jueves, 16 de julio de 2015

Joyce, Proust, dificultad y oraciones largas

Hace un rato me topé con este artículo de Isabel Garzo. No hay mucho que añadir: es un simple decálogo de esas reglas baratas de taller literario (pocos gerundios, evitar los adverbios terminados en ...mente, ese tipo de cosas) que parecen querer normalizar y uniformizar la escritura para facilitar las cosas a los editores y los reseñistas atorrantes, pensando que el mismo conjunto de reglas sirve para todo texto. Sin embargo, creo que el punto cuatro ("La claridad del texto aumenta si las frases son cortas y siguen estructuras simples, sin muchas subordinadas. Cuanto más largas y complejas sean, más atención habrá que poner en el orden de sus partes para que sigan siendo comprensibles, ya que el objetivo debe ser poner las cosas fáciles al lector.") merece cierta atención. Primero, porque da por sentado que el lector es estúpido y que hay que ponerle las cosas fáciles (no vaya a ser que le complicamos la cosa exigiéndole memoria a corto plazo) y, segundo, que la calidad de un texto está pautada por su relación con un lector abstracto -que, evidentemente, no existe- y descansa en la aplicación absoluta de un número de reglas, sin atender a variables de expresividad, idiosincracia, problematización del lenguaje, etc.


Esa idea de que las oraciones deben ser cortas y los textos fáciles de leer es curiosa. Lezama Lima pensaba básicamente lo contrario ("sólo lo dificil es estimulante", dicen que dijo), y Joyce, un escritor al que jamás podrá acusárselo de "fácil" (por lo tanto, según Isabel Garzo, Ulises debería ser considerado un disparate abominable), decía sin embargo preferir las oraciones cortas.

Esa preferencia de Joyce es de cierta importancia a la hora de pensar la relación del maestro irlandés con Proust (se trata, después de todo, de los escritores más grandes de la modernidad tardía), de quien, según la biografía James Joyce, de Richard Ellmann (cito la edición de Anagrama), Joyce opinaba lo siguiente:

Joyce insistía en que la obra de Proust no tenía parecido alguno con la suya a pesar de que los críticos decían detectar bastantes. El estilo de Proust no impresionaba a Joyce; una vez que un amigo le preguntó si le parecía bueno, él dijo "los franceses creen que sí y, después de todo, tienen sus estándares, tienen a Chateaubriand y Rousseau. Pero los franceses están acostumbrados a las frases cortas, no a esa forma de escribir". En uno de sus cuadernos de notas, Joyce hizo un comentario parecido pero más abiertamente: "Proust, bodegón analítico. El lector termina la frase antes que él". (p.566)

Las sentencias llaman la atención, y seguramente el boxeo con Proust siguió en la mente de Joyce, dado que en otras oportunidades llamó la atención sobre el tema. Quizá la más memorable se produjo durante una conversación con Sylvia Beach en la que Joyce habla del libro A la recherche des ombrelles perdues par pleusieurs jeunes filles en fleurs du côte de chez Swann et Gomorrhée et Co. par Marcelle Proyce et James Joust. Este largo título es jugoso e interesante, pero por ahora nos quedamos con dos notas: que Joyce conocía bastante bien al menos los títulos de las obras de Proust y que, además, se nota cierta intención especial en hablar de "Marcela Proyce y James Joust". Proust feminizado y Joyce "el justo". ¿Se trataría de la "medida justa" de las oraciones?

Quizá el tema llevaba cierto tiempo rondando por la cabeza de Joyce. En una carta a Frank Budgen del 16 de agosto de 1921, por ejemplo, había descrito al capítulo "Penélope" (el monólogo de Molly Bloom) como compuesto por "ocho oraciones", la primera de las cuales "contiene 2500 palabras". Recordemos que el último capítulo de Ulises carece de signos de puntuación y que esas ocho "oraciones" están diferenciadas ante todo por saltos de párrafo, de modo que hay cierta arbitrariedad, si se quiere, a la hora de señalarlas como ocho. Pero Joyce, que no daba puntada sin hilo, seguramente tenía algún interés particular en esa manera de describir su texto, así como también referir a la cantidad de palabras que componen a la primera de sus "oraciones". Una búsqueda poco atenta en Google ("proust long sentences") da como resultado que la oración más larga en la obra de Proust tiene 944 palabras; Joyce propone que una de las más largas suyas tiene 2500, es decir que de alguna manera le gana a Proust.

Otra lectura posible: Joyce se queja de que el estilo de Proust tiende todo él a las oraciones largas; en cambio, su escritura, que subordina el estilo a la necesidad expresiva de lo narrado por decirlo de alguna manera (Eco lo llamo "poética de la forma expresiva"; en A portrait of the artist as a young man la infancia del protagonista está narrada como un libro para niños, en Ulises cuando los personajes están cansados el estilo se demora y se repite, etc), se permite las oraciones largas estrictamente cuando es necesario. Y es necesario en el monólogo de Molly, en la mayor intrusión de las palabras de una mujer en la novela. ¿Marcela Proyce? Quizá la cosa vaya por ahí.





jueves, 2 de julio de 2015

Ulises - claves de lectura, Carlos Gamerro

Resulta que… Carlos Gamerro, que lleva como 20 años enseñando el Ulises, anota la novela de Joyce capítulo por capítulo, leyéndola con detenimiento y esclareciendo alusiones y referencias.  

Y además… El libro es sumamente didáctico y fresco, y se convierte en una excelente ayuda a la hora de internarse en el Ulises. Tiene, además, unas cuantas buenas ideas. Por ejemplo: la posibilidad de confiar -por afinidad de estilo o de tono- cada capítulo del Ulises a un escritor diferente, en plan dream-team de traductores/recreadores.

Nombres/palabras clave: Joyce, traducción, literatura inglesa, alusiones, dificultad, lectura.

 
Mi reseña larga, acá

Los trabajos del amor, Damián González Bertolino

Resulta que… Dos small-time-crooks de Maldonado deben trasladar un cadáver desde un telo hasta un apartamento. El cadáver resulta ser el de un amante de su jefe, un mafioso llamado Cara-con-semen, y en el camino al cumplimiento de su misión se encuentran con cosas raras. Al final hay un descenso al infierno.
 
Y además… DGB ha hecho un trabajo buenísimo con los puntos de vista, el extrañamiento de los acontecimientos y la escenografía, todo con referencias al Siglo de Oro español y la picaresca, además de -y esto es lo que más me interesó- al cine de acción, el policial y la relación arte(cine)-vida.

Nombres/palabras clave: Tarantino, Quevedo, novela negra, Maldonado, Punta del Este, barroco, cine, Inferno.

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