog cuenta una anécdota personal: parece que hace 6 años trabajaba en una biblioteca como el encargado de llevar libros a domicilio (yo recién me entero de que hay bibliotecas que funcionan así); dice que yo era socio de esa biblioteca (mentira: jamás fui socio de ninguna) y que pedía libros de Grisham, Conelly o "autores así" (tampoco es cierto: nunca leí trabajos de esos señores; creo que, de todas formas, los menciona porque los entiende escritores de segunda, autores de bestsellers populares; quizá Grisham y Conelly sean malos en lo que hacen: yo no lo sé, no los he leído; quizá sean excelentes, por otra parte) para, en el momento de recibirlos, no darle propina al mandadero, o sea el autor del blog. Y a raíz de eso me tilda de "ratón". Es más: dice "Siempre su trato era el de un escritor reconocido ante una persona con un laburo de mierda, remarcando eso y nunca dejando propina"; veamos: yo también tuve laburos de mierda (hace 6 años, por ejemplo). A la vez, hace 6 años era cualquier cosa menos un escritor "reconocido" (cosa que tampoco soy ahora): de hecho, en 2007 aún no había publicado ningún libro y sólo contaba con cuentos en antologías de concursos y revistas poco conocidas. En fin: este blogger seguro me confunde con alguien más; en cualquier caso, no sólo critica a mi persona (sin conocerme) sino que además confiesa no recordar haberme leído; eso no le impide, por supuesto, señalar que le parezco (sigue hablando de mi persona también, aunque a partir de mis textos que, recordemos, no leyó) "más hipócrita aún, en cuanto que Levrero, escritor genial o no, dejó toda una gama de escritores mediocres por él apadrinados, pero de los cuales, Sanchiz no habla, por solidaridad generacional, imagino." Si me hubiese leído el autor del blog sabría que me he referido en más de una ocasión (en La Diaria, en mi blog) a los escritores llamados "levrerianos" (ver, por ejemplo, mi reciente reseña de "Nuestro iglú en el Ártico") en términos que distan considerablemente de la "solidaridad generacional" -la cual sólo siento por dos o tres escritores uruguayos, vale aclarar, y por algunos argentinos. En fin, acá va el link al post en el blog "Días de Gin": 


miércoles, 13 de marzo de 2013

respuesta a Montesino

Resulta que hay un editor llamado Jorge Montesino, creo que residente en Maldonado y nacido en Paraguay, que dijo una vez -después de atacar feroz, injusta y equivocadamente a Gera Ferreira- que su pequeña editorial (Trópico Sur) está en el centro de la escena literaria uruguaya; le respondí que si realmente creía eso (si no era una pose, una provocación) era un delirante; tras un breve intercambio (en el que me acusó de estar ofendido con él porque su editorial no me ha publicado... lo que equivale a creerse tan genial que sólo alguien que tenga una razón de índole personal -lo que él consideraría una razón personal, de hecho- puede criticarlo) me bloqueó de su perfil de Facebook, por lo que no puedo leer lo que opina por ahí. Pero, como las palabras (dice el Zohar) no caen en el vacío, me enteré de que dijo lo siguiente: "No aprecio la opinión de Sanchiz (ni la leo porque lo tengo eliminado y bloqueado, no me interesan sus tontísimas y agresivas opiniones) ni la de Ferreira (que ni siquiera sabe cotejar lo que le dicen con la realidad, está demostrado), me parecen dos (¿tarados? así dicen que dijeron de alquien por ahí)". La necedad de este hombre es tremenda. Está perfecto que no le interesen mis opiniones, pero si las considera "tontísimas" sin haberlas leído, está siendo un perfecto burro, y con orgullo de serlo, aparentemente. También le parezco un "tarado": seguramente piensa cosas parecidas de cualquiera que le señale sus (evidentes) fallas y que sostenga opiniones diferentes a las suyas, especialmente si hay argumentos y razonamiento de por medio. Gente como Montesino odia que se piense, que se intente dejar atrás lugares comunes, que se intente moverse. Él dice que soy un tarado: yo digo que es un mediocre y que sus ideas son petróleo: cadáveres de dinosaurios sepultados hace tiempo. Y esto, por supuesto, para que también pueda leerlo Montesino (o al menos para referirme a él en un lugar que le sea accesible), va además a mi blog.

Y, dedicado a Jorge Montesino, va este temazo de Guns'n'Roses:



sábado, 2 de marzo de 2013

diagramas con pajitas

En una de las escenas de Looper (Rian Johnson, 2012), el personaje interpretado por Bruce Willis le dice al interpretado por Joseph Gordon-Levitt que no perderá tiempo explicándole las sutilezas del viaje en el tiempo "haciendo diagramas con pajitas" porque podrían pasarse toda la tarde y no sacar nada en limpio. Si se trataba de evitar que los espectadores de la película pensaran en las múltiples inconsistencias de la trama, no funcionó: Looper no sólo deja cientos de cabos sueltos sino que -y esto es más grave, al menos para una obra ante todo narrativa e incorporada deliberadamente a un género en particular: ciencia ficción de viajes en el tiempo- rompe una y otra vez las reglas que sugiere. Es cierto que esas reglas nunca son explicitadas del todo, pero dado que el desenlace debe su dramatismo a alguna forma de percepción de esas leyes que pueda tener el espectador, el fallo es evidente.
Veamos por qué.
En Looper se nos cuenta que en 2074 el viaje en el tiempo es posible pero está prohibido; sin embargo, para deshacerse de los cadáveres, la mafia se las arregla para eludir esta prohibición y envíar a sus víctimas a 2044, donde un grupo de asesinos (los "loopers") se encargan de matarlos. Pero hay más: cuando -en 2074- alguien decide "retirar" a un looper, envía a 2044 a su versión 30 años mayor (si es que ha sobrevivido, claro); el looper lo asesina (las víctimas aparecen maniatadas y con una capucha cubriéndoles la cabeza) y sólo al revisar la recompensa descubre que ésta es considerablemente superior a la usual: entiende entonces que ha matado a su yo futuro y que, por tanto, ha "cerrado el loop". Bien. Más allá de que se trata de un sistema extraordinariamente retorcido de despedir a alguien, el problema se materializa cuando la película nos muestra qué sucede cuando un looper no mata a su yo más viejo. Como se trata de una acción al margen de las reglas de la organización de loopers, acontece un castigo: el looper es asesinado y su yo futuro desaparece. ¿Por qué desaparece? Porque al morir en 2044, evidentemente, no puede estar vivo en 2074 como para ser enviado 30 años hacia atrás: la película establece esto con claridad y, por tanto, elabora una ley explícita de continuidad, que incorpora la película a lo que podríamos llamar el "principio de cronología única". Esto requiere un poco más de explicación; digamos entonces, muy por arriba, que las ficciones de viajes en el tiempo podrían clasificarse en, al menos, tres categorías:
  1. las que se apegan al principio de cronología única e inviolable: la manera en que acontecieron los hechos es incambiable y, por tanto, quien viaje al pasado a matar a su abuelo no podrá hacerlo jamás (esto, evidentemente, propone una manera de erradicar las paradojas). Un ejemplo podría ser Doce monos y, quizá, Lost.
  2. las que se apegan al principio de realidades alternativas o cronologías múltiples: si retrocedo en el tiempo y cambio un hecho, genero (o descubro) una cronología alternativa a la del mundo del que provengo. Todas las cronologías coexisten: si retrocedo hasta 1918 y evito el nacimiento de mi abuelo, generaré un nuevo universo en el que yo no podré nacer. Esto, a su vez, abre dos posibilidades más: puedo regresar a mi cronología original (en la que, evidentemente, mi abuelo sobrevivió hasta, por lo menos, el nacimiento de mi padre o mi madre) o, por el contrario, estoy "atrapado" en la cronología nueva (es decir, paso a vivir en una época ajena a mi vida como la conocía hasta el momento) y no puedo regresar a la de origen. Aquí no hay necesidad de paradojas: todas las posibilidades están allí, y lo que el agente del cambio percibe como modificación de un suceso simplemente implica un desplazamiento entre una línea y otra. En otras palabras: puedo matar a cierta persona porque, en rigor, mi verdadero abuelo quedó atrás en la línea de tiempo de la que provengo, en el "mundo" desde el que me desplacé. El asesinado, literalmente, no era mi abuelo (no aún, no en ese universo).
  3. las que se apegan al principio de cronología única pero no al de inviolabilidad. En otras palabras: puedo retroceder en el tiempo y matar a mi abuelo, pero al hacerlo dejo de existir porque, en ese nuevo orden de cosas, yo no debería estar ahí. Es lo que vemos -con gran ingenuidad: fotos que la gente toma a nada, por ejemplo- en Volver al futuro.
Evidentemente, la opción (3) sostiene una relación más compleja con las paradojas; como esto no se trata de debatir este digamos "paradigma" de las ficciones de viajes en el tiempo, vamos a regresar a Looper, que, de un modo bastante notorio, se inscribe en esta tercera opción. Que lo hace, insisto, es muy evidente: de hecho, se plantea que es posible "comunicarse" con una versión vieja de un looper modificando drásticamente el cuerpo de su versión joven. El cambio, además, es instantáneo: una de las escenas de la película, claramente, está basada en ese principio. Un looper-viejo anda suelto por la ciudad en 2044 y la organización tiene en su poder al looper-joven. Le cortan un dedo y el looper-viejo, asombrado, ve que uno de sus dedos desaparece de su mano (pregunta: ¿por qué se asombra, si debería recordarlo? la película establece que los recuerdos son generados automáticamente: lo vemos con claridad en varias escenas con Bruce Willis); de inmediato cortan otro, y así sucesivamente: nariz, pie, etc. Eventualmente el looper-viejo es asesinado; no sabemos exactamente qué pasa con el joven, pero si la película siguiera una lógica más o menos clara debería vivir al menos hasta 2074, para "validar" una línea de tiempo en la que dedos y nariz y pies desaparecen. Ahora bien, la pregunta fácil de hacer es ¿cómo puede ser que un tipo tan mutilado en 2074 de todas formas pudiese escapar a su asesino en 2044? Imaginemos a la mafia, preocupada por la coherencia del universo; están en 2074 y capturan a ese pobre hombre sin pies, manos ni nariz y lo envían a 2044 para que, extrañamente, logre escapar. En rigor, ante la primera modificación seria del cuerpo del looper-viejo, este debería desaparecer de 2044 -como vemos que pasa, al final de la película, con Bruce Willis. ¿Cómo no sucede esto? ¿Cómo sucede en una ocasión (al final) y no en otras?
Quizá operan diferentes reglas, cabría responder, pero es un poco como hacer trampa; implicaría generar una suerte de hipótesis ad hoc que permita que en algunos casos las cosas sucedan de una manera y en otras (por ejemplo en el caso del final de Bruce Willis) de modo diferente, según -claro está- propósitos dramáticos. Dado que la película explicita algunas hipótesis y no otras (justamente las más necesarias), creo que es fácil acusar de chapucería al guionista. ¿O deberíamos ser más pacientes?
Bueno, pero es que hay más incoherencias. En una escena cercana al desenlace, Bruce Willis (en su papel de looper-viejo) se carga a casi la totalidad de la organización de loopers, incluyendo el "jefe" venido del futuro. Pero esto, ¿no debería cambiar drásticamente la continuidad? En su pasado -el que él puede recodar, aunque la memoria es bastante plástica en esta película-, nada de eso había sucedido. Tratándose de un evento de importancia, sus consecuencias serían drásticas, tanto como para poner en duda la posibilidad de que Willis -el mismo Willis, al menos- esté en 2044. Pero nada de esto parece importar.
Y hay más. Entre el minuto 26:50 y el 30:50 vemos una serie de acontecimientos: Joe-joven (el personaje de Gordon-Levitt) aguarda la aparición de su víctima, que, extrañamente, se demora; cuando se materializa (Bruce Willis, Joe-viejo), resulta que no está maniatado y logra escapar. Joe-joven, sabiendo que está en peligro, regresa a su apartamento y, después de un enfrentamiento con los asesinos de la organización, cae desde una escalera de incendios. En 30:50 la pantalla está completamente negra y en 30:54 volvemos al comienzo de la escena: Joe-joven aguarda la aparición de su víctima que, esta vez, sí aparece maniatada. Lo mata, descubre que se trata de su versión 30 años mayor y, básicamente, vive el resto de su vida hasta que, en 2074, lo atrapan para enviarlo al pasado. Pero cuando esto sucede, Joe-viejo logra matar a sus captores y retrocede libre... exactamente como aparece en la primera versión de su encuentro con su yo-joven. ¿Cómo se explica esto? ¿Dos líneas divergentes? Una posibilidad era mostrar que Joe-viejo se asegurara de que Joe-joven no muriera al caer por la ventana y que, eventualmente, retrocediera en el tiempo una vez más, esta vez dejándose atar, y asegurar la continuidad. Pero esto no sucede -no se trata de adelantar el final, claro, pero de hecho no sucede. ¿Cómo explicar esto? ¿Operó una suerte de course-correction, ese sistema a veces invocado por las ficciones de viajes en el tiempo para evitar que cambios drásticos en la cronología puedan ser hechos? ¿La película, repentinamente, adoptó el segundo paradigma de viajes en el tiempo y nos propuso dos líneas temporales divergentes? Nada se dice de esta posibilidad, que permanece, ante todo, como una pregunta no resuelta. No es el tipo de cosas que me hacen saltar de la silla con un hacha (de hecho, en algunos casos los cabos sueltos me interesan especialmente, como en Lost y Prometheus), pero, aquí, en una ficción cuyo efecto se apoya en en cierta lógica (el final, reitero, es relevante dramáticamente -y comprensible- desde ciertas pautas que el espectador deduce de los hechos presentados en la película), que esa lógica sea pasada por alto o puesta entre paréntesis (sólo para permitir la inclusión de una escena que, en rigor, no aporta gran cosa) es una falla más que notoria.
En conclusión: quien planee crear una ficción de viajes en el tiempo más o menos coherente (al menos consigo misma), que piense un poco mejor las cosas. Lo de no perder tiempo con pajitas, evidentemente, no es excusa para la chapucería.