jueves, 24 de agosto de 2017

"Dare", The Human League, 1981, Virgin


No hay muchos discos, al menos en la era post-beatle, tan sorprendentes, inagotables y de una frescura tan perenne como la del tercero de The Human League. Pero no por el desafío de su propuesta en sí, sino por su pocas veces igualada (si es que alguna vez lo fue después de 1981) manera de sonar como la quintaesencia del pop y mantener a la vez una riqueza asombrosa de sonidos; son cuarenta minutos de audacia musical, una serie de lecciones bien aprendidas (Bowie ante todo, pero también el pasado más experimental de la banda y sus otras tantas influencias, desde Krafwerk hasta "The Idiot", de Iggy Pop, desde el eurodisco de Moroder hasta el Bowie ersatz de Gary Numan y ABBA), experimentos tan felices que no parecen experimentos y pleno goce musical. Esa combinación de pop y audacia, junto a la larguísima estela del álbum -que engendró o consolidó el synthpop y terminó de definir el sonido de la primera mitad de los ochentas-, puesta junto a la de otras bandas de la época (Japan, Orchestral Manouvers in the Dark, Ultravox, Depeche Mode, Soft Cell), parecen apuntar a un período de creatividad tan febril como los consabidos sesentas, y de alguna manera "Dare" es el primero de esa cadena de incendios.
Es interesante como un disco tan  pop pudo permitirse piezas tan oscuras como la estremecedora "Seconds" o la progresivamente inquietante "I am the law", con su ironía siniestra (porque por momentos no parece que se trate de una ironía), o la explosión riffera (con sintetizadores, no guitarras) de "The things that dreams are made of" o el megaclásico "Don't you want me", además de los ambientes cristalinos y delicados que subyacen a "Open your heart", "Darkness","Do or dice" y "Love action" (que incluye el trabajo vocal más decididamente Iggy Pop del álbum), con incluso un pequeño interludio instrumental bellamente texturado ("Get Carter").Happier times, quizás, al menos desde un momento en que al pop (o a buena parte del pop) parece habérsele extirpado toda vocación de riesgo y experimento. Tantas otras bandas explorarían -y tan maravillosamente- las facetas de "Dare", de hecho (llvándola más allá: pienso por ejemplo en la oscuridad de los discos de Depeche Mode hacia los noventas) que por momentos el álbum parece ofrecerse como un compilado de lo mejor de una década. Y todo se desprende de la articulación de ritmos extremadamente simples y capas y capas de sintetizadores (Casio M10, Casio VL-1, Korg 770, Korg Delta, Linn LM-1, ROland Jupiter-4, Roland MC-8, Roland System 700 y Yamaha CS-15), para una simpleza engañosa y perfecta o una complejidad oculta y fascinante.

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