martes, 31 de enero de 2017

"L.A.Woman", The Doors, 1971, Elektra


Uno de los conceptos más comúnmente invocados a la hora de contar la historia de una banda de rock (y se asume cierta persistencia en el tiempo para que esa "historia" parezca posible) es el de "vuelta a las raíces", que señala el momento en que, tras una serie de álbumes fallidos o malos, la banda en cuestión regresa a un estado más cercano a la energía o ímpetu de sus primeros años de vida. Esa energía generalmente se piensa como disipada a lo largo de la anterior serie de discos de mala calidad, que tienden a ser más manieristas y artificiosos en oposición a lo "básico", "honesto" o "sincero" que se insiste en ver en los primeros trabajos; así, cuando la banda "regresa" lo hace o bien retomando la calidad de los comienzos (un "return to form") o bien revisitando (y se hace hincapié generalmente en que esto ocurre desde la madurez o la "sabiduría") también las opciones estéticas de ese momento inaugural. El relato, entonces, se configura en una línea que va desde la emergencia y la exploración vital y dinámica hasta el estancamiento (el "rise and fall") y luego el "retorno".
En el caso de The Doors el proceso parecería comenzar a perfilarse en "Morrison Hotel" (1970) tras al menos un disco marcadamente inferior a los anteriores, "The Soft Parade" (1969), en el que, de manera bastante evidente, la banda suena débil, famélica y ahogada en arreglos orquestales que podrían haber significado un experimento interesante de no haber resultado tan evidente el mínimo deseo de hacer música (notorio en la actitud del cantante; quizá lo mismo no podría decirse del guitarrista Robbie Krieger, que, de hecho, fue la principal fuerza creativa de ese álbum, para bien o para mal).
Para 1970, en todo caso, la "vuelta a las raíces" ya era notoria en el repertorio en vivo, que se basaba notoriamente en el blues. De ahí que la salida de "L.A. Woman" fuera señalada como un retorno al amor primordial de la banda por el género, evidente quizá no tanto en sus dos primeros discos (que mostraban más bien una suerte de art-pop o psicodelia en el que eventualmente asomaban formas que recordaban al blues, como "Love her madly" en "Strange Days", de 1968, así como también un lado experimental y paisajístico, visible no sólo en "The end" y "When the music's over" sino también en "Horse latitudes" y "End of the night") sino en un relato de los días de formación de la banda y las predilecciones musicales de sus integrantes: un relato que demandaba una biografía, es decir, en oposición a un mero contraste con lo grabado y publicado.
En cualquier caso, que "L.A.Woman" está a la altura de lo mejor de The Doors y acaso lo supera es evidente en canciones como la bellísima "Hyacinth House", notoriamente beneficiada por el cambio en la voz de Morrison, que se vuelve más áspera, más desprolija y, de paso, más notoriamente refugiada en los registros graves. Que Morrison jamás fue un cantante de esos que cabría llamar "técnicos" es evidente, pero nadie podría decir que era incapaz de mover emocionalmente a quien lo escuchara, y "Hyacinth House", segunda del lado B, es una prueba luminosa de ello.
Ambos lados, por cierto, culminan con canciones largas y atmosféricas, en especial el B, clausurado por "Riders on the storm", que se beneficia muchísimo de efectos de lluvia y de la fantasmagórica vocalización de fondo de Morrison, incidentalmente lo último grabado para la banda por el vocalista.
"L.A. Woman", al final del lado A, se acerca a las composiciones largas y de múltiples partes de los primeros dos álbumes, pero en realidad está construida desde un formato canción al que se le ha aportado una sección intermedia en un tempo lento ("Mr Mojo Risin"), más un posterior crescendo que desemboca en las estrofas del comienzo. Posiblemente la canción contenga todo lo que se espera de una de The Doors: desde los solos líricos y melódicos de Krieger hasta el barroquismo de Manzarek (acá, y en todo el disco, relativamente contenido) y la siempre precisa batería de Densmore.
Es fácil ver en el lado B, por otra parte, el más oscuro y siniestro; la excepción -"Hyacinth House"- podría ser pensada como el proverbial "soplo de aire fresco", y se impone el clima ominoso de "L'America", favorita personal, y también de "The WASP (Texas Radio and the Big Beat)", básicamente un poema de Morrison al que se le aporta una música que parece encajar a la perfección y que puede ser rastreado (líricamente al menos) a esos conciertos de 1970, casi todos registrados en cinta.
Y están los blues, que terminan por ofrecer el núcleo de esa mencionada "vuelta a las raíces". Son, en realidad, acaso lo menos interesante del disco, con la excepción de "Cars hiss by my window", que destaca por el trabajo vocal de Morrison.
Desde cierto punto de vista el disco tiene tres zonas: la del blues (el recién mencionado, más el rápido "Been down so long" y el más siniestro "Crawling king snake"), la más compleja, oscura y atmosférica ("L.A. Woman", "L'America", "The WASP" y "Riders on the storm") y una más luminosa y pop, que abre el disco con "The changeling", último resabio del funk al que quiso moverse la banda en "The Soft Parade" y algunas canciones de "Morrison Hotel", y "Love her madly", que sin duda está entre lo más fresco y dinámico del disco. Por supuesto que estas zonas se funden y confunden, y "Hyacinth house" podría pasar por la intersección de las tres (y por tanto algo así como el "corazón" del álbum, algo por cierto bastante evidente).
El regreso a la forma o renacimiento o como prefiera llamárselo de The Doors no sobrevivió a Jim Morrison, y los dos discos de la primera mitad de la década de 1970 lanzados sin el cantante original no parecen hacer en general otra cosa que revolver en la sopa poco suculenta de "The soft parade"; habría que esperar a "An American Prayer" (1978, expandido en 1995) para volver a un disco de interés (en este caso siguiendo la línea de "The WASP" y aportando música a poemas de Morrison), por lo que el relato de ascenso y caída y vuelta a las raíces queda más bien trunco. ¿Cabe añadir esta posibilidad a una tipificación de lo que pasa en las historias de las bandas de rock después del primer digamos "regreso"? Por supuesto que las discografías relamente largas (Stones, Bowie, etc) son notoriamente más complejas que estos modelos de relato.

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