lunes, 27 de enero de 2014

confesión y gasolina

El capítulo once de la quinta temporada de Breaking bad puede pensarse como uno de los puntos altos de toda la serie y, por extensión, de la televisión del siglo XXI. Una
de las líneas de lectura para llegar a semejante conclusión parte de considerar la relación (la tensión, la distancia) entre dos de los momentos del episodio: la "confesión" grabada por Walter y la secuencia en que Jesse se entera de la participación de su compañero de síntesis en el envenenamiento de Brock. En el diálogo entre ambos momentos está abierto el espectro de la ficción propuesta por la serie.
Para empezar, el video de Walter. Se trata, notoriamente, de una mentira; Walter crea una ficción para poner en un aprieto a su cuñado y su cruzada; esa ficción -ante todo creíble- puede entenderse desde un punto de vista antitrágico: el hombre -Walter- está a cargo de su mundo, de su universo; puede manipular la realidad a su gusto, inventar sus circunstancias y, digamos, triunfar. Walter, en el punto álgido de su capacidad de control. Esto, por supuesto, resuena con su idea de "imperio"; en un capítulo anterior Jesse le pregunta si está en el negocio por el dinero, y Walter dice que lo está por el "imperio". Por el poder, por el orden impuesto, vale decir. Walter reordena su realidad: su relato es igual de válido que el de Hank; el video es creíble, es quizá hasta más creíble que la historia de Hank -la "verdad", casualmente.
En el otro extremo está Jesse, quien finalmente alcanzó una de las "verdades" más delicadas y más ocultas (para él, claro) de la serie. Aquí está, por el contrario que en cuanto a la confesión, el espíritu trágico. No se puede escapar del destino: el peso de lo real, de la verdad, lo aplastará todo. Poseído por las furias, digamos, al final del episodio lo vemos arrojando gasolina en la casa de Walter. La  tragedia, en ese momento, en la mente de Jesse, ha de terminar con fuego.
El capítulo, entonces, nos muestra ambos lados de la historia de Walter White: su capacidad de control, su intento de formar la realidad según sus necesidades, y el rescoldo por el que asoma el fuego. La tragedia y la antitragedia. El destino de la ficción.