viernes, 16 de junio de 2017

"Play", Moby, 1999, V2/Mute/EMI


Es tentador pensar en lo bien que se las arregló Moby para hacer de su quinto álbum uno tan disfrutable (y exitoso) pese a llevar a cabo una y otra vez el mismo truco. Pero, en realidad, quizá no se trate exactamente del mismo, y no estoy hablando de que algunas de las canciones fueron cantadas por el músico y otras sampleadas del interminable archivo del soul y el blues, rural o urbano: es, más bien, que hay matices y modulaciones, piezas más ambient, piezas donde el sampleo es central y piezas donde opera como un elemento más en la textura, piezas que apuntalan el cuerpo punk del álbum y piezas que aportan el costado extraño de lo que en rigor es un disco hecho al gusto de las masas, si es que tal cosa existe o al menos si es que tal cosa existía en 1999.
Un buen ejemplo de tensión dentro de los parámetros que el propio álbum propone es "Machete": cantada por Moby y relativamente parecida a una canción pop, pone a una parafernalia de ruidos (secuencias con los bordes difuminados por la ecualización, chirridos) tan adelante en la mezcla como la percusión techno/house, y deja los suficientes espacios aquí y allá (1:13, por ejemplo) como para que podamos sentir el reverb y el filtro de frecuencias aplicado a la voz y a su imagen especular armonizada más alta. Nada, es decir, está tan individualizado como para que permita decir que la canción es "eso", y al final la canción se las arregla para no decir exclusivamente "electrónica" (como podía pasar con la buenísima "Mofo", de U2 en el disco "Pop", que de todas formas significaba algo diferente dado que venía de un grupo "de rock") sino más bien "texturas", como si en el contexto de una pieza uptempo se aprovechasen los recursos de la música ambient.
En cierto sentido, los momentos donde un recurso es llevado a una posición de mayor frontalidad suelen ser aquellos más basados en samples; "Natural blues" es acaso el mejor ejemplo: por detrás de la voz de Vera Hall y el piano fino y metálico hay un mundo completo de detalles sónicos, que van desde glitches, burbujas de reverb, golpes de hi hat cargados de efec tos, mínimas frases de sintetizador, cuerdas y vocalizaciones, que llevan a que tras un par de escuchas atentas el asombro pase no tanto por la evidente emotividad de la canción sino por el buen trabajo de mezcla.
Algo similar opera en la más espaciosa "Honey", que samplea a Bessie Jones a partir de la colección de música folk ensamblada por Alan Lomax y le suma el piano machacón de la canción "Woman to woman", de Joe Cocker, además de una serie de capas sonoras más finas que construyen un ambiente de interés.
La parte más oscura del disco (a partir de "Machete", digamos), hace más evidente el énfasis en los aspectos más estrictamente sonoros o texturales de la propuesta: la breve "7" -acaso la más ambient del disco-, con su reverberb extraordinario, sería un buen ejemplo, pero tambíen están "Down slow" (submarina, diríase) y la base loopeada (y decorada con scratch) de "If things were perfect", "Everloving" (uno de los momentos más sobrecogedores del álbum) e "Inside" (otra vez ambient digamos "puro", con fraseos de piano que suenan a un Harold Budd de comercial pretencioso pero que en el contexto de la pieza funcionan bastante bien). Acaso "The sky is broken" se vuelva ya redundante a esa altura del álbum, pero los tratamientos efectuados sobre las voces en "My weakness" vuelven a levantar el nivel de inmediato y ofrecen un cierre emocionante.
Es extraño el caso de "Guitar, flute & string"; quizá lo inane de los arpegios y los arreglos de flauta (y cuerdas más hacia el final) terminen por apuntar hacia la cualidad estrictamente sonora de la pieza: los graves reberberantes y el tremolo distante en las cuerdas, por ejemplo; en cualquier caso, no se trataba de algo que no estuviera ya dicho -y de manera más interesante- en las piezas precedentes.
La primera mitad podría pasar por la más pop, y tiene en la deliciosa "Run on" (una canción tradicional folk también llamada "God's gonna cut you down) una suerte de enclave entre pizas más ambient; sin duda que la serie de los primeros cuatro tracks es más que elocuente, pero una vez más vale la pena aguzar (ni que fuera necesario esforzarse tanto) para escuchar qué pasa más allá de las capas más obvias.
Se puede argumentar que procedimientos de la música ambient y minimalista ya habían sido llevados al pop años décadas atrás -Brian Eno, por ejemplo, usó todos los trucos cuando produjo "The unforgettable fire", de U2, en 1984, y después de todo, la misma hibridación pop ya estaba presente en "Low" (y no sólo en el lado A: cabe pensar en "Weeping wall" como una reescritura Pop de "Piano phase" o "Music for 18 musicians", de Steve Reich)-, pero decir que lo de Moby llegó tarde o que, simplemente, otros se le adelantaron, es ante todo no entender cómo funciona el pop. Por supuesto que "Play" no es un disco experimental ni arriesgado, pero si ha de brillar por algo -y en cualquier caso el disco se las arregla para hacernos sentir que brilla- es por su artesanado excelente.

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