jueves, 9 de febrero de 2017

"The blue notebooks", Max Richter, 2004, FatCat Records / 2014, Deutsche Gramophon


La imagen puede contener: texto Es digamos "natural" que música tan densamente evocativa de imágenes visuales como la contenida en "The blue notebooks" sea usada en el cine; no debe sorprender entonces que entre lo mejor de "Arrival" (Denis Villeneuve, 2016) esté el uso, al comienzo y al final de la película, de "On the nature of daylight", segunda de las composiciones del segundo álbum de Max Richter. De hecho, tampoco es de extrañarse que una pieza, tan "densamente evocativa de imágenes visuales", para no tener que decirlo de otra manera, aparezca en más de una película, y ahí está (aunque admito que no lo noté en su momento o, mejor, que no me llevó a investigar y conseguir el álbum al que pertenece) en "Shutter island" (Martin Scorsese, 2010) y en "Les innocentes" (Anne Fontaine, 2016).
La música de Richter, al menos en este álbum, remite claramente al minimalismo de Reich, Glass y Eno, pero de alguna manera es más lírica o ligera; se la puede escuchar, es decir, sin pensar en experimentos sonoros o en música de vanguardia: simplemente suena y emociona, sin que su lado conceptual (no pasa lo mismo, notoriamente, con "Discreet music", por poner un ejemplo de música emocionante, experimental y basada en un concepto definido, el de "música generativa") pase espontáneamente a un primer plano.
En cierto sentido una referencia más cercana podría ser la música de Harold Budd, pero en Richter suenan acaso más notoriamente elementos de electrónica, como en la delicada percusión de "Arboretum", séptima composición de "The blue notebooks", un paisaje sonoro delicado y tenso en el que un arpegio de sintetizador zigzaguea por encima de un ritmo mínimo (pero rico en texturas) hasta que una melodía de violín atrapa para siempre la atención del oyente y proyecta la pieza hacia una melancolía bellísima.
Es posible que la ya mencionada "On the nature of daylight" sea lo mejor del álbum. Sigue, de hecho, un patrón similar a "Arboretum", en tanto establece un fondo o pulso, o incluso un "ambiente" (en este caso con cuerdas que parecen mecerse lentamente) en ligerísima expansión hasta que irrumpe una melodía desgarradora y, finalmente, un violín en el registro más alto, para hacer estallar la emotividad de la pieza. Es, en cualquier caso, la composición más notoriamente "philipglassesca" del disco.
Más intrincada y obsesionante es "Iconography", quizá la composición más oscura del álbum junto a "Shadow journal", que se apoya en un loop mínimo de órgano, más acordes y fraseos de sintetizador que no llegan a configurar una melodía reconocible pero que construyen un clima tenso y sobrecogedor a la vez.
"Horizon variations" propone un piano fuertemente tratado con reverb y ecualización, que por momentos recuerda a las composiciones más líricas de Cluster, y en su línea suenan también "Vladimir's blues", quizá el momento menos interesante del álbum, por más que en general funciona muy bien como una pieza a menor escala (es, de hecho, la más breve del álbum), y el cierre "Written on the sky".
Lo que estas tres hacen con el sonido del piano (notoriamente tratado con efectos, insisto) lo hace "Organum" con el órgano, y en sus 3 minutos y 13 segundos notoriamente lo menos importante es la armonía y la melodía sino más bien, justamente, el sonido del órgano, expuesto en su delicadeza y también en su poderío. Es interesante como la pieza -densa y opresiva, pero no necesariamente oscura- logra señalar o aludir al silencio circundante: escuchamos al órgano como si fuera una luminaria en medio de una caverna oscura: vemos la esfera de luz que dispone y los bordes en los que el resplandor se pierde en la oscuridad.
Entre las composiciones ya comentadas van intercalándose piezas en las que escuchamos la voz de la actriz Tilda Swinton leyendo fragmentos de Kafka y Czesław Miłosz, por encima del sonido de las teclas de una máquina de escribir y diversas texturas; la más interesante de estas piezas es seguramente la segunda, "Shadow journal", que ofrece uno de los momentos más electrónicos y a la vez oscuros del álbum.

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