miércoles, 30 de agosto de 2017

"Remain in light", Talking Heads, 1980, Sire


Supongo que si alguien me pidiera una razón para pensar al cuarto álbum de estudio de Talking Heads como la obra maestra de esa banda podría contestar que, a pesar de mi amor por "Fear of music", se me ocurren tres: "Once in a lifetime", "Listening wind" y "The overload"; o, mejor, bastaría con decir que tiene el mejor conjunto de canciones basadas en un único acorde en que pueda pensar, y que además tiene "The overload", donde si algo no importa es qué acordes están siendo tocados. Y, además, que todo el álbum es una extensión y exploración de "I zimbra", la maravillosa apertura de "Fear of music".
Curiosamente, la canción quizá más deliciosa del disco, "Once in a lifetime", además del ambiente fantasmagórico de sus estrofas y de todo eso que es esencial al álbum completo -la complicada trabazón de ritmos, la naturaleza estrictamente creada en el estudio con máquinas y procesos de la música que suena-, incluye esa melodia hermosa en sus estribillos; del mismo modo, "The overload" parece tensar el sonido general del disco y ofrecer algo que puede pasar por lo más cerca que estuvo Talking Heads de Joy Division: un ambiente tenso, oscuro y opresivo, en el que los instrumentos -todos tratados, todos casi irreconocibles- se mueven como mastodontes en la niebla.
Más inquietante aunque no necesariamente ominoso es el comienzo de "Listening wind", y no menos asombrosas y sugerentes son las melodías que pasaremos a escuchar sobre los bajos líquidos y la guitarra de Adrian Belew, todo atravesado por la percusión intrincada y extraterrestre.
Buena parte del álbum -"Crosseyed and painless", "Seen and not seen", "Houses in motion"- suenan como una versión menos radical de "My life in the bush of ghots" o, acaso, una versión pop del álbum de Eno y Byrne, que había sido grabado antes pero fue publicado después. Acaso haya que escucharlo como el disco dos de este "Remain in light": un paso más en el camino hacia el corazón de su paisaje ciberpunk o, mejor, de la extraña simulación analógica de un paisaje ciberpunk.

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