domingo, 16 de julio de 2017

"Unplugged in New York", Nirvana, 1994, DGC


Es curioso que la discografía de Nirvana -dejando de lado compilados y otros álbumes en vivo póstumos- tenga a los dos discos más disímiles como extremos; entre el sonido sucio y siniestro de "Bleach" y la performance acústica de "Unplugged in New York" no sólo hay espacio para el registro completo de una banda sino, acaso, para toda esa primera mitad de los noventas que cabe asociar al llamado grunge. En cualquier caso, "Unplugged..." -grabado en noviembre de 1993 y publicado después de la muerte de Cobain- no sólo es uno de los grandes discos en vivo de la historia del rock sino que es interesante en sí mismo en tanto matriz de significado para una selección de canciones y una elección de sonido. La banda optó por no intentar simplemente reproducir un setlist estándar en lenguaje acústico -como había hecho Pearl Jam en 1992- sino más bien por reformar por completo la propuesta, incorporando covers -seis en total: "The man who sold the world", de Bowie, "Jesus doesn't want me for a sunbeam", de The Vaselines, tres de The Meat Puppets ("Plateau", "Oh, me", "Lake of fire") y -sin duda el punto álgido de la performance y una maravilla desde todo punto de vista- "Where did you sleep last night", una canción tradicional (titulada comúnmente "In the pines") de la que se siguió el arreglo de Lead Belly- y modificando la textura de la banda no sólo mediante el empleo de bajo y guitarra acústicos sino también a través de la adición de una segunda guitarra (a cargo de Pat Smear, quien había sido incorporado -en eléctrica- a la gira más reciente de la banda) y un violoncello (a cargo de Lori Goldson, que también había girado con Nirvana).
Parte de la reforma de las canciones incluyó un tratamiento de caracter cantante-de-folk para "Pennyroyal tea" y un sorprendente arreglo -por la poca pérdida en la traducción- de "About a girl", del primer álbum de la banda. Las canciones de "Nevermind" son acaso las que menos se resistieron al cambio, que sin duda fue de alguna manera coherente con la veta pop tan notoria en ese álbum, y queda para las de  In Utero ("Pennyroyal tea", "Dumb" y "All apologies") la mayor distancia y, de alguna manera, el mayor interés.
Es interesante además el sonido de las acústicas, que en el caso de las tocadas por Cobain implica un pasaje por un amplificador; esto es especialmente notorio en "The man who sold the world", que recrea la sección vocal a múltiples voces del final con un solo de guitarra cargado de fuzz. Esta rotura de la premisa de los unplugged -de alguna manera disimulada por la escenografía, que disfrazó el amplificador de Kurt como una caja de retorno- también aporta al sonido distintivo del álbum y a su caracter digamos singular.
No menos especial fue la invitación a The Meat Puppets, una banda de segunda fila durante esos primeros años de los noventas, cuando acaso la opción más fácil era contar con estrellas más reconocidas dada la determinación de incorporar covers. En el caso de la versión de Bowie, es interesante como fue esta performance de Nirvana la que elevó a "The man who sold the world" al estatus de clásico: ninguno de los compilados de Bowie anteriores a 1994 la incorporaba, y todos los posteriores a "THe best of David Bowie 1969-1974" (de 1997) la tuvieron como referencia obligada, desde el recién mencionado hasta "Legacy" (2016, el último compilado hasta la fecha).
El resto es leyenda e historia de la música del siglo XX tardío, uno de esos momentos en los que se es imposible no estremecerse, como si hubiese sido tocada una realidad superior y trascendente: al final de "Unplugged in New York" Cobain canta "Where did you sleep last night"; tras buena parte de la canción propuesta desde una voz contenida y un penúltimo estribillo sin batería, el último salta una octava y aborda una performance vocal extrema, al borde del quiebre, del derrumbe. Es la voz del Cobain que todos esperábamos, pero el contexto lo empuja hacia otro plano; la canción, pautada por la respiración grave del cello y como asombrada del lugar al que fue arrojada, se detiene en la palabra "shiver", y Cobain apenas vocaliza -casi como si todo lenguaje hubiese retrocedido- el correspondiente "the whole", pero antes de cantar "night through" se produce un hueco, y escuchamos claramente la respiración del cantante. En el video la mirada le cambia: sus ojos dicen un asombro y una sorpresa, y la banda retoma la música con esas últimas palabras. La pasada subsiguiente por los acordes de la canción es gracia pura, alivio y lamento. La banda, después, no tocará bises. Qué tentador agregar: y Cobain se suicidó meses más tarde.

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