miércoles, 28 de junio de 2017

"Master of puppets", Metallica, 1986, Elektra


Supongo que es dificil discutirle al tercer álbum de Metallica un lugar central en el canon metalero; lo fácil es recurrir, en todo caso, a pensarlo el mejor álbum del género no grabado por Black Sabbath, y en la medida en que sin alejarse marcadamente de las raíces thrashmetaleras incorpora un buen panorama de las posibilidades -al menos en tanto eran visibles en 1986- del metal como género musical, textura y expresividad lírica y emotiva, su estatura de obra maestra parece ineludible. Si bien el lado A es inobjetable y no tiene lugar para una secuencia de sonidos que no se pueda sentir ahora como clásica, y teniendo en cuenta a la vez que en gran medida su estructura en tanto álbum sigue a la del disco anterior de la banda, acaso pueda pensarse que "Battery" es un comienzo comparativamente débil y que la cara B tiene un arranque más auspicioso: a la vez, el hecho de que la primera declaración de lo que quiere ofrecer el disco aparezca pasados 5:12 -es decir toda la longitud de "Battery"- hace pensar que esa primera canción, en tanto una de las más agresivas de la selección, sirve de entrada a un mundo sonoro que se extiende un poco más allá (también lo hacía, pero en menor medida, "Ride the lightning" completo) del thrash metal básico. "Disponsable heroes", en todo caso, quizá haga eso de manera todavía más brillante: con su tempo aceleradísimo (220 BTM) y su intensidad parece señalar que la banda trascendió el thrash pero no se olvidó de cómo tocarlo, y en ese sentido funciona bien a comienzos del lado B o pasado el centro del CD: aporta la sensación de un nuevo comienzo, de un nuevo ciclo, que regresa al punto de partida para representarlo aún más dramático y agresivo.
De todas formas, es dificil pensar en el lado A por fuera de la idea de que contiene las dos piezas más fascinantes del álbum, tanto la que le da título -con sus múltiples secciones, sus cambios entre 4/4 y 5/8, la precisión de sus riffs de guitarra, el virtuosismo del bajo y el maravilloso interludio climático primero acústico y luego decorado por una guitarra de distorsión cristalina- como la siguiente, que, si debiéramos juzgar la calidad de una canción lovecraftiana por la manera en que nos convence de que haciéndola sonar efectivamente despertará el gran Cthulhu de su sueño en R'lyeh, sin duda se vuelve la mejor composición musical inspirada en los mitos de Cthulhu en general y en "La sombra sobre Innsmouth" en particular. Es la pieza más sabbathiana y por tanto doom del disco, y si bien ataca todo el tiempo y sin piedad, al escucharla se siente que lo que suena no es tan diferente a una pieza dark ambient: todo se vuelve amenazador, sórdido y retorcido, mientras la letra acierta con su "hunter of the shadows" y sus "hybrid children" que, casi como si operara un guiño al Jim Morrison de "The end", miran al mar y rezan por la libertad de su padre (recordar lo de "lost in a roman wilderness of pain / and all the children are insane").
Es tentador, también, pensar a "Leper Messiah" y a "Damage Inc" como las piezas menores del álbum, en tanto dicen lo que ya ha sido dicho, y con menos intensidad o eficacia. Pero, a la vez, contienen momentos tan disfrutables y de verdadero virtuosismo tanto musical en un sentido performático como de know-how desde las pautas de un género específico (el thrash, pero también las bases de un metal progresivo), que no hacen sino sumar al altísimo nivel general del álbum (a la vez que prefigurar caminos que tomará Metallica en su álbum siguiente).
Pero la obra maestra del lado B, se sabe, es el instrumental "Orion", que está sin dudas a la altura de "Master of puppets" y "The thing that should not be": acá hay metal y hay ambiente, hay atmósfera y musicalidad, hay textura (la belleza de las frecuencias bajas sobre la batería casi motorik del comienzo) y una sensación de movimiento, de viaje, de road movie si se quiere. De hecho, desde el aporte textural de "Orion" alcanza un mayor interés "Damage Inc", especialmente desde el buenísimo paisaje sonoro de su introducción, interrumpido (asesinado) por el ataque de la guitarra.

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