lunes, 20 de febrero de 2017

"Rising", Rainbow, 1976, Oyster/Polydor


En 1974, y con "Stormbringer", su noveno álbum de estudio, Deep Purple había empezado a mutar su sonido o, mejor dicho, a alejarlo de la matriz sonora que, cabe asumir, le imponía su guitarrista y co-fundador. No es de extrañarse, entonces, que para el año siguiente Ritchie Blackmore reapareciese con una nueva banda, Rainbow (aunque había comenzado como "Ritchie Blackmore's Rainbow") y un nuevo álbum. Pero hay que esperar hasta el segundo, "Rising" para apreciar el cenit creativo del proyecto, que contó con Ronnie James Dio como vocalista, Tony Carey en los teclados, Jimmy Bain en el bajo y Cozy Powell en la batería. El disco -breve como es: apenas 33 minutos- ha de considerarse sin duda entre lo mejor del hard rock/heavy metal de la década de 1970, y en cierto modo es el rebooteo perfecto de Deep Purple, casi tanto como si la banda que culminó con "Who do we think we are" (1973) se continuase no en "Burn" (1974) sino en los primeros trabajos de Rainbow (luego la dirección volvería a cambiar, pero eso no importa acá).
"Rising" es casi abrumador en su intensidad, y los únicos momentos en que afloja al menos un poco son aquellos más cercanos a alguna forma de rock o rock'n'roll que al hard rock metalero de los momentos más fuertes. Pero, en rigor, esa faceta del álbum aparece apenas en una canción, "Do you close your eyes", que cierra el lado A y, sin ser lo menos interesante del disco (dificilmente pueda dejar indiferente a quien la escuche), es la propuesta si se quiere más ligera o pop, especialmente en sus estribillos. Acaso algo similar -aunque su riff y su tempo ligeramente lento le aportan una contundencia más notoria- pasa con "Run with the wolf", la segunda del disco.
El comienzo del lado A, "Tarot woman", introducción en sintetizadores al margen, es hard rock o proto-metal puro y duro, y su melodía y armonía en el pre-chorus es lo mejor que tiene para ofrecer, además, por supuesto, de la interpretación vocal de Ronnie James Dio, que no asombra tanto -comparativamente- cuando levanta y abrasa su voz como cuando la contiene en un registro más grave y parece espesarla en capas y capas de textura, como si fuese capaz de duplicar o triplicar el número de sus cuerdas vocales.
"Starstruck", finalmente, podría pertenecer cómodamente a "Machine head" (1972), la obra maestra de Deep Purple, y, de hecho, es sin duda más interesante que buena parte de lo que contiene ese álbum clásico.
Pero es el lado B el más poderoso de "Rising". Dividido en dos composiciones largas, es inaugurado por "Stargazer", la obra maestra de la banda, una pieza épica con letra fantástica, un riff poderosísimo y una producción minuciosa (con efectos de faseo en la batería y capas sutiles de sintetizador por todas partes); se esté haciendo lo que se esté haciendo, cuando Dio canta "In the heat and the rain" sobre una variación del riff original confiada a los teclados, no hay manera de no escucharlo con devoción. Otro gran momento de la canción es el solo (en la escala frigia dominante de si), con sus resonancias de cercano oriente (no en vano esa escala, equivalente al modo frigio pero con una tercera mayor, es la más fácilmente reconocible como propia del flamenco, y también de la música klezmer y algunas formas de raga). Y el final es, simplemente, apoteótico.
Es dificil seguir adelante después de algo así, pero el disco se las arregla para mantenerse intenso (más intenso si cabe) y fascinante con "A light in the black", otra composición larga (7:30, junto a los 8:32 de "Stargazer") cuyo corazón está en el interludio instrumental (entre 1:59 y 5:28), que hace gala de todos los procedimientos y estilos de Blackmore, especialmente la belleza del pasaje digamos más "barroco" o incluso "bachiano", entre 5:02 y el final del segmento instrumental, con la guitarra armonizando con los teclados.
"Rising" sin duda representa el apogeo de un estilo musical; el hard rock/metal posterior debía evolucionar hacia otras sonoridades o despegarse de tan ricos atavíos si quería seguir con vida. Y por supuesto que lo hizo, pero la intensidad y belleza del segundo álbum de Rainbow quedó grabada en su código genético.

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