martes, 13 de junio de 2017

"In the wee small hours", Frank Sinatra, 1955, Capitol


El noveno álbum de estudio de Frank Sinatra es ante todo una colección de estándares más o menos jazzeros, pero además de uno de los primeros LPs de 12 pulgadas en la historia de la música pop ha sido descrito como un precedente del llamado "álbum conceptual". Las canciones fueron elegidas por su melancolía (la portada con el paisaje azulado y la figura solitaria de Sinatra claramente jugaban con las connotaciones del término "blue") y por contener letras que abordaban temas como la soledad, las relaciones fallidas (el propio Sinatra llamaría al disco "el álbum de Ava", en referencia a su ruptura con la actriz Ava Gardner), el amor perdido y la vida nocturna, pero también es verdad que toda la movida tenía que ver con relanzar a Sinatra bajo una nueva persona, más madura y profunda, si se quiere, en lugar de la imagen frívola que había ofrecido hasta entonces en su carrera (que por cierto estaba casi en decadencia a la hora de salida de este disco). ¿Pero qué es un álbum conceptual? Quizá "In the wee small hours" viene a dar una respuesta desde el comienzo de la industria del pop, y así cualquier colección de canciones en las que pueda distinguirse un hilo conductor o un tema o temas recurrentes lo será: ese tema puede ser narrativo (y el caso digamos "extremo" serían las llamadas óperas-rock, un término que me desagrada profundamente) o puede abordar una idea o noción y hacerla funcionar en diversas metáforas (como en "Dark side of the moon"), o combinar una narrativa parcial o insuficiente con la sugerencia de una idea básica (como en "The rise and fall of Ziggy Stardust and The Spiders from Mars") o incluso con un ejercicio metamusical o metanarrativo (como lo que quiso ser "Sgt.Pepper's lonely hearts club band" o "Sultans of swing" o "Willie and the poor boys", como el ya mencionado "The rise and fall...").
El problema de esta definición, sin embargo, es que excluye de la noción de "álbum conceptual" únicamente a los compilados, en tanto estos no llevan la marca del diseño específico: cualquier álbum de cualquier banda, podría argumentarse, lleva el eje o el hilo conductor de su momento en el discurso biográfico acerca de su creador o creadores. Se trata, claro está, de algo así como un "grado cero" del álbum conceptual; el de Sinatra, en cualquier caso, reúne la visibilidad bastante fuerte de los temas ya mencionados con marcas sonoras y emotivas, y de paso funciona también si pensamos que esas marcas son elegidas para distinguir del pasado al momento entonces presente en la carrera de Sinatra. Una vez más: es la operación de una máquina pop que elige canciones por un rasgo en común que será después aplicado a (o predicado de) el músico en cuestión. La noción de autoría (en rigor las de "In the wee small hours" son todas covers, pero el concepto de estándar ofrece un pliegue más a esa idea) puede complicarlo un poco más -esa idea de "cierto momento específico en la carrera de una banda" parece más clara si la banda en cuestión compone sus propias canciones, ese paradigma Beatle-, pero es fácil ver que la cohesión sonora y emocional de las 16 canciones del álbum de Frank Sinatra es elocuente.
Esa intención de presentar al cantante bajo esa luz de madurez y fragilidad parece encarnarse también en la maravillosa voz con la que Sinatra cantó estas canciones; el acompañamiento musical, por otra parte, va desde un mínimo de piano jazzero más algo de guitarra (al comienzo) y contrabajo -en la buenísima "Can't we be friends"- hasta las texturas de la orquesta arreglada por Nelson Riddle (en la mayoría de las piezas). El sonido es marcadamente fino y hasta tenue (diseñad para quedar en marcado segundo plano por debajo de la voz), y en los fraseos flotantes y evanescentes se arma un paisaje urbano delicado y hasta por momentos onírico, lo que notoriamente contribuye al clima nocturno del álbum y termina por ser -más allá del disfrute indudable del talento vocal de Sinatra- lo más interesante de la propuesta: un sonido ligeramente extraño (al menos desde el lado de acá de la historia del pop), no del todo terrenal (lo cual, además, resuena con el fondo estilizado -no una fotografía- de la portada), que envuelve las canciones y las confunde, atenuándose lo suficiente en las canciones con instrumentación más mínima como para de alguna manera subrayarlas o privilegiarlas, en una suerte de pulso o ímpetu de variación. Así, uno de los extremos en la propuesta es el final de "Last night when we were young", con un máximo de dramatismo apoyado por la orquesta (que también se nota, por momentos, en "When your lover has gone"), mientras que el loop de celesta en "I'll be around" propone una suerte de fondo mínimo entre las 16 canciones, a la vez que "Mood indigo" pasa por la más claramente jazzera.

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