lunes, 24 de abril de 2017

"Led Zeppelin II", Led Zeppelin, 1969, Atlantic.


Acaso más impresionante que el gesto inaugural del primer álbum de Led Zeppelin es la distancia -en términos de desarrollo musical y conceptual, ya que en cuanto a tiempo no pasaron más de diez meses- que separa a este de su sucesor, uno de los dos o tres álbumes más influyentes de la década de 1970 (aunque publicado en el penúltimo año de la anterior) para el campo del hard rock y el metal. De hecho, un disco que incluya "Whole lotta love" y "Heartbreaker" probablemente no necesite nada más que decir en el ámbito estricto del género o géneros al que o a los que cabe incorporar ambas composiciones, y de hecho todo lo demás (incluyendo algunos de los mejores momentos del álbum) va más allá; es decir, sólo con el componente hard rock del álbum el impacto en la historia del rock estaba asegurado, pero "Led Zeppelin II" incluía mucho más.
Para empezar estaba el refinamiento de las técnicas de producción: el uso del eco en reversa (que ya aparecía tentativamente en "How many more times"), el paroxismo al que es llevado el recurso del paneo, el uso de instrumentación extraña (el theramin en "Whole lotta love", por ejemplo, por no nombrar la percusión indescifrable en "Ramble on") y el recurso conceptual de contextualizar el "préstamo" en una afirmación metamusical (como sucede en "Bring it on home", en el que al hard rock/funk desarrollado por la banda se le impone como marco su origen histórico, el blues bajo la forma de un cover de Sonny Boy Williamson II) y la simple expansión de registros ("Thank you", "Ramble on" y "What is and what should never be"), atendida siempre estructuralmente (por ejemplo en la dinámica entre segmentos lentos y atmosféricos y estribillos de hard rock explosivo en "What is and what should never be"). Y lo más asombroso: "Led Zeppelin II" no es el mejor álbum de la banda: cualquiera de los dos que lo siguieron van más allá en ciertas áreas, dejando para el segundo disco de estudio, en cualquier caso, la mejor expresión del gesto de abrir el espectro de estéticas, subgéneros y sonoridades. En ese sentido, habría que esperar hasta "In through the out door" (1979) para una apertura comparable.
Tanto "Whole lotta love" como "The lemon song" y "Bring it on home" permiten pensar en una evolución desde la manera en que en "Led Zeppelin I" habían sido trabajadas las versiones o covers; a la inspiración básica ofrecida por Willie Dixon (finalmente reconocida en el copyright), Howling Wolfe o Robert Johnson (quien, a su vez, derivó el verso sobre exprimir limones de Arthur McKay) Zeppelin le impuso un desarrollo (incluso experimental, como en el intermedio de forma libre en "Whole lotta love") que sin duda delata la gran distancia entre el producto final y la composición que le sirvió de inspiración. Así, "Whole lotta love" agota rápidamente su filiación hard rockera y bluesera y ofrece su mejor momento en la primera sección instrumental (el gesto sería exacerbado en vivo incorporando un medley de covers en los huecos de la estructura); del mismo modo, el principal interés de "The lemon song", además de en su pulso impecable e irresistible, está en las texturas generadas por las guitarras y sus efectos.
Sin duda uno de los momentos más memorables del álbum es el solo pirotécnico de "Heartbreaker", cuyas ligaduras y proto-tapping fue imitado hasta el cansancio por generaciones enteras de guitarristas, pero son ineludibles el final falso de "Thank you" y las estrofas de "Ramble on" (acaso el momento en que la literatura de Tolkien ingresó definitivamente al hard rock y el metal).
Es dificil pensar en los momentos de menor interés; Page famosamente declaró detestar "Living loving maid" (ausente de todos los repertorios en vivo durante la vida de la banda), pero escuchados ahora sus 2:39 suenan especialmente intensos y llenos de vida; acaso el solo de batería en "Moby Dick" esté al borde de pasarse de extenso (cosa que sucedería en vivo, por cierto), pero concebido el tema completo como un instrumental de hard rock (el riff de la guitarra, con la sexta cuerda afinada en re, deriva de un descarte de la época que luego sería incorporado al compilado "BBC Sessions", de 1997) y atendiendo a las distintas sonoridades y técnicas que van apareciendo en la sección de percusión, la pieza gana sin duda una estatura importante.
Digamos nada más que no hay muchos álbumes más clásicos que este, y a la vez que Led Zeppelin aportó al menos dos más a esa lista posible.

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