lunes, 20 de marzo de 2017

"Starless and bible black", King Crimson, 1974, Island/Atlantic

Hay siempre un asombro básico ante la cantidad de ideas musicales contenidas en el sexto álbum de estudio de King Crimson. Si bien el esquema estético es más o menos el mismo que el de su predecesor, "Lark's tongues in aspic" (1973), para "Starless and bible black" la banda había perdido a Jaimie Muir, cuya percusión se había vuelto un elemento completamente distintivo del sonido que buscaban Fripp y compañía en ese momento. La solución fue que Bruford se encargara de remedar esa ausencia, pero esto -sumado a los compromisos con respecto a actuaciones en vivo- impuso cierta presión a la banda y el resultado fue que a la hora de armar un álbum nuevo había poco material disponible. Es decir: hablando de propiedades emergentes una vez más, dadas las limitaciones -un baterista que debe hacer el trabajo de dos, y además aportar ese sistema de sonidos impredecibles y riquísimos que creaba Muir todo el tiempo; la necesidad de grabar un disco con menos canciones terminadas de las necesarias- la banda encontró no sólo un modo de salir adelante sino que dio con una solución específica que daría al álbum su personalidad única.
Las canciones disponibles entonces eran "The great deceiver", "Lament", "The night watch" y "Fracture", y dado el mínimo tiempo disponible la banda sólo grabó en estudio las dos primeras y parte de la tercera. El resto fue tomado de actuaciones en vivo, de manera que queda habilitado algo así como un primer eje a la hora de pensar el contenido de "Starless and bible black". Es decir: están por un lado las canciones grabadas en estudio y por otro las grabadas en vivo. Pero hay otro eje posible, que surge de la cantidad insuficiente de composiciones disponibles: quedan a la derecha, entonces, las canciones compuestas y luego ejecutadas por la banda (sea en vivo o en el estudio) y a la izquierda las extraídas de las largas improvisaciones que son la marca distintiva de los conciertos de esta época de la banda. Así, "We'll let you know", "The mincer", "Trio" y "Starless and bible black" fueron parte -recortadas, editadas, alterado el sonido para disimular el origen en vivo- de esas improvisaciones.
Ese trabajo de estudio, por cierto, crea una suerte de híbrido entre lo que cabría pensar como la representación "pura" de una actuación en vivo -es decir el mero registro de la performance, con un concebible mínimo de atención a la calidad de la grabación y detalles de ecualización o de colocación de micrófonos- y el trabajo de grabación y regrabación puntilloso y detallista en el estudio; para empezar, las piezas ofrecidas con los títulos que aparecen en el álbum son todas partes de performances más largas y, por tanto, adquieren su contorno en el estudio. Así, "We'll let you know" está tomada de una de las improvisaciones (después publicada como "Improv: We'll let you know" en el box set "Starless") del concierto ofrecido en Glasgow el 23 de octubre de 1973, mientras que "The mincer" pertenece a la pieza luego bautizada "The law of maximum distress", grabada el 15 de noviembre de 1973 en Zurich, y "Trio" y "Starless and bible black" sonaron originalmente como improvisaciones el 23 de noviembre de 1973, en Amsterdam, concierto en el que también fue grabada la introducción de "The night watch".
Otra dicotomia fundamental en el disco -un recurso que King Crimson usaría nuevamente diez años más tarde en "Three of a perfect pair") es la que separa al lado A (más variado, más centrado en canciones, menos agresivo) del B, que contiene apenas dos composiciones, ambas extraordinarias y arduas.
En ese sentido el plato fuerte del álbum es el cierre del lado B, la complicadísima "Fracture", grabada en vivo en Amsterdam y retocada con gran esfuerzo en el estudio. Además de su marcadísima dinámica (hasta el primer minuto y pico el volumen es bajo y es con la entrada del riff básico en la guitarra que el sonido se vuelve más intenso, para volver a bajar drásticamente hacia los siete minutos y estallar de nuevo en el máximo hacia 8:20, cuando la cosa se pone aún más noise) y de la obvia casi-imposibilidad de tocar el moto perpetuo en la guitarra (el propio Fripp ha señalado que se encuentra entre lo más difícil que es capaz de tocar), los cambios de tempo vuelven complicadísima la sincronización entre los instrumentos de la banda, cosa que, como cabe imaginar, volvió muy dificil el "retoque" de lo grabado en vivo. En cualquier caso, "Fracture" está entre lo más increíble de lo ofrecido por King Crimson: quien esté dispuesto a descartar las partes de guitarra como virtuosismo exhibicionista, que escuche los últimos cuatro minutos de la canción: si no sale de ahí con los pelos de punta, es que está preservado en criogenia.
No menos dinámica y complicada -aunque en otra clave, digamos- es la pieza que da nombre al disco: un paisaje dislocado, indescifrable e inquietante en el que nada parece repetido ni desarrollado en una lógica musical predecible o lineal.
El lado A es, en comparación, mucho más amable con el usuario, y contiene "Trio", el momento más lírico y delicado del disco, además de "The night watch", la canción más simplemente emocionante de las ofrecidas. Tras una introducción majestuosa (que podría recordar de alguna manera a la etapa más sinfónica de la banda, en particular la notoria en el disco "Islands", de 1971) se configura una melodía arrebatadora y melancólica, interrumpida por la primera estrofa, cuyo trabajo vocal señala no sólo el crecimiento de Wheton como cantante entre el disco anterior y éste sino que fácilmente puede ser pensada como uno de los mejores momentos vocales de la banda. Pero quizá el momento más impresionante es el solo central de guitarra (2:50-3:35), con su final beatlesco y esa suerte de fluidez asimétrica o antimelódica y lírica a la vez que Fripp explotaría al máximo en su trabajo para "Heroes" (1977) y "Scary monsters (and super creeps)" (1980), de Bowie.
La canción cierra con una textura delicadísima de violines y guitarra eléctrica, que enlaza perfectamente con la ya mencionada "Trio". Antes había sonado "We'll let you know", una suerte de crescendo o desarrollo a partir de (o guiado por) una línea funky en el bajo distorsionado de Wheton. Es posible que sea, a su manera, lo menos interesante del disco (dejando de lado, por supuesto, el mero disfrute de su energía y virtuosismo improvisacional), y sirve de puente entre las dos primeras canciones y "The night watch". El disco había comenzado, entonces, con "The great deceiver", su momento más hardrockero (que parece señalar el movimiento de la banda hacia el sonido de "Red", de 1974) y un estribillo memorable, y "Lament", con sus cambios de tempo y sus riffs variados y tan protometaleros acaso como lo más doom de Black Sabbath (en este sentido basta con escuchar los últimos catorce segundos de la canción y compararlos con la marcadamente más "suave" introducción. Lo dicho: el asombro ante la cantidad de ideas musicales incorporadas a una única canción. En ese sentido, "Lament" es un excelente modelo a escala del resto del disco.


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