martes, 25 de julio de 2017

"The soft parade", The Doors, 1969, Elektra

Si bien cualquier intento de salir de la zona de confort puede ser interesante en el contexto del pop/rock (más al menos que álbumes bien cincelados pero predecibles y consabidos), y especialmente a fines de los sesentas, esa operación funciona de una manera un poco extraña en el cuarto álbum de The Doors; no solo porque su resultado sea en última instancia fallido -o lo más parecido a un álbum "malo" o "fallido que se permitió una banda con una discografía relativamente impecable hecha la excepción de justamente "The soft parade" y algún momento del par de álbumes que lo rodean- sino especialmente porque el experimento en sí parece poco atractivo. Al menos si queda presentado en función del gesto bastante evidente de volver más complejo el sonido, ya que la manera en que esto parece operar termina por cancelarse a nada más que el añadido de bronces. Es decir: la banda ya exhibía una vocación riesgosa en su matriz básica de psicodelia, teatralidad, lírica, blues, proto-hard rock e influencias ajenas al mundo del rock, fuesen ritmos latinos (notorios ya desde "Break on through" y "Light my fire") o incluso flamenco, barroco, jazz y técnicas de guitarra clásica. El intento de expandir ese espectro de influencias visible en el álbum, entonces, termina por a lo sumo subrayar un poco cierto ímpetu de acercamiento al soul que, a nivel de la textura, opera ante todo en esa incorporación de bronces. Es, en última instancia, un experimento un poco tenue: la banda no se vuelve más arriesgada por "arriesgar" un estilo digamos "diferente": todo dependerá de a qué estilo se quiera arribar, y lo que ofreció "The soft parade" no sólo resultó subestandar (al nivel de la banda, es decir) y poco intenso sino, además, deslucido en comparación con el frente más experimental del rock tardosesentero, que de alguna manera había visto a los Doors del primer álbum y de "Strange days" como figuras cercanas a una posición de liderazgo.
Es cierto además que la banda había visto severamente mermado su acervo de canciones nuevas, que Morrison atravesaba malos momentos y que, en última instancia, quedaba solamente Krieger al frente como compositor; en ese panorama, el guitarrista seguramente hizo lo mejor que pudo. Es cierto también que lo más flojo del álbum -la asombrosamente inanimada "Tell all the people" y la caricaturesca "Runnin' blue"- se deben enteramente a Krieger, y que lo mejor del disco -"Wild child", "Shaman's blues" y el rapsódico title track- fueron escritos por Morrison, pero para ser justos "Easy ride" -de Morrison- está también entre los momentos más descartables, del mismo modo que "Wishful sinful", con su nota melancólica, parece ofrecer una imagen algo más sugerente del proyecto de la banda para este álbum.
Quedan en lugares intermedios -pero a la vez deslucidos en comparacion con el nivel medio de discos anteriores- "Touch me", aunque esté un poco malograda por su estribillo y "Do it", que al menos parece reencontrarse con un Morrison con ganas de cantar.
Sin duda que el gran aporte del álbum a la discografía de la banda es "The soft parade", que explora el formato de "pieza larga al final del lado B" que en discos anteriores había brillado con "The end" y "When the music's over", aunque aquí más que repetir el molde se complejiza al aportar una estructura de secciones más claramente diferenciables; desde la sección barroca y guiada por el clave de "Can you give me sanctuary" hasta el faux-pop de "peppermint miniskirts and chocolate candy", pasando por la intensidad creciente que sigue al verso "The monk bought lunch", canalizada por las estrofas de "all our lives we sweat and save" y "the soft parade has now begun", toda la obra funciona como un panorama pasmoso y macabro, con una suerte de ominosidad de gótico americano que es debidamente conducida hasta el estallido final. No es que este último caiga como sorpresa -más bien todo lo contrario-, pero su resolución es tan buena que hace pensar que esa factura correcta es, después de todo, lo que más falta le hace al disco completo. En cualquier caso, esta pieza de 8:34 en la versión original y 9:41 en la remezcla 40 aniversario no sólo salva al disco sino que está entre lo mejor de la banda.
La edición 40 aniversario queda complementada por dos canciones ineludibles: "Who scared you" (el lado B del single "Wishful sinful", no recogido en el álbum) y la excelente "Whiskey, mystics and men". Ambas son mejores que no sólo lo peor de "The soft parade" sino incluso que su nivel medio; es fácil pensar que debieron remplazar a "Runnin' blue" o "Easy ride", o incluso a "Tell all the people".

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