miércoles, 31 de mayo de 2017

"Sonatas para viola da gamba y clave", J.S.Bach, 1730-40, versión de Juan Manuel Quintana y Céline Frisch, 2001/2006, Harmonia Mundi

La primera versión que escuché de las tres sonatas para viola da gamba y clave (BWV 1027-29) de JS Bach fue la de Keith Jarrett (clave) y Kim Kashkashian (viola), publicada en 1994 por ECM; la compré creo que en 1999, y entonces ignoraba por completo quién era Jarrett, más allá de que había escuchado su versión de las variaciones Goldberg (también en ECM, de 1989, también mi primera aproximación a esa obra de Bach que desde entonces ha sido algo así como mi obsesión más recurrente) y me había gustado (después dejó de parecerme tan interesante: Jarrett hace sonar al instrumento magnificamente, no se apura demasiado ni se zarpa con los adornos, pero parece que empezara y parara con cada variación y hace las repeticiones -tan importantes, por cierto- cuando él quiere o al azar), aunque eventualmente me desilusionó que se tratara de una trasposición a la viola de brazo y que no sonara, por tanto, el instrumento elegido por Bach, que ya en el tiempo del compositor (y las tres sonatas en cuestión datan posiblemente de 1730-40, es decir de la etapa de Leipzig) era considerado una cosa del pasado pero que el amor por lo retro -llamémoslo así- de Bach lo llevó a componer no sólo estas tres sonatas bellísimas sino, especialmente, todo el hermoso concierto número 6 de los Brandeburgueses, en el que las violas da braccio (que ya estaban imponiéndose entre los músicos de la época) dialogan -se pelean- con las da gamba. En algún momento de esta historia me compré todos los CDs de Fretwork -el conjunto de gambistas- que pude encontrar y me enamoré del sonido de la viola da gamba: era el momento de volver a las tres sonatas y escucharlas con los que esta suerte de purismo instrumental me imponía. Fue así que di con la versión de Juan Manuel Quintana (a quien ya había escuchado, de hecho, en su buenísima interpretación de la suite para gamba y continuo de Marin Marais) y Céline Frisch, editada varias veces por Harmonia Mundi (la primera edición es de 2001, creo; la que yo compré de 2006). Acaso no sea la mejor (también en Harmonia Mundi está la de Paolo Pandolfo y Marcus Hünninger, que es una maravilla) pero ofrece desde su sonido de la viola una riqueza impresionante, lo cual salta a los oídos especialmente en los movimientos lentos. Es decir: sin duda que Quintana toca muy bien, pero buena parte de la belleza de este disco se debe a su instrumento también, y a la cuidadosa grabación.
Entre las tres sonatas quizá la más fascinante sea la tercera, BWV 1029, en sol menor, cuyo primer movimiento remeda frases del tercer concierto de Brandeburgo y su segundo arranca con una linea de viola de una dulzura increíble. Bach notoriamente reciclaba elementos de sus obras, y de hecho las sonatas para gamba y clave están reelaboradas para otras instrumentaciones, por ejemplo la sonata para dos flautas y continuo BWV 1039, que reproduce (o acaso es al revés) a la sonata para gamba y clave BWV 1027 (la primera de este CD), a la vez que la sonata trio en sol mayor (BWV 1039a - BWV 1027a) la recrea en órgano.
En ese espíritu, el disco de Quintana y Frisch incluye también una adaptación a gamba y clave de la sonata para violín y clave BWV 1019, que suena especialmente bien y resulta especialmente recomendable para quienes amamos el timbre de la viola da gamba.

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