domingo, 30 de agosto de 2015

Asco, filogenia y Lovecraft

En el libro Tentacles longer than night, más precisamente en la sección "An Exegesis on
Tentacles", Eugene Thacker cita al filósofo checo-
brasileño Vilém Flusser y señala que "el asco recapitula la filogenia" ("disgust recapitulates phylogenesis"). Creo que la afirmación es interesante, y que vale la pena pensarla un poco más, especialmente como manera de leer específicamente cierto recurso muy visible en la obra tardía de H.P. Lovecraft.

Es decir: hay muchas maneras de sentir asco. Podemos experimentarlo ante una secreción del cuerpo, por ejemplo, o ante un comportamiento repelente o ante la posibilidad de ingerir determinada cosa, orgánica o inorgánica. Sabemos también que el asco es un fenómeno cultural y que, por tanto, lo que determinada cultura juzga asqueroso otra lo estimará de distinta manera (comer insectos, por dar un ejemplo sencillo). Así, entonces, podemos tomar la afirmación de Flusser como si se refiriera específicamente a cierto tipo de asco. Ciertas criaturas, es decir, nos producen asco, rechazo, incluso horror.

Puede valer la pena notar que en inglés el término es disgust, que parece más amplio que la primera acepción para "asco" en el DRAE ("alteración del estómago causada por la repugnancia que se tiene a algo que incita a vómito") y también que la segunda ("impresión desagradable causada por algo que repugna"), sobre todo si vinculamos nuevamente "repugnar" a la ingesta . De hecho, la acepción de "repugnar" en tanto verbo intransitivo remite circularmente al asco ("causar repulsión o asco"), dejándonos apenas "repulsión"  -que a su vez (tercera acepción) remite a "repugnancia". Parecería entonces que para el español el asco está más vinculado a lo que pasa por la boca que para el inglés, ya que según el diccionario Merriam-Webster el asco (disgust) lleva aparejado "a strong feeling of dislike for something that has a very unpleasant appearance, taste, smell, etc" ("fuerte sensación de disgusto por algo que posee apariencia, gusto u olor desagradables", "irritación e ira que se siente hacia algo que no es bueno, justo, apropiado, etc"), por lo que lo vincularlo a la ingestión (y a sensaciones vinculadas como el gusto) es apenas una opción más.

En inglés, entonces, el disgust del que hablan Thacker y Flusser no pasa necesariamente por llevarse algo a la boca sino que puede operar desde la mera contemplación. La de una criatura viva, por ejemplo.

Hay que notar, claro está, que Flusser parodia la célebre ley filogenética, ya desacreditada por la biología evolutiva y la embriología. Es decir: la idea de que "la ontogenia recapitula la filogenia", que el desarrollo embrionario (ontogenia) atraviesa etapas análogas a las de la evolución de los ancestros (filogenia). El embrión humano, después de todo, parece un gusano en algún momento de su proceso, así como también un pez o un reptil. La idea, insisto, está completamente descartada (se puede leer al respecto el clásico Ontogenia y filogenia, de Stephen Jay Gould), pero sobrevive como evocación metafórica o poética (en algunos cuentos de Ballard, por ejemplo).

En el caso de Flusser la idea, al menos como la piensa Thacker, es que nuestro asco o repulsión hacia una criatura se incrementa en relación directa a la distancia que media entre ella y nosotros en el árbol filogenético, la "brecha filogenética", por así decirlo. Entonces, un chimpancé (nuestro "pariente" más cercano, con un ancestro común que vivió hacia 6 millones de años atrás) o incluso un león (y el ancestro común de los humanos y los carnívoros vivió hace 85 millones de años) nos despertarán menos asco que un onicóforo (ancestro común: 590 millones de años atrás) o un acelomorfo (630 millones de años).

Se trata, claro, de un asco estrictamente hereditario, genético, no cultural: un asco evolutivo, filogenético.  Un punto de contacto -cabe pensar- entre nuestra conciencia o los procesos de nuestra conciencia y el vasto "inconsciente colectivo" ya no de la especie sino de la vida completa. Resumiendo: cuanto más alejada de "nosotros" la criatura, más asco. Y, del mismo modo, cabría pensar, más horror.

Hasta ahí la propuesta de Flusser. Pero cabe hacer algunas anotaciones a la hora de acercarnos a Lovecraft. Para empezar, es dudoso que alguien sienta más asco por una rosa que por un gusano poliqueto de la familia Nereididae, si bien el linaje humano y el de estos gusanos diverge hace 590 millones de años (fecha del ancestro común más reciente de los animales bilaterales, incluyendo artrópodos, moluscos y vertebrados, entre otros phyla) y el humano y el de las rosas -y todas las plantas- lo hace más de 900 millones de años atrás (de hecho una fecha tentativa señala unos 1600 millones de años para la divergencia entre plantas por un lado y animales y hongos por otro). ¿Cómo responder a esto?

Una opción sencilla (vamos a llamarla la "Ley de Flusser con reíno excluido") podría ser que el asco no escala por reinos; es decir, vamos hasta el "fondo" (es inevitable referir a una "escala" o un "proceso" evolutivo en el que "nosotros" somos "más evolucionados" que los ya mencionados onicóforos -o las medusas o las esponjas-, pero en rigor cualquier especie no extinta es tan "evolucionada" como nosotros, en tanto sobrevivió hasta el presente y, por lo tanto, "pasó la prueba" de la selección natural) de nuestro reino y ahí nos quedamos. El asco filogenético no salta reinos, no es extrapolable a otro reino. Si plantas, hongos, protistas, cromistas y bacterias (por usar la clasificación en 6 reinos de Cavalier-Smith, aunque personalmente me parece más elegante pensar en 3 "dominios": eucariotas, arqueas y bacterias, a su vez divididos en "reinos") nos dan asco, entonces, ese asco no ha de depender necesariamente de la posición de la criatura en su reino, a diferencia de lo que pasa dentro de "nuestro" reino, donde el asco aumenta a medida que se "baja" hacia el ancestro común de todos los animales. Ese asco, digamos, no es un "asco de Flusser", un asco filogenético.

Otro problema, evidentemente, surge de preguntarnos cómo y por qué opera ese asco, Cabe pensar que la propuesta de Flusser se vuelve al menos problemática, en tanto requiere que de algún modo seamos capaces de "leer"nuestra relación filogenética con un animal cualquiera. Esa relación, por cierto, es real y "material", ya que remite a genes compartidos. Compartimos más genes con los chimpancés que con los anfioxos, por ejemplo, y si nuestro ancestro común con los primeros vivió hace 6 millones de años, la divergencia de nuestra ancestría con la de los anfioxos se remonta a unos 560 millones de años atrás. "Leyendo" esa brecha filogenética encontramos que un anfioxo ha de darnos más asco que un chimpancé (independientemente, claro, de que el chimpancé nos arroje su mierda a la cara), y a su vez que el anfioxo nos de menos asco que una hormiga (de cuyo linaje nos separan 590 millones de años).

Pero, claro, es fácil pensar que un anfioxo en rigor da más asco que una hormiga. Quizá Flusser podría contestar que estamos más familiarizados con las hormigas que con los anfioxos y que por eso hemos de alguna manera socavado ese asco, que probablemente no estaríamos en principio dispuestos a comer ni hormigas ni anfioxos, etcétera, pero el caso es que la ley de recapitulación propusta no es cómodamente aplicable: necesitamos especificar reino, necesitamos manejar variables como la "familiaridad" y necesitamos explicar cómo "leemos" espontáneamente la brecha genética que nos separa de la criatura en cuestión.

Posiblemente, en última instancia, la recapitulación de Flusser (incluso en nuestra variante con reino excluido) funciona "a grandes rasgos", del mismo modo que la ley filogenética original (que, por pura coincidencia, ofrece un modelo más o menos adecuado del desarrollo embrionario). Podemos, entonces, pensarla como una ficción, como una metáfora.

O, dicho de otro modo, si pudieramos aislar el componente filogenético del asco -es decir el asco abstraído de otras cualidades que no sean la relación de ancestría-, encontraríamos que parece obedecer, difusa pero no desatinadamente, a lo propuesto por Flusser. Claro que a la hora de experimentar "el asco real", son muchos otros los componentes a tener en cuenta, algunos que incrementan la sensación de asco (la ingesta posible, por ejemplo) y otros que la reducen (la familiaridad, según quedó propuesto en relación a las hormigas).

Recordemos que estamos tomando a Flusser desde una cita en un libro de Euene Thacker, a quien le interesa ante todo el horror. No en vano la cita aparece en un libro sobre "la filosofía del horror y sobre el horror de la filosofía". Y el mismo título del libro, con sus "tentáculos más largos que la noche", remite claramente a uno de los maestros del género, H.P.Lovecraft (se sabe que no cualquier cosa con tentáculos es lovecraftiana, pero en la cultura popular la tentaculosidad y lo lovecraftiano van siempre de la mano). Así que cabe preguntarse si el horror lovecraftiano no podrá ser de algún modo explicado por ese disgust, ese "asco", esa repulsión filogenética. Después de todo, el tema de la hibridación (es decir el de una relación entre especies) es fundamental a la obra lovecraftiana. Así, los "deep ones" de "The shadow over Innsmouth", híbridos de humano y anfibio, repugnan o asustan o asquean porque parecen disolver una brecha filogenética de 340 millones de años (la estimada para el ancestro común a humanos y anfibios), lo cual, según Flusser, es más repugnante que un híbrido entre orangután y humano, o entre humano y león (sería interesante pensar desde esta perspectiva La isla del doctor Moreau, de H.G.Wells). Un híbrido entre humano y ascidia, con su brecha de 565 millones de años, sería a su vez más asqueroso, y uno entre humano y gusano poliqueto ni que hablar. Si pensamos en Cthulhu como una suerte de híbrido entre humano, dragón y pulpo, tendríamos una brecha mayor (humanos-pulpos; asumamos a los dragones como reptiles) de 590 millones de años, así que el miedo y el asco van en aumento (claro que al tratarse de "una montaña que caminó" la cosa empeora por otra razones).

Quizá pueda armarse una suerte de mapeo de todas las criaturas terroríficas -y asquerosas- creadas por Lovecraft. Lo que me interesa ahora, en todo caso, es notar que hay dos especies a las que Lovecraft presenta como terribles y asquerosas pero no las peores. Es decir, en At the mountain of madness es fácil sentir cierta incluso empatía por los "Old Ones" -o al menos así lo comunica el narrador: "Radiates, vegetables, monstrosities, starspawn -whatever they had been, they were men!" ("radiados, vegetales, monstruosidades, engendros de las estrellas -cualquier cosa que hayan sido, ¡eran hombres!")- probablemente porque tienen curiosidad intelectual, son sensibles al arte y los acosan enemigos más terribles (para nosotros) que ellos -los shoggoths.

Algo similar puede pensarse en relación a la "Great Race of Yith" de "The shadow out of time", en tanto siempre estos horrores (la gran raza y su manera de desplazar conciencias a lo largo del tiempo) que reporta el narrador palidecen ante un horror más terrible y revelado más tardíamente en el relato (los "pólipos").

 Pero, en última instancia, hay una razón vinculada a la recapitulación de Flusser; o, al menos, podemos pensar en semejante razón. Porque Lovecraft se esfuerza por presentar tanto a los Old Ones como a la Great Race of Yith como vegetales o, en última instancia como vegetales. Es curioso, entonces, que intentando llevar al máximo el asco y el horror ante lo inhumano Lovecraft elija que en su penúltimo escalón (el último siempre estará reservado al horror final: los shoggoths en At the mountains... y los "pólipos" de "The shadow out of time") la hibridación desemboque (y se quede allí, porque en la lógica narrativa hay otra cosa aún no dicha que nos debería dar más asco y horror) en el mundo vegetal.

Es cierto que los "radiados" (si se refiere a radiata, la vieja clasificación que reunía a cnidarios y ctenóforos, es decir una brecha de hasta 730 millones de años) implican un grado de asco -en la escala implícita en la recapitulación de Flusser- hasta podría decirse que "extremo" (en tanto están casi en la base del árbol filogenético de los animales, precedidos únicamente por los placozoos y las esponjas); sin embargo, la solución en "vegetales" termina por mantener el asco y el horror a raya... en cierto modo, claro.

Por tanto, si usamos nuestra ley de recapitulación de Flusser "modificada" o "con reino excluído"-la que "explica" por qué nos da más asco una tenia que una margarita, cuando debería ser al revés- podemos proponer una suerte de explicación a por qué Lovecraft insiste en lo "vegetal" para describir esas dos especies. Al límite del asco, lo vegetal nos hace saltar de reino y, por tanto, disolver la escala de repulsión filogenética de Flusser. Esas especies deberían darnos horror y asco, pero al catapultarlas hacia lo vegetal se genera una interrupción, un vacío: llenado de inmediato por la aparición en el relato de otras criaturas más terribles aún. Del asco extremo pasamos, entonces, al horror más puro.