lunes, 1 de mayo de 2017

"Cracked actor", David Bowie, 2017 (1974), Parlophone

La gira con la que Bowie promocionó en 1974 su octavo álbum de estudio comenzó como una apuesta marcadamente teatral, con coreografías elaboradas y una escenografía gigantesca; el costo de mantener todo funcionando, sin embargo, resultó ser demasiado grande, y el propio Bowie prefirió llegado el momento descartarlo todo en favor de una serie de conciertos más convencionales y menos rígidamente pautados. El resultado fue conocido como "The soul tour" y vio un recambio de los músicos implicados, especialmente por el agregado de Carlos Alomar en la segunda guitarra y -en los últimos meses- el inmenso baterista Dennis Davis, con quienes Bowie grabaría todos los discos que seguirían esa década, además de a nada más y nada menos que Luther Vandross en los coros, junto a Gui Andrisano, Ava Cherry, Warren Peace (quien ya había cantado junto a Bowie en los últimos conciertos de la era de Ziggy Stardust), Robin Clark, Diane Sumler y Anthony Hinton, quienes se sumarían eventualmente a las sesiones de grabación de "Young americans" (1975). Así, si ya "Diamond Dogs" era un álbum de transición entre el glam y el posterior sonido soul al que se dedicaría Bowie, el "Soul tour" lo muestra ya plenamente sumergido en esa estética y, de paso, libre de los juegos narrativo-conceptuales de la mitad anterior de la gira y su álbum correspondiente.
Como testimonio de esa primera mitad quedó el álbum en vivo "David Live" (1974), cuya grabación fue problemática y, además, terminó por ofrecer un disco cuestionado por lo artificial de sus performances (incluso para los estándares de Bowie, es decir), más similares a un show de Las Vegas que a un concierto de rock (aunque Bowie, siempre superándose, daría un paso todavía más allá con el complicadísimo "Glass spider tour" de 1987). En rigor, el disco contiene muchas performances de interés, pero se le nota, y mucho, esa rigidez de la que Bowie quiso desprenderse cuando decidió reformular la gira.
Del "soul tour", en cambio, no quedo registro oficial alguno, aunque sí algunos bootlegs de pobrísima calidad de sonido. Esto acaba de cambiar, por suerte, con la salida (en edición limitada y en vinilo) de "Cracked actor", la performance del 5 de septiembre de 1974 en Los Angeles, restaurada y remezclada por Tony Visconti. Y el "por suerte" es mucho más amplio de lo que pueda parecer, porque la actuación de Bowie esa noche fue maravillosamente intensa y llena de vida, casi lo contrario a la actitud más encorsetada conservada por "David Live".
En general los arreglos son parecidos a lo que ya se conocía por ese disco, pero además del notorio cambio en la performance vocal está el aporte ineludible de los cantantes dedicados a los coros y, por supuesto, la inclusión en el repertorio de "It's gonna be me" (que no integraría finalmente "Young americans" pero aparecería a lo largo de los 90s en varios compilados y bonus tracks, hasta reaparecer el año pasado en "The gouster", la reconstrucción para el box set "Who can I be now?" de la primera fase en el proceso de grabación y concepción de "Young americans") y lo mejor del concierto: la versión (única oficial en vivo) de "John I'm only dancing (again)", la reescritura soul/proto-disco del clásico sinbgle de la era glam.
Vale la pena destacar la versión "latina" de "Aladdin Sane", mucho más brillante que la que suena en "David live", la performance más groovera y densa de "Knock on wood" (muy beneficiada por la expansión del número de cantantes de coros), "Diamond dogs" y "The jean genie", más unas excelentes "Changes", "Space Oddity" y "Time".
Lo menos llamativo del disco está en las canciones que no encuentran un tratamiento distintivo en relación a las versiones de "David Live", "Moonage daydream" acaso la más notoriamente socavada por los arreglos soul, pero aún en ellas es dable encontrar a un Bowie que, notoriamente, está disfrutando el momento mucho más que lo que ya le habíamos oído de esta etapa de su carrera en vivo. "Cracked actor", entonces, es sin lugar a dudas lo mejor que ha sido editado de David Bowie desde su muerte hasta ahora (mucho más valioso e interesante que el ya mencionado "The gouster"), y es una pena que no reciba -por ahora, esperemos que esto cambie- una distribución más amplia y una edición en CD.

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