martes, 2 de mayo de 2017

"Epicus doomicus metallicus", Candlemass, 1986, Black Dragon

Todo estaba más o menos establecido en los primeros álbumes de Black Sabbath (en particular en "Master of reality", el mejor de la banda) y también sonó unos años después, ya en los ochentas, la música de Saint Vitus y Pentagram, pero acaso la primera obra maestra del doom metal entendido como tal -es decir como un subgénero del metal, hasta el punto que en el latín macarrónico del título ya está especificado género, subgénero e incluso sub-subgénero- fue el primero de Candlemass, en un tiempo donde el metal aspiraba a la velocidad y la paliza del trash.
Es decir: los estándares ya estaban fijados por Sabbath, y medida con esa regla la música contenida en "Epicus Doomicus Metalicus" está cerca de la perfección, en particular la pieza que abre el disco, "Solitude", con su riff principal absolutamente memorable.
Hay momentos más rápidos, en cualquier caso, y entre ellos hay más de lo mejor del álbum, "Black stone wielder" entre ello, con el riff excelente (y casi minimalista) que suena en las estrofas y en la intro (a partir de 1:13).
Quizá la obra maestra del disco sea la composición que lo cierra, "A sorcerer's pledge", que suma al clima tenso e inquietante del comienzo una sección central en tempo acelerado y un final más propiamente doom (con las fantasmales melodías en voces femeninas que lo clausuran), siempre como plataforma de la performance dramática, operística del vocalista Johan Längqvist.
Se trata, en última instancia, de un disco asombrosamente consistente, sin canciones en las que decaiga el nivel; así, tanto "Under the oak" (en la que acaso sobre la pirotecnia de los solos de guitarra, eventualmente descartada en los sucesivos refinamientos del género) como "Demons gate" son piezas muy disfrutables aunque acaso algo menores comparadas con los mejores momentos del álbum, entre los que cabe contar, sin duda, la impresionante y ominosa "Crystal ball".
Finalmente, a la hora de escucharlo, la única opción viable es el remaster de 2003, que incluye -además de un sonido muuuuuuy mejorado en relación a la primera edición en CD- un disco bonus en vivo sumamente recomendable.

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