lunes, 11 de septiembre de 2017

"Shleep", Robert Wyatt, 1997, Hannibal Records


Si los 53 minutos del séptimo álbum solista de Robert Wyatt consistieran en una monstruosa versión extendida de la primera de sus piezas, "Heaps of sheeps", el disco también sería delicioso. Y si los 53 minutos del séptimo álbum solista de Robert Wyatt consisteran en una monstruosa versión extendida de los primeros segundos de la pieza que sigue, "The duchess", el disco también sería delicioso. Y si los 53 minutos del séptimo álbum solista de Robert Wyatt consistieran en una monstruosa versión extendida del final de la tercera pieza, "Maryan", el disco también...
Podríamos seguir; sin emabrgo, hay mucho más en "Shleep" que los mejores ambientes incorporados a canciones pop/prog grabadas en los noventas por un veterano de la escena de Canterbury, del primer rock progresivo o del rock de los setentas en general (pero también en pocos lugares suenan tan delicadamente texturados los graves y tan espaciosas las frecuencias agudas de las baterías). Pocos álbumes, es decir, logran construir una atmósfera tan onírica, humorística, ligera y a la vez compleja, de una complejidad digamos "sutil". El hecho de que el álbum vaya pasando de melodías vocales bellísimas (la voz de Wyatt siempre es un bonus, además) a dos piezas habladas/recitadas/rapeadas, y que una de ellas sea una reelaboración de una canción de Bob Dylan ("Subterranean homesick blues") logra convocar una cualidad de reiteración, de progresión y simplificación que queda magníficamente interrumpida por el verdadero final del álbum, el breve instrumental "The whole point of no return", donde todo ese ambiente que atravesaba las canciones del disco queda expuesto en su máxima intensidad, como si hubiese sido destilado para hacerlo durar 1:21.
Es dificil destacar momentos, a la vez; "Alien" es de una belleza estremecedora, en gran medida gracias a su piano mínimo y a la tensión del fondo de cuerdas de sintetizador, pero es imposible pasar por alto la deliciosa "Free will and testament" o, si vamos al caso, el disco completo, una suerte de versión extendida de 53 minutos de sí mismo o de lo mejor de sí mismo, asombrosamente.

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