jueves, 19 de enero de 2017

"The rise and fall of Ziggy Stardust and The Spiders From Mars", David Bowie, 1972, RCA

En 1974 la revista Rolling Stone reunió a David Bowie con William Burroughs; la charla puede encontrarse completa, ahora, en el librillo del box set Who Can I Be Now?, pero no era dificil anteriormente dar con fragmentos, especialmente aquel en que Bowie explica o improvisa (más bien esto último, apostaría) el concepto narrativo de su álbum "The rise and fall of Ziggy Stardust and The Spiders From Mars". El pretexto de la narración está en una serie de planes que le cuenta a Burroughs, básicamente llevar el disco en cuestión al musical, al teatro y al cine. Pero nada de eso resultó (algo parecido señaló Bowie como pretexto para negarse a ceder a Todd Haynes los derechos de algunas de sus canciones para la película "Velvet Goldmine", y tampoco aparecieron obra teatral o película algunas), pero es interesante esa versión del relato implícito al álbum. Si buscamos en las letras, en todo caso, la posibilidad de establecer sólidamente esa historia se desvanece rápidamente. Hay una suerte de resumen en la canción emblemática del disco, "Ziggy Stardust", antepenúltima del lado B, y ahí se nos habla un poco de Ziggy, de su talento, su locura y su final trágico, pero los detalles concretos no abundan. El disco cierra con referencias al suicidio ("Rock'n'roll suicide") y está el relato de lo que pasó a los músicos que tocaban en las ficticias Spiders from Mars o de los allegados a la banda ("Rudi", "Tony", "Bevan", "Sonny" en "Star"; "Weird" y "Guilly" en "Ziggy Stardust"; "Henry" en "Suffragette city"), hay impresiones sobre The Spiders from Mars tocando (en "Hang on to yourself") y sobre Ziggy en escena desde el punto de vista de un fan enamorado ("Lady Stardust"), y todo esto parece sugerir un costado más de crónica o testimonio para el lado B del disco, el más si se quiere "realista".
El lado A es el que más se acerca a la ciencia ficción y la distopía, ya que incluye referencias al origen extraterrestre de Ziggy ("Moonage Daydream" y "Starman"), al inminente fin del mundo ("Five years") y a los extraños tiempos que se están viviendo ("Soul love"), además de una posible canción del repertorio de Ziggy y las Spiders ("It ain't easy"), pero esto último ya es más especulativo (y de hecho cabría pensar que la inclusión de este cover de Ron Davies es el punto débil del álbum). Es decir: nada que, puesto todo junto, ofrezca un relato sólido o coherente. En ese sentido, "The rise and fall..." no es un disco conceptual-narrativo al estilo de "Tommy" o "The wall", sino más bien un conjunto de variaciones sobre un puñado de temas (la fama, el fin del mundo, el rock'n'roll en sí) que parece sugerir la posibilidad de un ensamblaje narrativo.
El sonido del disco está llevado casi a un mínimo: guitarra acústica (casi siempre a cargo de Bowie, con alguna participación de Mick Ronson), eléctrica (casi siempre Ronson), bajo (Trevor Bolder), batería (Woody Woodmansey), piano más bien percusivo (Bowie y Ronson) y teclados (Ronson) con el añadido de algún fraseo de saxo (a cargo de Bowie) y un clavicordio en "It ain't easy" (a cargo de Rick Wakeman). El paisaje sonoro parece en general limitado, en tanto  todas las canciones reiteran la misma instrumentación, aunque algunas se permiten derivar en sorpresas como el impresionante solo final de "Moonage Daydream" y sus efectos digamos "espaciales". Es, en general, un disco más rockero que el inmediatamente anterior ("Hunky Dory", 1971) y, en ese sentido, reminiscente de "The man who sold the world" (1970). Hay que señalar que es a Mick Ronson a quien se debe el sonido más distintivo del álbum desde el punto de vista de los instrumentos: su guitarra impredecible, intensa y sucia, con momentos de intenso lirismo. Está, por supuesto, la increíble variedad de "voces" que propone Bowie, de la que el tema "Ziggy Stardust" es, a su manera, un buen modelo.
Todo lo que suena en "The rise and fall..." parece tan autoconciente que el disco completo es de alguna manera una representación teatral, una "actuación". Bowie había decidido encarnar un personaje (Ziggy Stardust, cuyo lado "terrenal", digamos, es su figura de estrella de rock) que representara todos los excesos, malentendidos y vanidades de la fama, inseparables del genio y el virtuosismo. En ese sentido es fácil leer algunas referencias o "ingredientes" en Ziggy: Jimi Hendrix (por ahí se dice que Ziggy, además de tocar la guitarra como nadie, era zurdo), Vince Taylor (un cantante de rock'n'roll que llegó a creerse un Jesucristo venido de las estrellas), The Legendary Stardust Cowboy (otro excéntrico, pionero del llamado psicobilly) y, desde el nombre del personaje, Iggy Pop. La teatralidad, la autoconciencia, los comentarios metamusicales y metanarrativos terminan por dar su verdadera sustancia al disco: música que suena completamente ajena y extraña, pese a acaparar todos los elementos reconocibles del rock más básico.
El álbum fue grabado entre julio de 1971 y febrero de 1972, y lanzado en junio de ese último año; en esos 11 meses Bowie de alguna manera "aprendió" a ser Ziggy en sus conciertos y entrevistas, en las que rara vez salía de personaje. Dos de las composiciones ("Hang on to yourself" y "Moonage daydream") venían de un proyecto anterior de creación o falsificación de una estrella de rock, la banda "Arnold Corns", para la que Bowie se propuso componer y grabar las canciones que luego interpretarían músicos contratados y un cantante que básicamente haría playback y sería nada más que pura imagen. El proyecto no tuvo éxito (aunque fue lanzado un single, el que contiene las dos canciones mencionadas), pero de alguna manera permaneció como un ensayo para lo que después sería la creación de Ziggy y su banda.
Desde 1990 y la edición CD a cargo de Rykodisc es fácil escuchar algunos outtakes de las sesiones de "The rise and fall...", entre los que destaca sin lugar a dudas "Velvet moonage". El mejor sonido en cuanto a remasterizado está en la versión de 2012, y el peor (de hecho intercambia los canales izquierdo y derecho, además de cortar el comienzo de algunas canciones) en la de 2002; hay una remezcla muy poco interesante a cargo del productor Ken Scott, lanzada en 2003 y de nuevo en la caja "Five years", de 2014, y, en general, lo que suena en las ediciones de 1999 y 1990 es correcto, sin comresión excesiva ni ecualizaciones violentas. Lo mejor de la edición de 2002, por cierto, fue su disco bonus, que contenía las versiones originales de las canciones de Arnold Corns, un par de demos, algunos outtakes y el single de esa etapa "John, I'm only dancing", para el que Bowie grabara uno de sus primeros videoclips.

No hay comentarios:

Publicar un comentario