jueves, 7 de septiembre de 2017

"Electric ladyland", The Jimi Hendrix Experience, 1968, Track/Reprise

El pasaje a CD hizo, entre otras cosas, que ciertos álbumes dobles dejaran, al menos momentáneamente y para mi generación en adelante, de percibirse como tales. Quizá los mejores ejemplos de esto sean tan canónicos como "Exile on main street", "Blonde on blonde" y "Electric ladyland", pero creo que es especialmente en el caso de este último que el uso distinto de la propuesta (como un disco en lugar de como dos) implica una ligera pérdida.
Es acaso la percepción del disco dos como una unidad aparte lo más relevante acá; con su lado A dominado por la fascinante "1983 (a merman I should turn to be)", que es ya rock progresivo en su mejor expresión y de la que cabría escribir libros completos si se pretendiera hacerle justicia. Todo "Electric ladyland", en última instancia, y estamos hablando de un disco generoso en belleza y en milagros, podría quedar justificado por "1983" si fuera necesario: es el punto más alto de un disco que en sí es un punto alto de una década, de su confluencia de géneros, de lo que vendría más tarde.
Después, el lado 2 retoma la entrada del anterior: "Still raining, still dreaming" continua "Rainy day, dream away" como si "1983..." y su coda "Moon, turn the tides... gently gently away" quedaran entre paréntesis o como si el disco tuviera que volver al comienzo para poder seguir avanzando, deslumbrado por la belleza -Hendrix de alguna manera siendo todavía más que Hendrix- de la pieza anterior. Acaso "House burning down" no esté entre lo mejor del álbum (ni mucho menos del disco 2), pero el remate, con "All along the watchtower" y "Voodo child (slight return)", ese compendio de noise/blues, de posibilidades de la guitarra eléctrica en 1968, es insuperable.
En comparación el disco 1 parece más variado y menos enfocado; incluye una pieza larga, "Voodoo chile", al final del lado uno, pero con todo su esplendor queda, inevitablemente, acotada en un largo jam bluesero: hay un espacio, un ambiente increíble, eso sí, que se resuelve de alguna manera -reverb y eco- en el ocupado por los músicos invitados al jam, entre los que brilla -arde, mejor dicho- Steve Winwood en el órgano. Es cierto, por otro lado, que al final del primer lado del álbum (el A, digamos), termina por generar un gesto especialmente interesante al momento de ser retomado al final del último (el C), con una suerte de circularidad o exploración o excavación implícita en la propuesta.
Pero lo más interesante del lado A, además del pop hendrixiano de "Crosstown traffic", está en la introducción ambient, "And the gods made love", y en su prolongación "Have you ever been (to electric ladyland)".
El lado B es quizá el más débil; hay cierto encanto en "Little miss strange" (una composición de Noel Redding), pero sacando "Burning of the midnight lamp" (que era un single de 1967 importado al album) no hay mucho que encontrar -más allá de las obviedades del estilo de Hendrix- en "Long hot summer night" y "Gypsy eyes", salvo ,quizá, el aspecto rítmico de esta última. Hay también un cover de Earl King, "Come on (part I)", espléndidamente ejecutado, pero más una pieza que brillaría en un concierto que un momento de especial interés en una creación tan notoriamente de estudio como "Electric ladyland".
Sin que se trate de un álbum conceptual o narrativo, la diferencia entre sus dos discos es importante, como si el segundo fuese una suerte de extensión alucinada del primero; sólo el disco 1 sería un lindo disco de Hendrix, que poner más o menos al mismo nivel de "Axis" o "Are you experienced"; con el disco 2, con una propuesta ambiciosa de álbum doble, es mucho más que eso.

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