martes, 18 de julio de 2017

"Future days", Can, 1973, United Artists


Nadie está en verdad adelantado a su tiempo, pero hay sonidos capaces de convencernos de que su origen está en un mundo paralelo, un pasado que no desemboca en nosotros o un futuro que jamás llegará. O todo eso a la vez, y entonces el presente de su enunciación de pronto se nos revela como más complejo y rico, con esa inmensa serie de potencialidades a rastrear. ¿Qué hizo posible, entonces, al tercer álbum de Can con Damo Suzuki, una de las obras maestras del llamado krautrock? David Stubbs explora con tensa lucidez las condiciones culturales de la Alemania occidental de fines de los sesenta y principios de los setenta, pero lo que parece funcionar perfectamente para bandas como Amon Düül 2 (por no mencionar a Popol Vuh o Guru Guru, todo ese lado dionisíaco del krautrock) o incluso, en el otro extremo del espectro, Neu! y Kraftwerk, se vuelve más insatisfactorio si quisiéramos pensar cómo fue posible un disco como "Future days". Por supuesto que de antemano el proyecto (entender la posibilidad de una obra de arte) es problemático, pero hay algo en el disco de Can de 1973 que parece demarcarse tan fácilmente no sólo de todas esas otras bandas del krautrock -incluso tratándose el krautrock de una categoría tan abarcativa, tanto que hasta parece inútil- sino incluso también de las que más cabe colocar en una posición de afinidad con el sonido proto-ambient del álbum en cuestión, Cluster y Harmonia específicamente. Hay, es decir, una liviandad asombrosa en "Future days" -en el title track, en "Spray"- que, aparte de cualidades de sonido específicas, como la ecualización de las guitarras y la curiosa espacialidad del sonido, no parece rastreable siquiera a los trabajos inmediatamente anteriores de la banda. Así, "Tago mago" (1971) es indudablemente más "krautrockero" que el de 1973, del mismo modo que "Ege Bamyasi" (1972) parece más fácilmente pensable como un momento en una cadena evolutiva -por llamarla de alguna manera- que termina en la música de los noventas para de alguna manera perfilarse como un caso de décadas que deben pasar hasta que una propuesta artística ilegible en su momento fuera finalmente asimilada. Pero ¿qué puede haber de ilegible en "Moonshake" o la ya mencionada "Spray"? Y volvemos a esa ligereza, a esa cosa liviana y aérea, que por momentos parece asemejarse a la relación de The Beatles con el pop. Pero lo que The Beatles es al pop, el Can de "Future Days" es a ¿qué?
Habría que empezar a formular una suerte de lista de elementos profundamente extraños que, sin embargo, no llegan a refractar al oyente (a diferencia, por ejemplo, del sonido ominoso de algunas secciones de "Phallus dei" o "Yeti", de Amon Düül); la voz de Suzuki casi sepultada en la mezcla, ecualizada en las más ligeras frecuencias agudas y empleada -salvo a comienzos de "Bel air"- como un instrumento rítmico más que melódico, la percusión chispeante de "Spray", que parece moverse como un enjambre alrededor de núcleos no perceptibles, los pequeños motivos melódicos que pasan a toda velocidad, las frases de sintetizador y guitarra en "Bel air", el bajo extrañamente insistente hacia los 5:20 de esa composición y, por supuesto, su final extrañísimo, que parece hacernos entender la rareza subyacente a todo lo que hemos oído. No sé si se puede "entender" "Future days"; no sé si hay algo en la música que pueda o deba ser entendido, pero sí que hay procedimientos y conexiones, y por tanto música que se parece a otra música y que se acerca a la posibilidad de un discurso creíble o verosímil acerca de su "significado". No pasa lo mismo con "Future days"; está tan lejos del expresionismo romántico como del funcionamiento de máquina industrial de Kraftwerk; se parece al ambient a la Eno pero no está concebido desde lo generativo ni desde la posibilidad de permanecer por debajo de la atención; no se relaciona con su pasado pero tampoco dejó una verdadera colección de epígonos; no tiene precedentes ni hizo escuela, y quienes declararon su admiración por la banda jamás sonaron igual. Es, acaso, un fenómeno realmente único, como si se lo hubiese injertado en el nuestro desde quién sabe qué mundo. Y, así, este comentario termina como comenzó y, al final, no se dijo nada. Acaso, en realidad ,lo que pasa es que no se puede hablar de música, y entre todos los álbumes de la historia del pop/rock, el que dice más claramente esa verdad -esa imposibilidad del decir, paradójicamente- sea "Future days".

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