viernes, 20 de enero de 2017

"Close to the edge", Yes, 1972, Atlantic

Sería dificil discutirle a "Close to the edge" su lugar central en el canon del rock progresivo. Todo lo que ha de tener el género está en sus tres composiciones, una que abarca el lado A completo (y le da título) y dos que se reparten el otro. La riqueza de sonidos y el virtuosismo son, por supuesto, apabullantes, pero de alguna manera -a diferencia de algunas composiciones de Emerson, Lake & Palmer o incluso de otros trabajos de Yes- "Close to the edge" logra apuntar a algo más, un más allá del género progresivo o del mero despliegue de musicalidad por la musicalidad misma. Evidentemente la espiritualidad acaso de pacotilla de los peores momentos como letrista del cantante Jon Anderson pueden ser difíciles de pasar, pero en la composición principal de este álbum hay versos que logran tramar una suerte de misterio especialmente sugerente. Se ha señalado que la inspiración fue "Siddartha", de Herman Hesse, y quizá Anderson supo, entonces, destilar lo mejor de esa novela.
"Close to the edge" -me refiero a la composición que ocupa el lado A del álbum- es una pieza dividida en cuatro secciones o movimientos; comienza con un sonido ambient inspirado, ha sido señalado, por el disco "Sonic Seasonings" (1972), de Wendy Carlos, y pronto hace aparición el que será el tema principal retomado por todos los movimientos. Hay también una sugerencia de división verso/estribillo, y este último aparece arrojado a una riquísima variación en armonía, compás y tempo. "The solid time of change" es el título de esta primera división; la que sigue, "Total mass retain" (eventualmente ofrecida como un single), es la más corta de las cuatro y consiste en más variaciones de la secuencia verso/estribillo de la anterior, focalizadas particularmente en el bajo. Después, "I'll get up I'll get down" se ofrece en un tempo notoriamente más lento y -en un clima reminiscente de la música barroca- contiene básicamente un largo solo de órgano cuidadosamente tratado con una resonancia sobrecogedora. "Seasons of man", la última sección, recapitula la primera y combina sus variaciones en un pasaje similar a una fuga (en el que suenan, por cierto, frases de bajo que aparecen en el tercer movimiento). Evidentemente todo el repertorio de procedimientos del prog está acá: cambios de tempo, cambios de tono, contrapunto, múltiples secciones, solos largos intercalados, variaciones, etc.
El comienzo de "And you and I", la primera del lado B, parece ofrecernos el sosiego de una composición más simple, con cambios de acordes más consabidos y un sonido que recuerda al folk-rock con su uso de una guitarra de 12 cuerdas. Pero pronto surge una nueva sección (la segunda se titula "Eclipse" y la primera "Cord of life") que cita a Sibelius, incorpora los mismos versos de la primera sección (pero cantados con una melodía diferente) y modula desde re mayor a la mayor, luego a mi mayor y finalmente a si mayor, tonalidad en la que permanecerá básicamente el resto de la composición, con sus secciones "The preacher, the teacher" y "Apocalypse".
Cierra el álbum "Siberian Khatru", más compleja rítmicamente que las anteriores. Buena parte de la canción está estructurada en tres compases de 4/4 y uno de 3/4, que desemboca en un solo de guitarra presentado como un polímetro especialmente inquietante.
El álbum logra sonar vivo y vibrante pese a lo intrincado de sus composiciones; quizá esto se deba a la riqueza de lo que ofrece y al hecho de que ese panorama se presenta de manera que a ninguna de sus secciones o detalles se le permite estancarse o saturar al oyente. Por el contrario: las melodías y contramelodías fluyen con naturalidad, amablemente. La impresión es que no hay excesos, sino que la música contenida en "Close to the edge" es de alguna manera más necesaria que caprichosa o arbitraria. No sé si Yes logró repetir la proeza, por más que la rotunda monstruosidad de su disco de estudio siguiente, el doble "Tales from topographic oceans" (1973) sea a su manera también maravillosa.

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