miércoles, 31 de mayo de 2017

"Three of a perfect pair", King Crimson, 1984 EG/Warner

Ya desde su título el tercer y último album de la formación ochentera de King Crimson (y décimo de la banda, pero quizá sea demasiado pensar que es la misma banda, tanto literal como estilísticamente hablando, que lanzó "In the court of the Crimson King" en 1969) hace pensar en dualidades complicadas por una tercera posibilidad; una forma de resolver el problema de "tres de un par", por supuesto, es apelar al viejo esquema de tesis/antítesis/síntesis y pensar que para la tesis de "Discipline" (1981) -minimalismo aplicado a un cuarteto de rock, experimental en sus paisajes sonoros, observación sobre el rock pospunk o incluso pos-new wave- y la antítesis de "Beat" (1982) -una orientación más pop, más hacia el formato canción, una vocación más de ejercer un estilo que de indagarlo- cabe pensar en una síntesis que incluya lo mejor de ambos mundos; en esa línea, entonces, parece claro pensar en los dos lados del vinilo original de "Three of a perfect pair" como la yuxtaposición y resumen de los dos álbumes anteriores en uno solo: un lado A de canciones y un lado B de instrumentales y piezas experimentales. 
Claro que, en rigor, el esquema no funciona del todo bien, como tampoco está tan claro que "Beat" sea un disco pop y que "Discipline" (de todas formas el mejor de los tres) resulte tan arduo (buena parte de "Frame by frame" y "Matte kudasai" lo desmienten); en todo caso, sí hay una concentración mayor de canciones en el lado A, con el title-track, "Model man", "Man with an open heart" y, acaso un poco en menor medida (por la complicada intro de bajo slapeado), "Sleepless". Sin duda que cuatro canciones -todas ellas brillantes, aunque acaso haya que destacar "Three of a perfect pair" y "Sleepless"- seguidas terminan por ofrecer un esquema claro de lo que se buscó en ese lado del disco, pero el cierre con "Nuages (that which passes, passes like clouds)" sin duda complica un poco el panorama.
El lado B, en todo caso, parece efectivamente el reverso del anterior, y es interesante que la edición CD (el estándar ahora, y más desde la oportunísima remezcla de Steven Wilson) "Nuages" quede seguida inmediatamente, sin el quiebre impuesto por la necesidad de cambiar de lado, por "Industry": ambos son instrumentales, ambos apuestan a generar paisajes sonoros, ambos hacen un uso especialmente interesante -aunque no el mismo- de la percusión y ambos retoman la cosa digamos "abstracta" -el término no es el más feliz, pero piénsese como "libre de la pretensión melódica"- de las largas y geniales improvisaciones de la era inmediatamente anterior, la de 1972-74, resumidas de alguna manera en "Providence" (de "Red", 1974) y "Starless and bible black" (del álbum del mismo nombre de 1974), o, si se busca un poco más en álbumes en vivo, la asombrosa "Voyage to the center of the earth" o "The law of maximum distress" (ambas en el box set "Starless"). Quizá justamente ahí esté el punto que articula al álbum: "Nuages" es el lado A visto desde el B, del mismo modo que "Dig me", pasada "Industry", es lo más parecido a una canción (al lado A, es decir) que puede producir el lado B. Se trata, precisamente, de los pedazos desencajados de una canción, algo así como un juguete mal ensamblado y por eso mismo inquietante y fascinante a la vez.
El lado B cierra con dos instrumentales más: "No warning", el más breve de ese sector del álbum (la pieza más corta, de todas formas, está en el lado A y es "Man with an open heart"), y la obra maestra del disco (junto a la del título, en todo caso), que también mira hacia el King Crimson '72-74 y, de hecho, retoma a la que cabría pensar como su composición más emblemática (o una de las dos o tres más emblemáticas, junto a "Fracture" y "Starless"), "Lark's tongues in aspic", cuyas partes uno y dos abrían y cerraban, respectivamente, el álbum de ese nombre; la tercera parte de la pieza, entonces, no sólo retoma el motivo rítmico que atraviesa a las dos (el célebre riff en 5/4) y usa de introducción una sección semiperdida en la parte 1 (pero presentada con el lenguaje de moto perpetuo de "Fracture", lo cual hace aún más marcada la inmersión en ese momento de la banda) sino que suena a una suerte de "actualización" de la pieza, en particular desde el sonido digamos "electrónico" de la percusión, y, por supuesto, una traducción al lenguaje más específico de la guitarra noise de Belew y el bajo de Tony Levin.
La edición -que cabría pensar como definitiva- retoma la idea de la tesis, la antítesis y la síntesis, al punto de ofrecer -a modo de bonus tracks- una tercera zona o lado del álbum, que quedaría dividido en "lado izquierdo" (el A del vinilo original), "lado derecho" (el B) y "el otro lado" (con una versión más larga de "Industry", dos instrumentales más y tres mixes de "Sleepless"), en un esquema que recuerda al de "del lado de acá"/"del lado de allá"/"de otros lados" de "Rayuela".

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