"Automatic for the people", R.E.M., 1992, Warner Bros
Si bien fue "Losing my religion" sin duda la que más influyó sobre mi generación, fue con "Monster" (1994) cuando empecé a tomar en serio a R.E.M. Esto equivale a decir que el álbum a veces señalado como la obra maestra de la banda, el octavo de su discografía, no tuvo gran incidencia en mí al momento de su salida y durante el año siguiente; recién más cerca del fin de la década, en 1997, fue que lo escuché con atención. Había por supuesto escuchado hasta el cansancio "Everybody hurts", pero si bien era fácil apreciar la belleza de la composición también tenía claro que si quería una suerte de desolación edulcorada me resultaba preferible elegir entre las tantas variantes de ese mood que habían ofrecido y seguían ofreciendo los Smashing Pumpkins, y si bien en realidad esa idea no cambió gran cosa en 1997, pese a que aprecié de manera más entusiasta el impresionante puente de la canción ("don't throw your hand..."), el resto del álbum ganó ...