viernes, 28 de julio de 2017

"Nena", Nena, 1983, CBS


A veces es fácil pasar por alto que buena parte de las bandas reunidas bajo la demasiado amplia categoría de "krautrock" estaban compuestas por los más místicos y new-age de los hippies, saturados de un discurso de trascendencia espiritual de plástico. Y no se trata únicamente de las bandas más de segunda o tercera fila, ni siquiera de las menos interesantes musicalmente, pero habría qué preguntarse cuantas bandas de un flower power galáctico recalentado podían contarse por cada Faust, Neu!, Can o Kraftwerk. Insisto en que no hay un juicio de valor operando: buena parte de la discografía post-Virgin de Tangerine Dream entra fácilmente en el estatuto cómodo y complaciente de música new age, del mismo modo que Ash Ra Tempel (y en particular su lider) grabó zapadas horribles y autocomplacientes al mismo tiempo que discos maravillosos ("E2-E4", por ejemplo), o incluso zapadas hippies que eran además discos maravillosos, y eso es parte de todo lo que tantos amamos en el krautrock. Una opción sería separar esas bandas más edulcoradas en su espiritualidad barata y asignarles una categoría distinta, quizá la de "música cósmica" ("Kosmische Musik") que tantos aprobaron o habrían aprobado, mientras que el término "krautrock" podría quedar relegado a las bandas más minimalistas (Neu!, Kraftwerk, Can en "Future days") o protoindustriales (Faust, Kluster) o protoelectrónicas y ambient o incluso dark ambient (Cluster, Harmonia, los primeros discos de Tangerine Dream), pero aún así sería fácil sentir que ese "krautrock" abarca demasiado. La mejor opción en algún sentido -no el cartográfico- sería pensar más en bandas que en movimientos, pero no deja de resultar evidente que muchas de estas bandas engendraron movimientos, o que movimientos posteriores las "crearon" en tanto precursoras. Así, es fácil ver la influencia de Kluster, del primer Cluster y de buena parte de Faust en el movimiento ochentero de la Neue Deutsche Welle, o, mejor, en su primera avanzada, la más underground e industrial, que tenía a la cabeza a bandas como Einstürzende Neubauten y D.A.F., que adoptaban buena parte de la vocación experimental del krautrock y lo formateaban con los sonidos industriales que habían empezado a sonar también desde álbumes como "The idiot" (especialmente la pieza final, "Mass production", de las más importantes en la historia del rock), de Bowie e Iggy Pop. En cierto modo, entonces, la Neue Deutsche Welle puede ser pensada como el equivalente alemán del postpunk, que pronto se amplió lo suficiente como para absorber (o reescribirse en) estéticas más synth-pop (un poco en la línea evolutiva desde Joy Division hasta New Order).
Entre los discos grabados por las bandas de un segundo frente de la Neue Deutsche Welle, ya más abiertamente pop y más efímeras, sin duda uno de los más interesantes fue el primero de Nena, que incluyó un hit internacional con la canción "99 Luftballons", un ejemplo delicioso de pop engañosamente simple. Basta con escuchar la manera en que la estructura prepara al oyente para un estribillo y le da un intermedio instrumental angular y denso en sintetizadores, para, finalmente, ofrecer ese estribillo a modo de salida, con la sorpresa de una nueva estrofa que se apaga en un tono más siniestro, muy en la línea de una letra oscura (en tanto se refiere a una posible guerra nuclear) dispuesta sobre una base pop ligera y alegre.
Los otros dos hits del disco fueron "Nur geträumt" (que había sido un single pre-álbum), dominado por un ritmo que evoca facilmente la apropiación del motorik de Neu! que había ensayado el postpunk pocos años atrás y algunos momentos de futurismo sonoro -ya asimilado por completo por el pop después de "The man machine", de Kraftwerk y de la obra maestra de Vangelis previa a la banda sonora de "Blade Runner", es decir "Albedo 0.39"- que generan una atmósfera especialmente sugerente, y "Leuchtturm", que incluye una guitarra eléctrica en downpicking distorsionado y muteado que agrega intensidad a un paisaje sonoro al borde de lo industrial. Pero es "Tanz auf dem Vulkan" el momento más fascinante del álbum, con la bellísima melodía de su estribillo y el ambiente desde el que operan la batería y la voz.
Los momentos de un pop más unidimensional ("Einmal Ist Keinmal", y la más reggae "Ich Bleib Im Bett", además de "Zaubertrick" y las más "rockeras" "Noch Einmal" y "Vollmond") son quizá la parte olvidable del álbum, pero hay piezas no del todo sobresalientes que aportan momentos de interés, casi siempre en cuanto a texturas y atmósferas: es el caso de las primeras dos canciones ("Kino" y especialmente "Indianer") y del cierre, "Satellitenstadt".

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