"The Buddha of suburbia", David Bowie, 1993, BMG/Virgin/EMI

Primero lo primero: "The Buddha of suburbia" no es la banda sonora original de la serie televisiva producida por la BBC, basada en la hermosa novela de Hanif Kureishi (quien co-escribió el guión) y estrenada en noviembre de 1993; es decir: si bien Bowie compuso unas cuarenta piezas para la serie, estas jamás vieron la luz independientemente, y lo que terminó por pasar fue que ese mismo 1993 Bowie se encerró en un estudio de suiza junto al multi-instrumentalista turco Erdal Kızılçay y, a partir de los temas principales de la banda sonora y empleando una serie de métodos similares a los utilizados a fines de los 70s junto a Brian Eno en "Lodger" y -ligeramente en menor medida- "Heroes" y "Low", terminó por grabar las nueve composiciones reunidas en el décimo noveno álbum en su discografía.
Esa alusión a los discos junto a Eno es central; de hecho, si bien "The Buddha of suburbia" no es el primer álbum de Bowie desde "Heroes" en contener instrumentales, los que fueron incluidos en "Black tie white noise" (un disco del mismo año 1993, por otra parte), o sea "The wedding" y "Looking for Lester" (se podría argumentar que también "Pallas Athena") son más tradicionales o expresivos y no se acercan a la sensibilidad ambient o a los procedimientos estocásticos o generativos de "Warszawa" (en "Low"), por poner un ejemplo consabido. Además, buena parte de las "canciones" -por llamarlas de alguna manera, en oposición a los instrumentales- en "The Buddha of suburbia" apenas funcionan como tales, en tanto sus partes vocales, cuando no operan como reiteraciones extremas de los mismos versos, generalmente los títulos (como en "Bleed like a craze, Dad" y "Sex and the church"), están armadas con mecanismos de tipo cut-up o, simplemente, al azar, y eso, obviamente, empuja al álbum fuera de lo expresivo (aunque, hay que decirlo, no de un modo tan tenso o dramático como en "Diamond dogs", cuyas letras generativas contrastaban con la música más expresiva grabada por Bowie hasta ese momento, y no es un dato menor que el de 1974 y "The Buddha..." hayan sido discos en los que Bowie se dedicó a tocar buena parte de los instrumentos él mismo) y, cabe argumentar, fuera de una sensibilidad pop.
En cualquier caso, hay dos canciones propiamente dichas en el disco, y son lo más amable con el usuario y agradable de escuchar sin mayor esfuerzo; está el title-track, que, oportunamente para la novela adaptada (en la que las alusiones a Bowie no eran lo que se dice pocas), revisita buena parte de la discografía clásica, hasta el punto de citar  un verso de "All the madmen" ("zane, zane, zane, ouvre le chien") y el famoso break de guitarra de "Space oddity"; la otra canción es "Strangers when we meet", que Bowie regrabaría como un final feliz y algo incongruente (pese a que la pieza es bellísima) para "1.outside"; la versión de "The Buddha..." no es superior (es otro ejemplo de Bowie volviendo a trabajar una canción para darle una nueva personalidad, como pasa con la "Sue" del single y la de "Blackstar") pero tiene su interés desde la mezcla ligeramente ruidosa y estridente, con una estética más electrónica y glitch.
Más interesantes acaso y más complejas también son las piezas que se acercan a una sensibilidad pop/electrónica y que terminan por ofrecerse como el mismo tipo de "simulacro de canción" que operaba en las piezas del lado A de "Low"; entre estas la más fascinante quizá sea "Dead against it", que es una verdadera joya oculta en la discografía de Bowie (podría argumentarse que todo "The Buddha..." lo es). También en esta línea suena "Untitled nº1", que parece un refinamiento de lo mejor de "Black tie white noise".
Las composiciones más electrónicas -en la línea de "Pallas athena" y un notorio preludio a "Earthling"-, "Sex and the church" y "Bleed like a craze, dad", esta última con un trabajo de piano de Mike Garson que parece mirar hacia "1.outside", logran mantener otro importante nivel de interés, si bien terminan por resultar el punto flaco -en comparación- del álbum. Después, las relaciones entre "The Buddha..." y el álbum que seguiría no son pocas y van más allá de estas piezas regrabadas o similares: la metodología generativa o estocástica terminaría por estallar en el gran proyecto de "1.outside", cuya realización concreta en el álbum con ese título, en rigor, está por debajo de los procedimientos y la ambición de esa última colaboración entre Bowie y Eno, por lo que es fácil desestimar ligeramente a "The Buddha..." como una suerte de disco de transición o un juego casi privado de Bowie a partir de un trabajo anterior (el de la banda sonora) y para lograr un disco del cual olvidarse rápidamente (no lo promocionó, de hecho, y entre 1995 y 2007 estuvo descatalogado). Pero escuchas sucesivas llegan a colocarlo al nivel de lo mejor de "1.outside" -si no más satisfactorio en tanto álbum terminado y redondo-, y, por tanto, de lo más interesante de Bowie en los noventas. En esa línea es que destacan los tres instrumentales, "South horizon", "Ian Fish, UK Heir" y especialmente "The mysteries", piezas ambient deliciosamente texturadas que parecen retomar la sensibilidad más experimental y minimalista de Bowie desde "Crystal Japan", el single de 1980. "Ian Fish...", por ejemplo, no está para nada lejos de "Moss garden" (de "Heroes"), a la vez que "The mysteries" logra alcanzar de momentos de belleza similares (más luminosos, eso sí, como si se colara algo del Vangelis de los 70s y comienzos de los 80s) a los de "Subterraneans" o "Sense of doubt".

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