lunes, 30 de enero de 2017

"The idiot", Iggy Pop, 1977, RCA

Después vendrían los puristas iggypoperos a decir que la culpa de todo -es decir, de un disco tan poco abiertamente punk- la tuvo Bowie, pero el álbum, primero de James Osterberg Jr. como solista, habría de decantar como uno de los mejores de todos los tiempos. Y eso no quiere decir, por cierto, que Bowie no tuviera cierta culpa: grabado poco antes de "Low" comparte la sensibilidad musical y el ímpetu experimental de la llamada "trilogía de Berlín", aunque quizá, aportes idiosincráticos de Iggy aparte, con un costado más siniestro y energético. O, quizá, más arriesgado y experimental.
En cierto modo el álbum está apoyado o centrado en la voz de Iggy y una serie de posibilidades que el cantante no había explorado del todo aún; Bowie le había sugerido dejar atrás vocalizaciones como la de "Search and destroy" (en "Raw Power", 1973) para esforzarse en un croon barítono con el que experimentar diferentes maneras de infundir emotividad a la voz, y el resultado va desde el robot maligno de "Funtime" hasta la belleza desgarradora en "The dum dum boys". Bowie, de hecho, después haría más o menos lo mismo en "Low", abandonando la exhuberancia teatral de buena parte de "Station to station" (1976) para concentrarse en un enfoque más discreto y emocionalmente neutro.
El propio Iggy después se referiría a la música en "The idiot" como "Kraftwerk se encuentra con James Brown". Ahora es fácil ver en el disco una forma larvaria avanzada del rock industrial y del post punk, pero entonces, tanto como "Low", debió ser dificil de procesar.
El trabajo había comenzado (después del pasaje de Iggy Pop por un psiquiátrico y una sesión fallida con Bowie) con "Sister midnight", basada en un riff del guitarrista Carlos Alomar, que llegó a sonar en la gira de "Station to station" (y reaparecería en "Lodger", de Bowie, en 1979). Generalmente se aceptó que en la siguientes sesiones de grabación Iggy aportó las letras y Bowie la música, pero en algunos casos la opción verdadera es más compleja, como en "Dum Dum Boys", que cuenta con música de Iggy, o "Sister Midnight", a cuya letra colaboró Bowie.
Es posible que la recién mencionada "Dum Dum Boys" sea el momento más impresionante del álbum. Famosamente Iggy se enfrentaba a un bloqueo de escritor y Bowie le sugirió que contara la historia de los Stooges; el resultado es de una belleza desgarradora, tanto en la elegancia sucia de la música como en el relato que escuchamos desde la voz.
El trabajo vocal encuentra otro lugar especialmente interesante en "Funtime", quizá la más siniestra del álbum, para la que Bowie sugirió a Pop que cantara "como Mae West". Por cierto, ahí está el ADN de buena parte del goth posterior.
La influencia alemana (en especial de Kraftwerk) es más evidente aún en "Nightclubbing", un relato de salidas nocturnas, para la que se dispuso una caja de ritmos; Bowie propuso sustituirlo por una batería real pero Iggy se mantuvo firme en que ese era el mejor sonido posible para la canción. Y vaya si tenía razón.
"Baby" y -en menor medida- "Tiny Girls" pueden pasar por lo menos interesante del disco, pero si se afirma semejante cosa hay que aclarar que es por comparación con las obras maestras que pueblan los dos lados del vinilo. En realidad, "Tiny Girls" está al borde de ser un himno a la pedofilia y "Baby" parece traída en el tiempo desde una distopía nazi, con una de las mejores voces de Iggy en el álbum (cuando canta "we're walking down / the street of chance").
Bueno, y está también "China Girl", que Bowie reversionaría años más tarde con elegancia y que en este disco suena más bien a un megalomano enloquecido, un Howard Hugues arrojado a las calles de Shanghai en busca de una chica que acaso no exista más que en su imaginación. La versión de Bowie, por cierto, enfoca un poco más la mirada en cierta crítica al colonialismo, pero eso está también en la que suena en "The Idiot", más desprolija y visceral.
De alguna manera todo el álbum queda concentrado en "Mass production", su última pista y el momento más ambient o dark ambient de lo ofrecido. Hay allí un paisaje desolado y post-industrial, que parece una iteración decaída (pero a la vez imbuida de nueva energía) de "Sister midnight". Autómatas solitarios que llevan siglos operando sus loops vacíos de sentido en un mundo paralelo en que la revolución industrial ocurrió en la Edad Media, quizá, y contamplaron impasibles la extinción del Homo sapiens.

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