sábado, 27 de mayo de 2017

"Waiting for the sun", The Doors, 1968, Elektra


La serie de álbumes digamos "clase B" de The Doors comienza en 1968 con el mejor de los tres en cuestión y tercero también de la banda. La mayor parte de las canciones, letras e ideas para canciones que Morrison había reunido en sus años previos a la eclosión de la banda y la grabación de su primer álbum ya habían sido usadas, y el denso calendario de toques por el que habían pasado hasta el momento de grabar "Waiting for the sun" les había dejado poco tiempo para componer en paz, así que la banda, que necesitaba además mantenerse al nivel de sus primeros dos trabajos, pretendió subir todavía más la apuesta y grabar "The celebration of the lizard", basada en un largo poema épico de Morrison (y de algún modo, de hecho, su obra arquetípica) y pensada como una pieza de múltiples secciones y una suerte de versión doorsiana de lo que después (o por esas fechas si atendemos al debut de King Crimson) iba a convertirse en el rock progresivo, algo si lo pensamos un poquito más de un segundo totalmente presente tanto en "The end" como en "When the music's over", y que reaparecería acaso más visiblemente aún (en cuanto al caracter rapsódico de la composición) en el title-track de "The soft parade". Pero la cosa no funcionó y de "The celebration of the lizard" sólo quedó un pedazo y la letra completa reproducida en el LP.
Sin embargo, ese pedazo sería lo mejor del (brevísimo: apenas 33 minutos) álbum; así, poco hay en "Waiting for the sun" que alcance el nivel apasionante y la ominosidad de "Not to touch the earth", con su bajo amenazante y su pulso de sintetizadores disonantes.
En cualquier caso, "The celebration of the lizard" sería tocada en vivo eventualmente, y la versión del primer concierto el 21 de julio de 1969 en el Aquarius Theatre de Los Angeles quedaría preservada en el lado B del disco 2 de "Absolutely live" (1970) y, después, en el disco 1 del compilado en CD "In concert" (1991), una de las dos o tres biblias de mi generación. Esa versión, por cierto, es maravillosa, y vuelve inevitable pensar en lo absolutamente genial que hubiese sido "Waiting for the sun" de haber incluido "The celebration of the lizard" en su versión de estudio (una etapa de su grabación queda documentada en la edición 40 aniversario del álbum, a modo de bonus track).
Pero "Waiting for the sun" incluye también piezas menores que casi alcanzan el nivel de lo mejor de los primeros álbumes; de hecho, cabe pensar en "Hello I love you" (con su riff tomado del estribillo de "Sunshine of your love" o, acaso, de "All the day and all of the night") como en el hit pop definitivo de la banda. Del mismo modo, tanto "The unknown soldier" como la siniestra "Five to one" pueden cómodamente ser colocadas al nivel de "Soul kitchen", "Strange days" o "Break on through".
Quizá el resto del álbum generó en su momento, y no del todo desacertadamente, la sensación de un rejunte de piezas un poco más edulcoradas que lo esperado, y algo de eso puede notarse en la deliciosa "Love street" y en la atmosférica "Summer's almost gone" (que de hecho pertenecía a ese primer conjunto de composiciones de Morrison); quizá lo más fascinante entre estas canciones, de todas formas, sean la breve y brillante "Wintertime love" y la apacible y expansiva "Yes, the river knows".
Aparte de "Spanish caravan", con sus secciones de guitarra tomadas del arreglo para guitarra de "Asturias (leyenda)", de Albeniz, el álbum no tiene mucho más de interés para ofrecer: "My wild love", con toda su mística doorsiana, no pasa de una pieza decorativa o complementaria, y "We could be so good together" está muy lejos del nivel de lo mejor del álbum.
"Waiting for the sun", de todas formas, ofrece los suficientes momentos de interés como para compensar el hecho de que habría sido una maravilla de haber incluido "The celebration of the lizard" junto a una selección de lo mejor de lo que finalmente terminó incluyendo, y sin duda el repertorio de la banda tiene en "Hello I love you", "Five to one" y "The unknown soldier" momentos esenciales; queda, sin embargo, "Not to touch the earth" como la joya oscura del álbum y una de las piezas más fascinantes de la banda.

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