viernes, 10 de febrero de 2017

"Station to station", David Bowie, 1976, RCA

Grabado en el corazón de lo que Bowie describiría como el período más oscuro de su vida (el del cenit de su relación con la cocaína y el de mayor obsesión por el esoterismo, entre otras cosas), "Station to station" es un firme competidor al premio de "mejor álbum de David Bowie", lo cual, se sabe, es mucho decir.
Generalmente se acepta que el álbum funciona como una suerte de pasaje o transición entre el entusiasmo de Bowie por la musica estadounidense, en particular el soul, y la serie de discos experimentales grabados junto a Brian Eno a fines de la década de 1970. Esa transición es especialmente notoria en la coexistencia de ritmos digamos "negros" (la sección rítmica es impecable: Carlos Alomar en segunda guitarra, Dennis Davis en batería y George Murray en bajo) con sensibilidades y sonoridades europeas ("the european canon is here", escuchamos en la primera composición del álbum), especialmente las que remiten a bandas del llamado Krautrock alemán, tanto el ritmo "motorik" de Neu! y Can como el uso de sintetizadores y secuencias de Cluster, Tangerine Dream y Kraftwerk. Esto último sería llevado a su máximo de posibilidades en "Low" y "Heroes" (ambos de 1977), pero ya era bastante notorio en "Station to Station".
En particular en la composición que le da el título al álbum. Como en "Blackstar", Bowie coloca en su álbum de 1976 el plato fuerte a modo de entrada; y vaya que es fuerte: se trata de la composición más larga y oscura (en el sentido de ilegible, blindada contra la interpretación) en la discografía (hasta "Blackstar" al menos) y consta de tres cuasi-canciones enganchadas (como pasa en "Blackstar", de hecho) que van desde la performance vocal a la Scott Walker del principio (sobre una base pesadísima y una serie de cambios de compás que recuerdan al rock progresivo) hasta el rock rápido y funky del final. Mucho podría escribirse sobre la letra, que reúne referencias a Aleister Crowley ("sure white stains") con la cábala ("a magical movement from kether to malkuth") y una suerte de mega-megalomania ("bending sound, dredging the ocean, lost in my circle") que iría asociada al personaje que emite la composición y el resto del álbum, además de ser encarnado en escena por Bowie durante la gira promocional que seguiría. Es, por supuesto, el "Delgado Duque Blanco" (Thin White Duke), un superhombre ario, un nazi, un fascista, un cantante de soul decadante que hace pasar hielo por fuego en sus interpretaciones vocales, exhuberantes pero declarada y programaticamente vacías de alma.
Esto último, de hecho, es de alguna manera el nexo con "Young americans" (1975) y buena parte de "Dimamond dogs" (1974), discos en los que Bowie, después de "apropiarse" del rock y ofrecer su versión notoriamente impostada, hace exactamente lo mismo con un género aún más asociado a la honestidad artística, a la sinceridad y la emotividad. Quizá tiene sentido también en esta línea que Bowie prestara tanta atención a Kraftwerk (aunque los alemanes aún no habían alcanzado la cima de sus poderes o la mayor claridad de su propuesta) y, de hecho, usara "Radioactivity" como apertura de los conciertos en la gira promocional.
Esa mutación o matización de lo propuesto en el álbum anterior es más visible en "Golden years", un hit disco con una letra ominosa que siempre logra hacer sospechar que no se la está entendiendo del todo, y acaso -ya en el lado B- en TVC-15, donde el pulso motorik de Neu! es además especialmente visible. Funk con sintetizadores, soul sin alma.
La etapa, además de cargada de eso que en la historia del rock se suele llamar "excesos" es también una de eso que en tantas otras partes se suele llamar "espiritualidad"; en clave esotérica en "Station to station" y en una modulación acaso más cristiana en "Word on a wing", sin duda la canción más conmovedora del álbum
Hay también espacio para un rock/funk extendido y demoledor: el lado B tiene en su centro "Stay", donde el primera guitarra Earl Slick explora todo tipo de sonoridades y ruidos con su instrumento, anticipándose a lo que haría más adelante Adrian Belew tanto con el propio Bowie como con Talking Heads y King Crimson.
Y el disco se clausura con un cover, "Wild is the wind" (canción popularizada por Nina Simone en 1959 pero compuesta por Dimitri Tiomkin y Ned Washington para la película del mismo nombre estrenada en 1957), donde Bowie/el Duque Blanco hace gala de su virtuosismo vocal de una manera acaso nunca repetida en la discografía.
Es un disco único, acaso indescifrable. Es extraño que lo que propone la primera y más larga de las composiciones no tenga un eco en lo que sigue más allá de como referencias retomadas y llevadas en otras direcciones; pero, a la vez, las seis composiciones de "Station to station" no dejan de sugerir una conexión, una clave, que no faltará quien la haya buscado en las letras. Bowie, acaso en todos sus discos, es ante todo un enigma; en "Station to station" esa cualidad alcanzó su punto más alto.

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