miércoles, 19 de abril de 2017

Fear of a blank planet", Porcupine Tree, 2007, Roadrunner/Atlantic

Después de escuchar el noveno y penúltimo álbum de Porcupine Tree queda claro por qué Steven Wilson ha logrado tantas maravillas en el arte del remasterizado y remezcla de álbumes clásicos del rock progresivo: la calidad del sonido de "Fear of a blank planet", es decir, es tan asombrosa que por momentos los juegos de texturas, timbres en las guitarras, arreglos sutiles y detalles vuelven irrelevantes otros valores posibles en la composición y la interpretación. Sin embargo, en los mejores momentos del álbum -la extensa "Anesthetize" el más alto, sin lugar a dudas- el talento de los músicos implicados y la cuidada performance vocal de Wilson (por no mencionar sus habilidades como guitarrista) terminan por confirmar que esas cualidades de interpretación y composición pueden ser igualmente considerables, y de paso logran establecer firmemente a la propuesta de la banda entre lo más interesante del neo-prog o el metal progresivo, una línea continuada por los trabajos solistas de Wilson, en particular el excelente "The raven that refused to sing (and other stories)" (2013). 
Dicho de otra manera, Wilson viene dejando claro -desde "Fear of a blank planet" o incluso, antes, desde su giro hacia el metal en "In absentia", de 2002- que tanto en el contexto de su banda como en calidad de solista, es capaz de poner en movimiento todo lo aprendido de la escucha de King Crimson, Jethro Tull, Yes y Gentle Giant (por nombrar solo las bandas cuyos clásicos Wilson remasterizó y remezlcó con bellísimos resultados), junto a lo aportado por bandas de metal como Opeth y Messhugga. Pero entonces ¿deberíamos pensar en Wilson apenas como en un buen alumno, un discípulo talentoso? La respuesta está una vez más en "Anesthetize", y es un rotundo "no". Porque la articulación de las diversas secciones de la pieza (si bien, por supuesto, las composiciones progresivas y metaleras con múltiples partes en distintos tempos y compases no son novedad alguna desde 1974 por lo menos) es interesante en sí misma e indudablemente narrativa, incluso al borde del genio por momentos. ¿Ejemplos de esto último? Hacia 7:50, en el equivalente a un estribillo, Wilson canta con evidente cuidado, sin dejarse llevar, pero logrando que esa contención termina por traducir una cualidad inquietante o extraña, subrayada por los efectos aportados a la voz y por la impresionante guitarra de fondo, cuidadosamente mezclada para no hacer añicos la canción y permanecer como la vista lejana de un castillo demasiado grande para ser real; y de pronto -pero de manera asombrosamente coherente- sigue un interludio riffero y pesado que desemboca en una sección oscura y tensa y, despúes, en un nuevo "estribillo", pasado el cual (9:17) suena el momento más emocionante y arrebatador de la pieza, del disco y acaso de la discografía, bajo la forma de una serie de solos de guitarras cuidadosamente diferenciadas en cuanto a timbre y distorsión. Hacia los 10 minutos, entonces, cuando comienza el segmento de guitarras que suenan en el registro alto con trémolo y reverb (un eco de algunas escuchadas en "My ashes", a las que volveré más adelante), la impresión es la de un par de viajeros en el tiempo que han irrumpido en la escena para presenciar un momento clave en la historia. Y después, hacia 11:11, se desata el caos. Son aproximadamente cuatro minutos, es decir, en los que no solo paseamos por buena parte de las posibilidades expresivas del prog y el metal sino que lo hacemos puestos frente a frente con arreglos, solos y detalles de enorme belleza. ¿Hacía falta algo más? Hacia 12:20 la pieza vira hacia el ambient y, cambio de tempo mediante, la coda se vuelve un canto fúnebre desolador, al mejor estilo "Glass and the ghost children", de The Smashing Pumpkins (otra lección aprendida).
Sin duda que cualquier "buen alumno" con el talento suficiente podría pensar algo así en abstracto, pero hace falta -probemos esto a modo de conclusión- algo más para concebir especificamente esta porción de "Anesthetize". Steven Wilson, chapeau.
El resto del disco, bello como llega a ser, podría existir en una propuesta aparte; "Anesthetize" toleraría cómodamente ser apenas un EP y aún así Porcupine Tree y Steven Wilson habrían logrado una obra maestra; pero vale la pena detenerse en las atmósferas de "Way out of here" y, especialmente, en el ominoso sonido de "Sleep together", que suena a una grabación de Tangerine Dream abriéndose camino hacia nuestro universo a través de un portal defectuoso o mal invocado.
Esta última pieza, que cierra el álbum, está casi a la altura de "Anesthetize", por cierto; la entrada de los sintetizadores hacia 3:37 y el final con las cuerdas en escalas modales están indudablemente entre lo mejor del disco.
Las dos piezas que lo abren, con todo su brillo innegable -en particular la melodiosa "My ashes", y dentro de esta las desoladoras guitarras (a la "The crying tree of Mercury", también de The Smashing Pumpkins) a partir de 2:16- quedan un poco deslucidas después de la composición más larga y central; sin embargo logran construir una sensación de progreso, de construcción, como si fueran despejando el terreno para la aparición de "Anesthetize". El álbum, de hecho, se propone como uno conceptual, inspirado en la novela "Lunar Park", de Bret Easton Ellis, y por tanto esa suerte de vínculo narrativo o secuencial entre las composiciones que lo integran funciona perfectamente.

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