viernes, 14 de julio de 2017

"Glitter", Gary Glitter, 1972, Bell Records


No sé qué tan difícil pueda ser tomarse en serio a Gary Glitter. Incluso en el contexto del glam rock más terraja (Slade, Sweet) la panza el cantante y su cara de obrero del volante parecían compilcarle demasiado la vida a las mallas y enteritos ajustadísimos que vestía, cargados de tela plateada y brillantina y abiertos para dejarle ver el pecho peludo; sin duda cierto componente homoerótico funcionaba bien, pero puesto en relación a la elegancia alienígena impecable de Bowie o al vastísimo vestuario de Roxy Music se termina por esbozar una sonrisa o por recordar a Suzi Quatro, quien dijo que Bowie la hacía sentirse un nenito feo. Pero está claro también que el glam tenía que ver con tensar y divertirse con los códigos de la indumentaria, el género y el buen gusto burgués, y en esa línea cabe pensar a Gary Glitter (de nacimiento Paul Grancis Gadd) y, en particular, a su primer álbum, en tanto todas o casi todas las tendencias del glam -al menos del llamado "bajo glam": faltaban la cosa conceptual, vanguardista e intelectualizada de la variante "alta"- aparecen allí claramente visibles.
El glam no es otra cosa que pop; el uso de maquillaje y ropa llamativa no era extraño al rock, al rocanrol o al pop en general (Little Richard es el ejemplo más claro, pero los cambiosde imagen de The Beatles, desde el cuero hasta los trajecitos, y después a la cosa más desenfadada y hipster previa al estallido hippie también hablan con elocuencia), de modo que lo que pasó entre 1972 y 1974 (por referirse al glam clásico) no era sino una puesta en evidencia más deliberada de tendencias que ya existían. De hecho, buena parte del bajo glam era música para discotecas, y así es fácil detectar qué está diciendo la producción de "Glitter", con su compresión extrema en la batería y su bajo que llena buena parte de la imagen sonora. La guitarra, de hecho, se limita a un minimalismo de acordes y pequeños fraseos, también comprimida y con un a distorisón brillante y tensa. Hay saxofones aquí y allá y algunos coros doo-woop, pero todo suena amplio y compacto a la vez, como un destilado de rocanrol. Y la voz de Glitter, a años luz de distancia de los matices, indirectas e ironía de Bowie o Ferry -o de Sweet, incluso, por dar una referencia más cercana- es el puente perfecto entre la producción setentera y el otro gran cometido del álbum (y del glam), es decir instalar un código de nostalgia y revival del rock'n'roll vintage. Basta con mirar la letra de "Rock and roll part 1", con sus referencias a la imaginería rocanrolera de los 50s: rocolas, zapatos de gamuza azul, la secundaria, las colas de caballo y "little queenie" de paso: pero después escuchamos que "los tiempos han cambiado (...) pero no olvidamos / aunque haya pasado esa era ellos seguirán rockeando". ¿Hay un ejercicio de nostálgica pop más perfecto, acaso? No será refinado ni sutil, pero en cierto sentido funciona mejor que cualquier cosa que haya grabado Creedence (no estoy comparándo a Glitter con los CCR en términos digamos "musicales", aclaro antes de que algún muso se ofenda), y es lo mismo que haría el glam metal de los 80s con sus referentes de los tempranos setentas (Quiet Riot con el hit de Slade, por ejemplo, o Twisted Sister con... bueno, con todo el bajo glam y con New York Dolls).
El resto del disco explora aún más esa línea, casi como si pidiera ser leído como un álbum conceptual retromaníaco. Hay, para empezar, covers de Chuck Berry ("School day"), Ernie Maresca/Dion (la buenísima "The wanderer"), Ritchie Valens ("Donna"), Lincoln Chase/Shirley Ellis (la algo tardía en este contexto "The clapping song", excelente ejemplo de trabajo de estudio sobre el sonido de la percusión y las voces, característico del álbum) y un más temprano Big Joe Williams ("Baby, please don't go", que acelera la versión de 1953 de Muddy Waters). El resto son canciones compuestas por Glitter junto a Mike Leander, su productor y promotor (iba a decir "creador"), algunas más atendibles que otras, entre ellas "Rock on" (especialmente por la performance vocal de Glitter), y el logradísimo pastiche doo-woop "The famous instigator", además de una curiosa "Ain't that a shame" que retoma el título de aquel clásico de Fats Domino pero es, ante todo, una canción diferente (como si se quisiera jugar con sugerir un cover que después no aparece).
De todas formas, lo más interesante del disco está en "Rock and roll", con su primera parte que abre el disco y su segunda que lo cierra. Esta última es un instrumental compuesto únicamente por la base rítmica. Allí está en su máxima expresión el sonido profundo de batería y bajo, con la guitarra decorativa y el ambiente creado por los aplausos, que hace al resto del disco y se despliega a las mil maravillas también en la más pesad(it)a "I didn't know I loved you".

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