lunes, 29 de mayo de 2017

"Selected ambient works volume II", Aphex Twin, 1994, Warp


Es fácil olvidar que la definición aportada por Brian Eno para "música ambient" no implicaba que la relación entre ésta y el oyente quedara resuelta enteramente por la idea de una música funcional al entorno en tanto sonidos "en segundo plano", por decirlo de alguna manera, sino que lo propuesto señalaba la posibilidad de los dos modos de escucha: el ambient, es decir, debía tolerar tanto su uso de fondo como su uso de figura. Se podía abstraer la atención (fijarla en cualquier otra cosa con el efecto residual de que seguía sonando aquello), o centrarla, y ninguna de las dos maneras debía ser la ideal, la específica, ni agotar al proyecto completo.
Cabe empezar a pensar "Selected ambient works volume II" desde esa noción. El precedente -que no se titula "volumen uno" sino que acusa el período 1985-1992, o más específicamente 85-92- había sentado las bases para y expuesto con rotunda claridad lo que otros llamarían IDM ("intelligent dance music") y que cabe pensar como "techno para escuchar en casa"; la idea de un techno-ambient, entonces, parece cuestionar la definición de Eno, en tanto el beat marcadísimo del género hace cualquier cosa menos dejar de llamar la atención (y por tanto forzar al oyente a ese modo específico de relacionarse con la música en el momento presente de la escucha). En ese sentido, el volumen II (de una serie que, recordemos, en rigor no existe: tampoco hay un volumen II y sí rastros de la propuesta en el resto de la discografía de Richard D. James, sea con el pseudónimo/heterónimo de Aphex Twin o con cualquiera de los otros) se vuelve un enigma: no sólo porque funciona -dificilmente pueda pensarse que no es "ambient"; dificilemente pueda pensarse que no es uno de los discos "ambient" más impresionantes de la historia de la música- sino porque jamás llega a prescindir del todo de la percusión marcada, del beat digamos: la clave está en cómo disfrazarlo, como incorporarlo a esas texturas abstraídas al máximo que llenan los 156 minutos y medio del álbum.
Pero hay más: las piezas, que carecen de título -salvo las imágenes que se les asocian una vez resuelto el puzzle incorporado al arte del álbum, y, después, las descripciones verbales de esas imágenes, consagradas por el uso-, son tan austeras que en sus cinco o seis minutos promedio de duración la reiteración una y otra vez de las mismas sonoridades y texturas logra que la percepción y la memoria colapsen y el álbum se sienta inmenso, inabarcable. A la vez, sin embargo -y acá hay otra manera de pensar el tenso y sutil juego entre opuestos pautado por el disco-, la escucha atenta (muchas veces convocada dramáticamente por la irrupción de un sonido inesperado o fuera-de-contexto, como el maullido alienígena que suena a los 2:19 del paisaje percusivo de "Metal grating", una de las piezas más impresionantes del álbum) descubre detalles asombrosos: contornos precisos en la niebla de un sueño.
Quizá cierta sensación o cualidad onírica es la única cosa que hilvana las 23 o 25 (según qué versión se escuche) piezas del álbum, más allá de un par de estrategias conceptuales (la de equiparar imágenes a piezas en plan sinestésico y omitir los títulos diamos "reales") y de procedimiento (loops, sampleos, efectos empleados para deformar sonidos tomados de la vida cotidiana, instrumentos creados a propósito para la pieza en cuestión, etc). En ese sentido, los sonidos de "Selected ambient works volume II" funcionan a las mil maravillas si lo que pedimos de la música ambient es la mutación o transfiguración del cuarto donde hacemos tal y cual cosa y de paso escuchamos música; "Grass", por ejemplo, es tan cinemática en su exploración de un mundo extraterrestre como el periplo de los astronautas de "Alien" dentro y fuera de las ruinas de la nave espacial; esa mutación puede acercarse a una metáfora de intrspección ("Lichen") o a lo ominoso y lo siniestro ("Windowsill", "White blur 1", "Tree") como a lo inquietante y fuente de disonancia cognitiva ("Tassels", "Rusty metal"), pasando por lo plácido y luminoso (la bellísima "Parallel stripes") o, de hecho, atravesando varias zonas emocionales en una única pieza ("Blue Calx", "Matchsticks"), incorporando una dimensión rítmica más marcada ("Metal grating", "Weathered stone", la especialmente techno "Corrugated tubing"), perdiéndose en acordes vastísimos ("Parallel stripes"), loops enervantes y mínimos ("Cliffs", "Radiator", "Curtains"), paisajes sonoros aparentemente amusicales por completo ("Windowsill", "Leaves") o, por supuesto, un poco de esto y un poco de aquello ("Domino", "Siding nails"); el resultado es tan amplio y variado que una vez más se percibe al álbum como inabarcable, una suerte de "arte de la fuga" (¿"arte del ambient"? ¿"arte del techno?") o "clave bien temperado", si bien en esta última obra inmensa de Bach los principios que guían la proliferación sonora son, al menos, rastreables a una idea básica simple. En ese sentido, la "idea básica simple" de "Selected ambient works vol 2" surge de una mente alien: como en los discos más fascinantes de la historia del pop ("Larks tongues in aspic", "Revolver", "Low", "Ambient 1: music for airports") el procedimiento puede ser reconstruido y su secreto señalado, pero el disco en cuestión nunca dejará de callar su misterio.

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