terminator #2

La escena de mitad de los créditos de Terminator Genysis, con toda su carga de cliché postmarvel y su lectura de amenaza persistente, trasciende (como el afrofuturismo de Black Panther) su condición superficial de cine berreta y propone una lectura más interesante de la película que la precede: hágase lo que se haga, el humanismo no puede triunfar. No fácilmente, al menos. Porque las máquinas (está en su naturaleza) habrán de insistir siempre.
Por otro lado, la última (hasta la fecha) de las películas de la saga Terminator es la única que aborda cabalmente lo que queda sugerido por el final de Terminator II: que estamos viendo un encadenamiento de universos paralelos y que la noción de una línea de tiempo única (eso que el recurso autocausal de la primera de las películas establece de manera completamente blindada) debe, como mínimo, ser problematizada. Si el intento de Skynet de eliminar la amenaza John Connor en el pasado sólo termina por ocasionar el propio nacimiento de Skynet (y de John Connor), parece una mera llevada a su extremo lógico (como el final de Matrix Revolutions en relación a The Matrix) la idea de que en John Connor (precisamente John Connor, la figura edípicomesiánicacrística epítome de lo humano que atravesaba las películas anteriores y sobrevive a todos los cambios de casting como Hamlet y Jesucristo a las múltiples adaptaciones y puestas en escena) deba llevarse a cabo la síntesis entre lo humano y la inteligencia artificial. En rigor, si todas las películas -y en particular esta última, a través del tosco personaje de Kyle Reese- insisten en preservar el valor de lo humano contra el impulso maquínico desubjetivado, presentándolo incluso como intrínsecamente superior, es en Terminator Genysis donde este gesto no sólo es presentado con mayor claridad sino que, además, es esta la única película de la serie en la que la problematización de ese valor (y esa superioridad) es sugerida más claramente. En términos de producción-de-sagas, después de que el mecanismo de "unidad exterminadora es enviada desde el futuro" (aunque en Terminator III la T-X es enviada notoriamente desde otro futuro, no el mismo desde el que es enviado el T1000 en Terminator II) quede agotado y se proponga un esquema genérico de ficción postapocalíptica (Terminator: Salvation, tanto en su figura real como en la trilogía potencial que terminara por ser abortada), Terminator Genysis equivale al momento de matriz retro que propone la vuelta a lo básico con un giro irónico que capitaliza el plusvalor simbólico: se vuelve al recurso de los viajes en el tiempo, es decir, pero si bien el reseteo de la saga es parcial (asistimos a la evidente creación de una línea de tiempo que sólo se entiende en tanto es alternativa a las anteriores, a diferencia del caso de Terminator III, donde la condición de alternativa es más bien un corolario del relato, y no una premisa narrativa), no estamos exactamente en el territorio de la primera o la segunda película (el momento "puro", digamos), sino que la asignación de valor o interés a lo ofrecido opera también desde otro lado: el plusvalor ismbólico ha de aparecer, por supuesto, no desde algo que damos por consabido (el exterminador que retrocede en el tiempo y en última instancia fracasa) sino desde un subtexto de caracter ideológico o político que queda expuesto como el revés de un tejido, incluso si los realizadores pretenden postular otras afiliaciones: poco a poco, entonces, parece cobrar definición la pregunta que ha esquivado más o menos cómodamente a todas las películas anteriores: ¿por qué, en última instancia, habrían de perder las máquinas y ganar los humanos?. Así, Terminator Genysis (no en vano concebida en una época de creciente inmersión cyborg/gadget/redes sociales) deja claro que los "humanos" y las "máquinas" existen en una suerte de simbiosis, y que es a través del deseo humano de la máquina que esta evoluciona: un nuevo génesis para Skynet. Esta idea de hibridación es puesta con mayor claridad aún en la figura del T3000, un John Connor reconstruido por nanotecnología e insertado a una serie de producción que tiende al T5000 en tanto encarnación (ella misma viajera en el tiempo o capaz de trascender el tiempo lineal) de la misma Skynet. El final nos devuelve a la prevalencia de lo humano (incluso mediante el recurso del "robot humanizado" encarnado en el T800, ahora upgradeado), pero la escena de mitad de los créditos nos devuelve una Skynet irreductible, inerradicable, inevitable. Para dar marcha atrás en este proceso (que solo puede terminar con un futuro donde lo humano y la IA se fusionen, o sea el mundo hacia el que nosotros mismos nos dirigimos) y devolver la potencialidad inhumanista a su condicion original de miasma inquietante, el sistema humano de seguridad (en términos de Nick Land) debe proponer un nuevo reboot, esta vez más fuerte. Quizá Terminator 6, a estrenarse en 2019, represente la última y arcaica batalla por lo humano: una batalla por cierto perdida. 

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