jueves, 26 de enero de 2017

"Lateralus", Tool, 2001, Volcano Entertainment

Sin duda la fusión entre el progresivo y el metal tiene en "Lateralus" uno de sus mejores momentos. El ADN metalero del disco es evidente desde sus texturas y sus sonoridades hasta los muteos y los ataques trasheros tan evidentes en el estilo del guitarrista Adam Jones, pero no menos importante es todo lo que la banda aprendió de la música de King Crimson y tantos álbumes fundamentales del prog: basta con ponerse a contar los compases en "Lateralus" para apreciar como la complejidad rítmica del prog es llevada a extremos de expresividad impresionantes.
Pero hay más que cambios de compás y overdrive en "Lateralus", y es fundamental para apreciar la propuesta dar su lugar a las pistas ambient y noise, que más que "relleno" en un disco que notoriamente no lo necesita logran refinar el concepto (no necesariamente narrativo, por supuesto) de un álbum con tantos niveles de significación. Así "Eon blue apocalypse" y "Mantra" suenan a lo que habría hecho Brian Eno asociado a Lustmord y bajo los efectos de un alucinógeno amazónico; el último, en particular  es una película de terror en miniatura.
Algo similar pasa con "Faaip de oiad", acaso la sección más inquietante de un disco inquietante; así, en sus 2 minutos y 39 segundos lo que se experimenta -además de un solo de batería deformado sónicamente de todas las maneras imaginables- es una inundación de ruido y la sensación de que las computadoras que proyectan la matriz en nuestros cerebros cayeron víctimas de un virus siniestro y, de paso, permitieron que oyéramos esa voz nerviosa que nos cuenta de un secreto terrible en el área 51.
Es que el álbum, en última instancia, ofrece un mix de ciencia ficción, horror y esoterismo que desborda las letras y de alguna manera logra fundirse a los paisajes sonoros propuestos, una vez más como la banda sonora de una película ominosa y terrible.
Uno de los momentos más impresionantes es sin duda la composición que da nombre al álbum. Se ha insistido mucho en el patron silábico de la letra en las estrofas, que repite (1, 1, 2, 3, 5, 8) la secuencia de Fibonacci (lo cual además queda subrayado por las alusiones a las espirales, tanto en la letra de la canción como en el arte del álbum), y de los juegos complicados con el compás, que comienza en las estrofas intercalando 9/8 con 4/4 y 7/8, para ponerse bastante más complicado al final, cuando a la batería en 12/8 se suman la guitarra en 4/4 (no estoy muy seguro de esto, de todas formas, porque hay una apreciable sincopación en lo que toca Jones) y el bajo en 10/8. Algo similar pasa en "Schism", que intercala 5/4 con 4/4, 5/8, 7/8 y ahí paré de contar.
La sensación (y en última instancia la razón por la que estos juegos son algo más que musicalidad por la musicalidad misma), por supuesto, es de que algo raro está pasando con el tiempo, y prestando la suficiente atención el efecto es de una tensión e incomodidad importantes, como si se estuviera llegando a la conclusión de que la realidad circundante es apenas una simulación. Las letras van por este camino, notoriamente; en "Lateralus", por ejemplo, se hace referencia a la "Tabula Smaragdina" (o "tabla de esmeralda") de Hermes Trismegisto ("as below so above and beyond I imagine", "como es arriba es abajo y más allá me imagino") y en "The grudge" y "Schism" a la alquimia (a su vez vinculadas a lo hermético, por supuesto). El fascinante arte de portada, a cargo de Alex Grey, ofrece el pasaje, capa por capa, desde la materia hasta el espíritu, esa forma de divinidad en el "interior" de todos nosotros, noción evidentemente hermética, alquímica, gnóstica, lo que quieran.
Las composiciones digamos "secundarias" son igualmente impresionantes, y basta con escuchar la minuciosa introducción de "The patient" para apreciarlo. Más cerca del final del disco aparece la secuencia "Disposition"/"Reflection"/"Triad", el momento más minimalista, con lineas de bajo que se repiten obsesivamente sumadas a sonoridades orientales que estallan (hacia el final del primer tercio de "triad") en un panorama asombroso y dinámico.
Quizá la composición más perfectamente equilibrada entre lo ominoso, la musicalidad, las letras esotéricas y gnósticas ("we are eternal / all this pain is an illusion") y el mero impulso metalero es "Parabola", síntesis de todo lo ofrecido por uno de los mejores álbumes del siglo XXI y casi con total seguridad el mejor de Tool hasta el momento.



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