domingo, 15 de enero de 2017

"Axis: Bold as Love", The Jimi Hendrix Experience, 1967, Track Records



Seguramente sea el doble "Electric Ladyland" (1968) el mejor y más completo repertorio del genio de Jimi Hendrix como guitarrista, compositor y, por qué no, vocalista, pero "Axis: Bold As Love" es la contrapartida más redonda y sutil del despliegue heterogeneo de su sucesor, del mismo modo que parece dejar atrás la crudeza y la contundencia del primer álbum de Hendrix con la Experience ("Are you experienced?", de 1967) e incorporar una paleta de sonidos más variada. De hecho, ya la pista introductoria nos ofrece una muestra de la experimentación sónica en la que Hendrix empezaba a poner su interés: "EXP", con su uso magistral del feedback y el paneo estéreo, ofrece un paisaje sonoro extremadamente sugerente al que la letra, con alusiones a la ciencia ficción y la ufología, sirve a las mil maravillas. También aparece en este disco el uso del pedal de wah-wah por primera vez en la carrera de estudio de Hendrix; las historias en uso señalan que fue derivado de su aparición en "Tales of the brave Ulysses", de Cream, pero está claro que entre el uso rítmicamente simple del pedal a cargo de Clapton y la explosión de chasquidos y aullidos de Hendrix en la intensísima "Little miss lover" hay una distancia enorme, seguramente signo eficaz de la diferencia entre talento y genio.
Es, por supuesto, el disco que contiene "Little wing", la joyita de la discografía de estudio de Hendrix, en el sentido de maravilla a pequeña escala no por ello menos deslumbrante. El solo contenido y lírico es, sin duda, uno de los mejores jamás grabados por guitarrista alguno, y demuestra que hay mucho más en el arte de la guitarra que semifusas y proezas de digitación a la Yngwie Malmsteem. De hecho "Little wing" es interesante también por señalar hasta donde el sueño de las influencias puede engendrar monstruos: basta con escuchar la versión exagerada y redundante de Stevie Ray Vaughan (un músico al que le sobraba talento, por cierto, pero que en la contienda freudiana con su héroe ofreció su lado más flaco) para entenderlo.
La influencia de "Revolver" (y por tanto del uso del estudio como instrumento, cosa que, además, redundaría en que son muy pocas las versiones en vivo de las canciones contenidas en "Axis: Bold as Love") es más que notoria a lo largo del disco, pero acaso se concentre especialmente en el uso de las guitarras reproducidas al revés, especialmente en la bellísima "Castles made of sand", donde Hendrix, además, inventa una manera de cantar (entre melódica y rapeada) que exploraría en buena parte de su obra posterior.
Otro gran momento desde el punto de vista del sonido logrado y la producción es sin duda "Bold as love", el cierre del disco y su composición más ambiciosa, que además de contrapunto, dobles cuerdas y arpegios complejos incorpora efectos de faseo para generar un sonido al que Hendrix describió como el que escuchaba en sus sueños y que, sin duda, se empareja perfectamente con la oda a la cinestesia en la letra.
Pero hay mucho más en "Axis: Bold as love"; desde el pop luminoso británico de "She's so fine", a cargo del bajista Noel Redding, hasta el blues psicodélico con destellos de jazz fusión (no en vano Miles Davis se deslumbraría con la música de Hendrix muy poco después) de "If 6 was 9" y el hard rock depurado de "Spanish castle magic".
A Hendrix no le gustaba el arte de tapa -"debieron mostrarme como un indio americano", dijo, con énfasis en el "americano", y añadió que la imaginería del hinduísmo no representaba a ninguno de los miembros de la banda- pero no cabe duda de que las serpientes, el sol y el Hendrix-Vishnu han terminado por signficar "fines de los sesenta" como pocas otras imágenes. "Axis: Bold as Love", es, por cierto, un disco imprescindible.

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