miércoles, 10 de mayo de 2017

"Some girls", The Rolling Stones, 1978, Rolling Stones

Es dificil, y probablemente innecesario, discutir el lugar común que señala a "Some girls" como la única obra maestra indiscutible de The Rolling Stones después de "Exile on main street" (1972); en efecto, el trío de álbumes "Goat head's soup" (1973), "It's only rock'n'roll" (1974) y "Black and blue" (1978), si bien incluyen canciones indudablemente clásicas y otras tantas joyas ocultas, palidecen ante el logro que representan el ya mencionado álbum doble y su predecesor inmediato "Sticky fingers" (1971), y en estos cabe encontrar, qué duda cabe, lo mejor de la banda; además, después de "Some Girls" el panorama se complica: después de un disco desparejo como "Tatto you" (1981) y de la ligera caída representada por "Emotional rescue" (1980), la banda recién lograría un nivel acorde a su leyenda con algunas piezas de "Steel Wheels" (1989) y casi todo "Voodoo lounge" (1994). En este contexto, "Some girls" es un verdadero regreso al mayor alcanzado por los Stones, con apenas una o dos canciones comparativamente menores, el rockito deliciosamente estridente "Lies" y la más floja "Shattered", colocadas -quién sabe por qué- al final de sus respectivos lados en el vinilo original. Podrá argumentarse que "Shattered" es algo así como un ejemplo perfecto o hasta emblemático de cierta cualidad stone (desprolija, despreocupada, un poco -pero no mucho- más compleja de lo que parece a simple vista), pero al menos en relación a lo mejor de "Some girls" -descartado a lo sumo el excelente cover de The Temptations, "Just my imagination (running away with me)", que en rigor es uno de los momentos más disfrutables del álbum- le corresponde sin duda un lugar de menor distinción.
El resto del disco ofrece un sonido que persuade como cohesivo y homogéneo, con algunos destaques específicos ya no tanto en cuanto a una posible calidad de composición sino a ciertos detalles de instrumentación o estética, muy notoriamente el acercamiento a la música disco en "Miss you" -que además incluye una instrumentación inusual en el contexto del álbum en tanto incorpora tres músicos adicionales a la banda (Ian McLagan en piano eléctrico, el veterano de King Crimson Mel Collins en saxofón y Sugar Blue en armónica, con un desempeño memorable)- y el perfil más directo, agresivo, visceral y punk de "Respectable", que parece poner en evidencia una suerte de híbrido entre Chuck Berry y los Sex Pistols o, si se quiere, una manera de mostrar que el punk implicaba una actitud de retorno a las raíces (a la vez que se estipulaba que, de alguna manera, los Stones nunca se habían alejado demasiado).
En ese sentido también cabe destacar "Far away eyes", que se apropia del sonido Bakersfield de la música country, una suerte de versión más sucia o desprolija de las cuidadas producciones asociadas al sonido Nashville y, por tanto, acaso la forma de country más cercana a esa cualidad stone sugerida más arriba. Musicalmente la pieza es una reescritura fiel del estilo en cuestión, pero la performance vocal de Jagger, con su pronunciación sureña berreta, sin duda aporta un matiz de distancia irónica.
Hacia 1978 la escena neoyorquina disfrutaba de una efervescencia musical y creativa tan grande que sin duda habría que pensarla como uno de los momentos seminales de la historia del rock (pensemos en el post-punk, en la new wave, en los experimentos no-wave de Eno y compañía, etc), y de alguna manera el lustre especial de "Some girls" habría de ser vinculado a ese momento tan particular; pero el sonido distintivo del decimosexto (o decimocuarto, según se considere la discografía americana o británica, respectivamente) también tiene entre sus fuentes al protagonismo especial de Jagger como compositor y, digamos, ideólogo del álbum, así como también al entonces ya pleno ingreso de Ron Wood a la banda, con su tantas veces comentada articulación de guitarras con Keith Richards (además de sus habilidades con el slide).
Otra pieza de especial interés es la que da nombre al álbum, cuya letra parece tan peleada con nuestros tiempos y cuya música consiste básicamente en un groove de dos acordes (La y Re, con un breve escape a Mi), con algunos solos y arreglos de guitarra y otros tantos de armónica, cuidadosamente mezclados en una parafernalia de suciedad y textura fascinantes.
Del mismo modo cabe destacar el momento de rock tenso de "When the whip comes down" y la buenísima "Before they make me run", evidentemente uno de los cuatro o cinco mejores aportes de Richards a un disco de los Stones.

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