sábado, 23 de septiembre de 2017

"The hawk is howling", Mogwai, 2008, Wall of sound

Sin duda un título tan sinestésico como "el sol huele tan fuerte" ("fuerte" acá traduce "loud", por lo tanto originalmente en inglés son tres los sentidos involucrados: vista, olfato y oído) conviene a cierta música instrumental, espacial y por momentos alucinatoria. Así, el sexto álbum de Mogwai -el primero en contener sólo instrumentales- parece de alguna manera resumir su impulso conceptual en la relación entre el título y el sonido de su pieza central. Que, curiosamente, no es quizá la mejor, ni tampoco representativa: el álbum completo, de hecho, parece heterogéneo y aventurado, con cada una de sus diez piezas capaz de reclamar para sí un lugar específico. "The sun smells so loud", en última instancia, ensaya una suerte de ambient pop complaciente, con bellas texturas de electrónica y de guitarras con distorsión, pero hay mucho más en las otras nueve piezas: "I'm Jim Morrison, I'm dead", que abre el álbum, por ejemplo, va ensamblándose y creciendo desde una serie de acordes de piano apenas conectados por notas que esbozan una melodía, pero lo que se suma, lo que es convocado digamos por la progresión, es tanto materia musical -por llamarlo de alguna manera- como nuevos sonidos y detalles en la textura: efectos de viento y resonancias extrañas hasta que después de la entrada de la batería (definitivamente hacia 2:15) la pieza adquiere un perfil específico de drones de guitarra, efectos de fondo, el mismo fraseo de piano y una cuidada y deliberadamente poco profunda espacialidad. Hacia el final la intensidad aumenta, alcanza su máximo y se desdibuja, y pasamos al golpe metalero de "Batcat", sin duda la pieza más agresiva del álbum y también cuidadosamente detallista en su textura.
Los elementos de electrónica (secuencias, glitches, ciertas sonoridades) nunca quedan del todo en primer plano y siempre son tratados como materia agregada a la textura, y eso termina por colaborar con el ímpetu de hacer un disco sónicamente diverso y heterogéneo. Casi siempre opera la lógica de la progresión, la instalación de un paisaje sonoro y su deriva hacia una intensidad mayor hacia el final -pasa en la emotiva "Local authority", en "Scotland's shame", en el cierre del álbum, "The precipice", y en "I love you, I'm going to blow up your school", con su final noise y brutal, por ejemplo-, pero hay excepciones que alcanzan un brillo especial, como la minimalista "Kings meadow" y la maravilosa "Thank you space expert".

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