domingo, 27 de agosto de 2017

"Pisces iscariot", The Smashing Pumpkins, 1994, Virgin


Nirvana tuvo en 1992 su momento de compilar rarezas con "Incesticide", un disco que en su momento muchos escuchamos como si fuera un álbum, no un compilado, y en cierto modo, en retrospectiva y sumando "Pisces Iscariot" al panorama podría pensarse que hay un sentido en que funcionan ambos como álbumes, y es que en esos recortes, descartes, exploraciones, bosquejos, canciones tentativas y alguna que otra obra maestra (en el caso de Nirvana sin duda "Aneurysm") se las arreglan para dibujar mejor una imagen de la banda que álbumes completos; en cierto modo, entonces, hay más de Nirvana en "Incesticide" que en "Nevermind", salvo, pero no sólo del modo trivial en que un compilado funciona en esa línea, ya que el concepto de "lo mejor de" suele ser el imperante -al menos cuando no hay otro declarado- y por lo tanto se dice otra cosa cuando se compilan lados B o rarezas, sino que es justamente en ese lado débil, en ese costado de laboratorio, en esa exposición de las fallas y de los objetivos no cumplidos que el impulso básico de una banda -o, especialmente, de los Pumpkins- queda a la vista.
En un sentido estrictamente musical, por decirlo de alguna manera, no cabe duda que "Soothe" es una de las grandes canciones de la banda, originalmente relegada al lado B de "Disarm" -que es, en cualquier caso, superior: a casi todo lo que sonó en su tiempo-, del mismo modo que "Plume" probablemente queda entre lo más flojo del disco y de la banda; y en el medio parecería poderse ubicar cada una de las otras canciones, cada una de ellas en su lugar, con sus virtudes y sus defectos. Está por ejemplo el cover de "Landslide", de Fleetwood Mac, que deja en evidencia tanto los defectos de Corgan en tanto vocalista (como guitarrista ya entonces era impecable, y su trabajo con la acústica en esta pieza lo pone en evidencia) como sus virtudes en tanto vocalista (su expresividad, su emotividad, su dinámica, el contraste entre fragilidad y el timbre áspero y estridente de su voz) y, en ese sentido, parece cifrar buena parte de lo que hace la banda o, al menos, la relación inmediata con el sonido de la banda que aparece en tantos escuchas que la rechazan (o la aman) ante todo por el sonido de la voz de Corgan.
"Pisces iscariot" parece prestarse más que cualquier otro disco de los Pumpkins para el juego de las favoritas personales; es decir: en "Siamese dream" los puntos más altos parecen indudables, por más que después, en la periferia inmediata, cada uno sabe qué elegirá. Pero en un contexto de temas fallidos o razonablemente descartados la elección es cifra de lo personal quizás más efectivamente que en otras partes, y así no puedo evitar declarar mi amor por "Spaced", por "La Dolly Vita", por el cover de los Animals ("Girl named Sandoz") y por "Obscured". Allí, quizá por eso de las fallas o defectos, están expuestos los Pumpkins en su bella fragilidad, casi al desnudo. Y cuando pensamos que la misma banda que grabó "Whir" lanzó después el mejor disco de su década (o uno de los candidatos más firmes al mejor disco de los 90s), el asombro parece inevitable.
En cualquier caso, algo a cuestionar a "Pisces iscariot" es que, lamentablemente, no es exhaustivo: faltan canciones como "Gylnis" o "Drown", que aparecieron en su momento en compilados o soundtracks y que sin duda parecen más interesantes que lo más flojo de esta compilación.

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