viernes, 31 de octubre de 2014

Apuntes

Digamos que el modelo de los reality shows funciona para entender las redes sociales y, por lo tanto, el mundo que pensamos como el que nos tocó vivir. Entonces podemos inventar una historia posible del mundo reciente, ficticia, por supuesto, porque todo puede ser leído como ficción, salvo que la ficción ya no es lo que solía ser. Y podría ser algo así: en la segunda mitad del siglo XX creamos una realidad paralale, la TV , a la que todo el mundo empezó a conectarse poco a poco; en esa realidad había ficción y "realidad", es decir documentales y noticiarios que explicaban qué era lo real, que de alguna manera, para los televidentes, creaban lo real o se referían a lo real. Ese segundo mundo, la TV, entonces, distinguía ficción de realidad, aunque usara las mismas técnicas para presentarlas. Entonces, en la década de los noventa surgió otra realidad alternativa, y la llamamos Internet. Pero también en esa década, en la televisión, algunos programas dejaron de ser ficción y dejaron de ser realidad, y fueron los reality shows, que mostraban algo presumiblemente real -o presentado como real- en un formato narrativo, con personajes legibles, con motivaciones definidas y no borrosas, como en una novela o un programa televisivo de ficción. Después, esos reality shows, gracias a los concursos de baile y los conflictos y diálogos entre sus participantes, se volvieron algo que incorporaba potencialmente a todo el mundo, a todos los televidentes; es decir: ya no se trataba unos tipitos y tipitas encerrados en una casa con límites claros, físicos, muros y techos, sino que estaban sueltos por el mundo, se los podía ver por ahí, en otros programas, hablando, en noticiarios, en la calle, ya libres de los antiguos límites. ¿Y eso era real? La categoría ya no funcionaba; podían estar actuando, podían creerse sus personajes; su identidad, la manera en que construian su identidad, ya había mutado. A la vez, en Internet aparecieron fotolog, blogspot, facebook, instagram, twitter, y así todos fuimos los personajes y los espectadores del reality, confesándonos, compartiendo vivencias, malhumores, odios y amores; poco a poco construimos nuestra identidad en esa realidad paralela y, a su vez, la vimos desbordar hacia lo que creíamos que era la realidad. Porque en las redes sociales, en este muro por ejemplo, soy -y somos- legibles, como personajes. Porque ahora todos somos esa cosa híbrida entre persona y personaje. Como dijo Ballard: vivimos en una ficción, salvo que, en realidad, ya no se trata de una ficción como podía entendérsela en 1946 o 1968. Se trata de otra cosa, y nosotros ya somos, también, otra cosa, ni personas ni personajes. Todo eso ya no es lo que solía ser. Y si Ballard dijo que los escritores debían crear la realidad, y si la ficción tiene un nuevo sentido en este mundo, ¿cuál es el sentido nuevo de la realidad que deberíamos inventar? ¿Qué significa? ¿Cómo la inventamos?