viernes, 7 de abril de 2017

"Australasia", Pelican, 2003, Hydra Head Records

 A comienzos de la década de 1970, la propuesta de Black Sabbath -para empezar este comentario del primer disco de Pelican con una referencia al momento fundacional del metal- fue leída seguramente en el contexto de las bandas hard rock más prominentes de la época, es decir Led Zeppelin, Deep Purple y algunas otras menores, digamos por ejemplo Uriah Heep o Grand Funk Railroad. Buena parte de la estética sonora de estas bandas, notoriamente, se apoyaba en el recurso del solo virtuoso de guitarra como lugar privilegiado de cada composición o canción, y Black Sabbath no fue una excepción; sin embargo, ahora que los escuchamos como una categoría ligeramente despegada -es decir: el metal, el protometal, el premetal, como se quiera llamarlo-, también parece fácil pensar que del trabajo de Tony Iommi lo esencial no está en sus eventuales pirotecnias solistas sino, por el contrario, en la rítmica: en las bases, los riffs y el sonido pantanoso de su guitarra afinada tres semitonos más grave. Pero, a la vez, el metal posterior -y otros tantos subgéneros: el heavy, el trash, el power- retomó la tradición del solo virtuoso como un momento especial o incluso central de cada pieza.  Acaso por eso, el sonido de Pelican en "Australasia" asuma su lugar de "post-metal" precisamente por un movimiento de resemantización de un gesto que está en las raíces; así, en las seis composiciones instrumentales y cincuenta minutos de su primer álbum ("Pelican", el debut discográfico de 2001, es en rigor un EP) no hay otra cosa que ritmo y texturas: las melodías quedan apenas sugeridas en tanto ángulos o contornos y lo que se nos ofrece es puro y duro -y trabajadísimo- sonido de guitarra, compases irregulares e inusuales incluidos (como no podía ser de otra manera en una propuesta tan notoriamente centrada en lo rítmico). Es decir: a través de texturas y una forma de minimalismo, lo que tenemos en "Australasia" es un vasto y complejo sonido ambient metalero, si es que tal cosa es posible.
No deja de ser curioso que uno de los momentos más deslumbrantes del disco sea "[untitled]", segunda más breve de las composiciones (la aventaja en este sentido la lírica, smashingpumpkinesca y cargada de novenas "gw") y una compleja textura de guitarras limpias y acústicas que arpegian intensamente entre pulsos de cuerdas y sintetizadores, como si la banda se hubiese puesto a tocar sobre un fondo de ambient mínimo, un Max Richter en un día optimista o un Pauline Oliveros un poco ansioso. Pero quizá suceda que Pelican también evita el lugar común -blacksabbathiano a tope- de revolver en las tonalidades menores; así, la ya mencionada "gw" y otras piezas mas ambiciosas y variadas -"Australasia", el cierre del disco, sería el mejor ejemplo y de paso el cenit de la propu esta- recurren a tonalidades mayores como salida a pequeños momentos o miniaturas de climas opresivos, a modo de liberaciones o expansiones de los límites del paisaje sonoro diseñado.
En esa línea de lectura, "Angel tears" ofrece un panorama interesante de recursos: desde algunos muteos trasheros y cabalgatas heavy hasta arreglos que parecen al borde -pero nunca lo hacen- de estallar en algo similar a un solo, pasando por segmentos de guitarra limpia y llena arpegiada sobre capas espesas de distorsión.
Los momentos más oscuros están incluidos en las dos primeras composiciones, en particular en "Drought", la segunda, especialmente interesante en sus cambios de tempo que rompen secciones minimalistas de reiteración obsesiva de un groove. El recurso es usado también en "NightEndDay", la apertura del álbum y su composición más larga, similar -en cuanto a lo heterogéneo de las secciones que la componen- a "Australasia".

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