"Perdition city", Ulver, 2000, Jester



Una manera acaso inevitable de pensar el quinto álbum de Ulver es desde el momento basal del proyecto como una banda de black metal; es cierto que ya en el contexto de su primera trilogía de álbumes cabía leer un ímpetu de complejización de la matriz genérica ("Kveldssanger" se las arreglaba para sonar blackmetalero sin los elementos más consabidos del género, pero después "Nattens madrigal" volvía a un estilo no sólo más reconocible sino de alguna manera llevado al extremo), pero nada de eso, más allá de indicios legibles en retrospectiva, puede disolver el contraste marcadísimo entre estos discos y "Perdition city", por más que "Themes from William Blake's the marriage of heaven and hell" admita ser leído como una pieza de transición. Si pensamos entonces que median apenas 3 años (y un álbum y un EP) entre el black metal desaforado de "Nattens madrigal" y la electrónica atmosférica y retro/noir/futurista de "Perdition city" una suerte de potencial parece emerger, que invade las piezas de este último álbum y les otorga un perfil subrayado que, de haber sido el disco debut de otro proyecto, sin duda no sólo no existiría sino que terminaría por permitir que pasaran a un primer plano los momentos menos felices del disco, como la no del todo lograda narración en "We are the dead" y en la segunda mitad de "Dead city centres"; de hecho, en esta última pieza cuesta no ver la irrupción jazzera (hacia los 4 minutos) como un momento algo descolocado o innecesario.
En rigor, para evitar ese último diagnóstico hace falta pensar a "Perdition city" más como un todo conceptual que como una sucesión de piezas (que notoriamente, por otra parte, hacen lo posible por no ser canciones), y ahí el disco parece coagular o cristalizarse en una suerte de reversión de la banda sonora de "Blade Runner" casi dos décadas más tarde; esto lo declara más elocuente(y feliz)mente los solos de saxofón en la bellísima "Lost in moments" (por otra parte, ¿cómo no pensar en este título como una variante del "all these moments will be lost [in time like tears in rain]" de Roy Batty al final de la película de Ridley Scott?) que la narración en "Dead city centres", que merecería acaso el mismo tratamiento que modifica las versiones ochenteras de "Blade Runner" para convertirlas en los notoriamente mejores cortes de los noventas y dosmiles.
Hay en "Perdition city" un marcadísimo pulso ambient, que brilla especialmente en "Porn piece or the scars of cold kisses" y en "Hallways of always" (este acaso el cenit en belleza del álbum), con su cuidadosa construcción o acumulación atmosférica. Ambas piezas, en cualquier caso, hacen uso de diversos lenguajes de electrónica (secuencias, beats dance, glitches, noise) para configurar sus paisajes sonoros urbanos, nocturnos y decandentes. ¿Tengo que volver a mencionar a "Blade Runner" o basta invocar reflejos de hologramas sobre los charcos de las lluvias invocadas por el calentamiento global?
Si se quisiera invocar a otra película -que fue de algun modo a la contemporaneidad del disco de Ulver lo que "Blade Runner" a los ochentas- para proponerla como sustancia del matiz con el que los noruegos modulan a Vangelis, habría que pensar en el "desierto de lo real" de "The Matrix" y su realización sonora en "Tomorrow never knows", que parece servir de precursora a la banda sonora de "Blade Runner 2049" y funcionar, por tanto, como nexo entre las dos películas y sus sonidos.
Es curioso que "The future sound of music", otro de los momentos más logrados del disco, sea precisamente -a pesar de o desde su título- la pieza que más funciona como compendio o reconstrucción del camino artístico de Ulver: desde sus comienzos ambient/glitches hacia sus atmósferas más cálidas pasado el primer cuarto de la pieza, desde los sonidos celestiales del centro y la paliza sónica (que mira tanto al black metal de los primeros tres álbumes como a la densidad de "Themes...") del final abiertamente noise y drone. Entonces, si todo "Perdition city" es una exploración de paisajes urbanos futuristas, acaso "The future sound of music" sea el mapa o la cifra de esa exploración. Quizá sea significativo que después de decirlo todo el disco retroceda hasta "We are the dead", como si se diera por sentado lo logrado con la articulación de ambientes y texturas y se lo usara en relación a una voz que carga con el sentido de la pieza de un modo acaso más obvio que todo lo precedente. El disco parece, entonces, no encontrar una línea tan clara a explorar; "Nowhere/Catastrophe", la pieza (lo más parecido a una canción) que lo cierra, suena de alguna manera incongruente pese a que en su fondo suenan ambientes similares a los que ya hemos escuchado: el gesto de abrir el sonido de Ulver terminó, quizá, por desgarrar la trama, pero es tentador verlo como una suerte de metacomentario, pero la solución está, naturalmente, en qué hizo la banda después (los EP y, finalmente, "Blood inside").

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