domingo, 7 de mayo de 2017

"Lust for life", Iggy Pop, 1977, RCA

Sin duda el talento musical y el estilo de los hermanos Hunt y Tony Sales fue de especial importancia, pero parece inevitable pensar las notorias diferencias musicales, sonoras y de actitud entre el segundo álbum solista de Iggy Pop y su predecesor como un redescubrimiento de cierto impulso fresco, dinámico y, digamos, rockero, una forma de "vida" o una determinación a crear una música menos cerebral y más directa que la que dominó "The idiot". Y, a la vez, se trata de Iggy Pop tratando de tomar las riendas, para lo cual parecía necesario encargarse de que Bowie -que de todas formas co-compuso todas las canciones del lado B y compuso enteramente la música de tres del lado A, además de tocar teclados, cantar coros y co-producir el álbum junto a Iggy y Colin Thurston (acreditados como "The Bewley Bros", en referencia a la obra maestra de "Hunky dory")- no dominara el proyecto como, cabe pensar (pero no sería del todo acertado: las influencias fueron mutuas y hay tanto de "The idiot" en "Low" como de Bowie en el primero), sí ocurrió con el primer álbum solista de Iggy. En cualquier caso, valdría la pena pensar también en ciertos cambios en la carrera y la vida personal de Bowie como otra posible causa de la personalidad de "Lust for life": como si este fuera a "The idiot" lo que "Heroes" es a "Low".
Una de las canciones -"Turn blue", una de las performances vocales más estremecedoras el álbum y de la discografía completa de Iggy Pop- había sido bosquejada en 1975, en medio de unas sesiones de grabación frustradas que Bowie organizara para Pop, pero el resto fueron concebidas en 1977 y grabadas a toda velocidad (8 días para grabar y mezclar, según Pop) en abril, en los estudios Hansa en Berlin, con Carlos Alomar y Ricky Gardiner en guitarras, además de los ya mencionados hermanos Sales (que luego reaparecerían en la historia de Bowie como la mitad de Tin Machine).
Si bien "The idiot", con su desolación postindustrial y su introspección, era un álbum que proponía al sonido, a las texturas y los timbres como una parte tan esencial de lo propuesto como las letras,  y "Lust for life" apuesta más bien por una musicalidad rockera visceral, hay dos momentos en los que el interés de lo que se escucha pasa especialmente por el sonido: son, de hecho, dos de los mejores y más emblemáticos momentos del disco, "Lust for life" y "The passenger", con el sonido imparable e inmenso de la batería en la primera de estas canciones, que además abre felizmente el álbum, y las bellísimas y texturas de guitarra de "The passenger", que arrojadas al sonido general de la canción contribuyen a evocar el viaje nocturno que cabe leer en la letra.
Acaso lo más olvidable del disco sea el cierre, "Fall in love with me" (en el que los músicos intercambian posiciones: Tony Sales toca la guitarra, Hunt Sales el bajo y Ricky Gardiner la batería), que de todas formas contribuye a un clima más relajado y vital, visible también -aunque cabe argumentar que en clave irónica- en "Success", la apertura del lado B, que acaso parezca ligeramente inferior comparado con el que abre con "Lust for life" y cierra con la maravillosa "Tonight".
De hecho, todo el lado A suena tenso, concentrado y desbordante de energía, tanto en la excelente "Some weird sin" como en la más oscura y agresiva "Sixteen". En las cinco composiciones que integran este lado del álbum está más que clara la fusión entre la sutileza sonora de "The idiot" y el ataque rockero de los Stooges, y la convierte en una buena candidata a lo mejor jamás grabado por Pop, al menos como solistas (aunque si hablamos de preferencias personales mi corazón está con "The Idiot", asi sea únicamente porque tiene esa obra maestra que es "The dum dum boys", cuyo potencial épico no aparece -con esa intensidad- en ninguna de las canciones de "Lust for life").
Acaso el problema del lado B es que notoriamente empujó a las piezas menores hacia el final; dicho esto, no deja de ser interesante "Neighborhood threat", que parece anticipar el sonido de trabajos posteriores de Iggy Pop y logra, gracias al sutil piano a cargo de Bowie, alcanzar tanto una cualidad agresiva y dinámica como una atmósfera extática, que estalla en la segunda mitad de la canción con el uso -característico del álbum, por cierto- de los coros de Bowie, Alomar y los hermanos Sales.

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