jueves, 31 de agosto de 2017

"Incesticide", Nirvana, 1992, DGC



Lo primero que llamó mi atención desde "Incesticide" y se las arregló para convertirse en el núcleo de mi imagen mental del álbum fue su arte de tapa (del que ahora, lo confieso de rodillas y con las muñecas atadas, tengo una espantosa versión verdosa y argentina). Se dice que Cobain aceptó lanzar un compilado de lados B, rarezas y transmisiones radiales porque se le permitió encargarse él mismo del arte, y de alguna manera le funcionó: para mí, por mucho tiempo, Nirvana no fue el pop punk perfecto de "Nevermind" sino, más bien, la pareja de homúnculos (y la amapola) de la tapa de "Incesticide": algo ominoso (familiar e inquietante), algo mínimo, algo ligeramente grotesco y a la vez increíblemente expresivo, como un cuadro de El Bosco hecho por y para niños malignos y mutantes. Quizá por ahí, pensaba, había que entender la música.
También es cierto -como dije en una reseña hace unos días- que por cierto tiempo usé "Incesticide" como si fuera un álbum; pero eso también me servía para rastrear a Nirvana -una banda cuya identidad me figuraba desde la consabida imagen del iceber- desde aquellos sonido y visiones, y en ese sentido el panorama de "Incesticide" era más que elocuente.
En cuanto a las canciones, algunas de las mejores eran inéditas (incluso porque las versiones sí publicadas eran muy diferentes); ahí está sin duda "Aneurysm", oscura, siniestra, psicótica, como un destilado de "Bleach"; y después "Been a son", que podría sumarse a una creciente búsqueda del sonido que desembocaría en "Nevermind". Quizá haya algo así como una grieta entre todo este Nirvana y lo de su segundo álbum, en última instancia, pero el salto dado pasó tanto por el sonido en sí como por lo musical: la producción de "Nevermind", el double tracking, las distorsiones compactas, todo eso que no estaba en "Bleach" y empieza a asomar, quizá timidamente, en este "Been a son".
Después están "Dive" y "Sliver", que merecen un lugar entre lo mejor de la banda y habían sido publicadas anteriormente como un single (junto a dos versiones en vivo, una de "About a girl" y otra de "Spank thru"). Hay además tres covers, uno de Devo ("Turnaround", muy logrado), más la punkylla ramonera "Molly's lips" y -acaso la mejor de las dos- "Son of a gun", ambas de The Vaselines.
"New wave Polly" dificilmente sea preferible a la versión de "Nevermind", y cabe pensar que "Beeswax" es también un destilado de "Bleach", pero de lo menos interesante de ese álbum; un poco más sugerente es "Downer" (que, de hecho, a partir de 1992 fue integrada a las subsiguientes ediciones de "Bleach"), y vale la pena prestarle más atención a "Mexican seafood", que sigue notoriamente en esa línea grunge de "Bleach", en oposición a la de las canciones que parecen mirar hacia "Nevermind".
La línea de bajo obsesionante de "Hairspray queen" también dice "Bleach" (hay algo ahí de "Love buzz", el cover de Shocking Blue incluido en "Bleach" también a partir de 1992). "Aero zeppelin" apunta a un clima más logrado, con sus texturas de distorsión, y "Big long now" sigue un poco en esa línea. 
Entonces suena "Aneurysm", al final del disco, y parece que llegamos a una de las 3 o 4 mejores canciones de Nirvana (especialmente hacia 3:34). Y ella (o, mejor, Nirvana) lo mantiene latiendo en mi corazón.

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