martes, 11 de abril de 2017

"The expanding universe", Laurie Spiegel, 1980/2012, Philo Records/Unseen worlds

Hacia fines de la década de 1960 el compositor Richard Moore y el ingeniero electrónico y músico Max Mathews crearon el sistema GROOVE, que permitía la conexión a una computadora de un sintetizador analógico, de manera que la primera registrara todo lo que fuera tocado (desde notas hasta seteos de módulos) en el segundo y una vez concluido el registro fuera posible hacer cambios: de timbre, de tempo, duplicar voces, etc. Si bien no fue el primer uso de una compoutadora para crear música (además de la música que hace a la base de "IBM 1401, a user's manual", de Jóhann Jóhannsson) el propio Mathews se había adelantado en 1961, cuando diseñó un sistema que sintetizaba voz y cantaba la canción "Daisy Bell"; Arthur Clarke, uno de los primeros escuchas del resultado, homenajeó a Mathews incorporando la canción a "2001 A Space Odysseey"), GROOVE fue el sistema más poderoso de su época, y se mantuvo operacional hasta 1980. Ese mismo año fue publicado el primer álbum de Laurie Spiegel, que hace uso, precisamente, del sistema GROOVE.
A partir de 2012 circula una edición en doble CD que incluye casi 100 minutos de música -incluyendo la pieza "Kepler's harmony of the world", que fuera compilada en el disco que llevaba la sonda Voyager y que ahora se encuentra fuera del Sistema Solar-, pero en su edición original "The expanding universe" consistía en cuatro composiciones en la cara A del vinilo y una -la que daba el título al álbum- en la B.
Si bien podrá señalarse que los timbres suenan irremediablemente a su época, la música de "The expanding universe" no ha perdido lustre, del mismo modo que cabe escuchar "Computer World" (1981), de Kraftwerk y composiciones de la misma banda como "Spacelab" y "Metropolis", de "The man machine" (1978), o incluso un disco todavía anterior, como el bellísimo "Albedo 0.39" (1976) de Vangelis, pasando por alto la cualidad especificamente de época para apreciar así las otras cualidades de la composición.
Acaso el envejecimiento sea más notorio, de todas formas, en las piezas que exploran las posibilidades del contrapunto trabajado en una computadora y, por tanto, se apoyan ante todo en un trabajo armónico; es el caso de la preciosa pieza de apertura del álbum, "Patchwork", que ofrece -como su nombre lo denota- un tejido intrincado de colores/tonos, todos ellos en sutiles variaciones del mismo timbre, que por momentos parece el de un clave equipado con un sustain sobrenatural. En esta línea se encuentra también "A folk study" -incorporada a la edición expandida de 2012 y al vinilo lanzado en 2013-, y ambas evocan la luminosidad de ciertas piezas de Terry Riley -o, si vamos al caso, la intensidad de la evidentemente vinculada "Baba O'Riley", de The Who (en "Who's next", de 1971).
Las siguientes piezas del lado A entrarían más fácilmente en una posible categoría o subcategoría dentro de lo "ambient" (si bien Laurie Spiegel niega que su obra admita etiquetas como "ambient" o "minimalismo"), y hacen uso de una variedad tímbrica más notoria y, de hecho, más cercana a una posible "atemporalidad"; así, "Pentachrome" -quizá lo mejor del álbum- hace uso de drones de sintetizador, efectos de modulación y sonidos percusivos cargados de eco para crear un paisaje sonoro difuso y oscuro, extremadamente sugerente, a la vez que "Old wave" construye un panorama gélido y monumental, notoriamente menos oscuro que el recién comentado y construido con los mismos recursos.
Este lado cinemático o "ambient" es explorado a fondo en el lado B, ocupado completo por la pieza "The expanding universe", de una serenidad majestuosa capaz de evocar perspectivas sobrehumanas, cósmicas. ¿La banda sonora perfecta para un documental de astrofísica? Qué duda cabe.
De las piezas extra incluidas en la edición de 2012 destacan las tres partes de "Appalachian Grove" y las dos de "Dirge", que ofrece una suerten de zona intermedia entre las dos áreas más notorias en el disco original de 1980, y alcanza momentos de una melancolía asombrosa -en la primera- y de ominosidad -en la segunda. También hay que destacar las polirrítmicas "Drums" y "Clockwork", la inquietante y ya mencionada "Kepler's harmony of the world" (una suerte de canto de sirenas dementes que hacen pensar que el mundo que las produjo se perdió en quién sabe qué catástrofe) y la extremadamente dark ambient (diga lo que diga la autora) "Wandering in our times", que evoca el trabajo posterior de Lustmord o, aún más, Atrium Carceri.

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