martes, 4 de abril de 2017

"Subterranean: new designs on Bowie's Berlin", Dylan Howe, 2014, Motorik

Los vínculos entre David Bowie y el jazz no se reducen a la banda con la que grabó su último álbum; están los relatos -recurrentes en las mejores biografías en uso- del amor por la música de Coltrane inculcado por el medio hermano Terry y la trompeta de Lester Bowie en "Black tie white noise" (1993), además de no pocos momentos y sonoridades de "Aladdin Sane" (1973) y el disco en vivo "David live" (1974), por listar sólo los acercamientos más notorios. Es cierto que lo de "Blackstar" -y antes "Sue (or in a season of crime)"- es acaso el cenit de la simpatía de Bowie por el jazz, pero puestos a seguir explorando la coincidencia vale la pena detenerse en las posibles simpatías del jazz por la música de Bowie, y aparecen ahí la fabulosa versión de "Warszawa" que incluyó Donny McCaslin en "Beyond now" (2016) y el álbum "Subterranean: new designs on Bowie's Berlin", grabado por el baterista Dylan Howe.
La propuesta es clara: Howe tomó algunos de los instrumentales de los álbumes "Low" (1977) y "Heroes" (1977), les sumó los outtakes "Some are" y "All saints" (el primero también explorado en sus posibilidades sinfónicas por Philip Glass) y los recreó con las sonoridades y la musicalidad del jazz.
El resultado es llamativo y sin duda placentero, pero en general extrañamente peleado con lo ofrecido por las versiones originales; así, "Weeping wall", con sus break de batería y sus solos de piano ofrece la tónica del álbum completo: donde la música original era gélida y amenazante, lo ofrecido por Howe es más bien agradable y expresivo. "Lindo", digamos, más que siniestro. ¿Cabe pensar entonces que el baterista le erró al blanco? Bueno, desde una opción digamos purista sin duda, pero si pensamos más allá de una propuesta de corte "literal", hay notorios hallazgos en las piezas que integran el álbum.
Quizá la mejor sea la primera, que reelabora "Subterraneans", en la que si bien están presentes los instrumentos acústicos digamos "consabidos" del jazz (así como también el lenguaje del hard bop y el jazz modal de los sesentas, cristalizado vía Miles Davis y "Kind of blue" en algo así como el jazz prototípico) la presencia de sintetizadores y efectos contribuye a la creación de atmósferas sobrecogedoras.
En algunos casos -"All saints" y "Art decade" serían los más claros- las melodías originales son trasnfiguradas por completo y ofrecidas con una musicalidad más obvia y acaso menos interesante; quizá, entonces, son los momentos en que el disco es "más jazz" los que menos importan (no porque fallen en tanto música, por decirlo así: por el contrario, son extremadamente disfrutables como tal cosa).
Las piezas más atmosféricas, en cambio, resultan mucho más sugerentes: "Some are" y, en particular, la segunda de las piezas basadas en "Neuköln", que hace un uso particularmente interesante de sintetizadores a la vez que emplea con mayor acierto el material temático de la composición original.
Sin duda el jazz siempre se nutrió de otros géneros populares (y en ese campo, naturalmente, se vuelve inevitable Brad Mehldau) y, en su sobrevida, sigue haciéndolo; más interesante es preguntarse qué puede hacer esa apropiación por las composiciones de Bowie, en particular por las más experimentales y desafiantes. Si se evita volver una vez más a "Blackstar" (porque el disco no podría existir sin su fusión de jazz, rock y electrónica) quizá cabría responder que, en relidad, no mucho: es decir, en la medida en que se espesa el jazz, parece retroceder lo esencial de las composiciones en cuestión en su forma original. O quizá sea que en el fondo Howe, con todo el amor por la música de Bowie que se vuelve evidente en su álbum, no entendió del todo bien. O que no le importó: después de todo, ¿desde cuándo las traducciones literales son las mejores?

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