martes, 1 de agosto de 2017

"Zooropa", U2, 1993, Island


Para comienzos de los 90s U2 se había propuesto ofrecer una imitación precisa de lo que Bowie había hecho más o menos quince años atrás, cuando decidió dejar atrás las influencias estadounidenses y enfilar hacia Europa: "The european canon is here". Y si bien en "Achtung baby", grabado justamente en Berlín (ciudad emblemática para la etapa "europea" de los setentas tardíos de Bowie), la dirección ya estaba clara, es acaso en "Zooropa" donde el impulso cobra su pico de intensidad. Posiblemente el primero sea un álbum más logrado o consistente, pero el de 1993 ofrece de alguna manera una imagen más fascinante aún, en virtud de su concepto más o menos difuso de construcción de una Europa futura y tecno-utópica ("zooropa / Vorsprung durch Technik"), concepción influida -además de por el citado motto de Audi y sus connotaciones- por el ciberpunk de las tres primeras novelas de William Gibson.
Esto queda puesto en evidencia ya desde la primera composición del disco, cuya introducción ambient está entre lo mejor que haya grabado jamás la banda; incluso la parte más "canción" de la pieza opera en el contexto de esa imagen cuasifuturista de una nueva europa urbana, una suerte de constelación o galaxia aterrizada entre publicidad, pantallas en las calles y luces de neón, lo cual -además de hacia Bowie, que se dedicó más bien a explorar el lado oscuro de la mitteleuropa setentera- establece una conexión con el seminal "Trans-europa express" de Kraftwerk, en particular con su lado B completo y con la apertura del A ("Europe endless").
Esa cualidad "europea" o de "futurismo europeo" brilla también en "Lemon", otro de los grandes momentos del álbum y también una marca de altura para Bono en tanto vocalista, que opta por el uso del falsete a manera de indicador de artificialidad y rechazo a la tradición más "americana" de la honestidad o sinceridad en la música. Todo en "Zooropa", entonces, es falso y artificial, ersatz sonoro, apropiación e imitación, en su máximo de brillantez. Hay, de hecho, capas y capas de imitación: canciones como "Stay (farewell so close)" parecen convertirse en una afirmación sobre la naturaleza del pop, del mismo modo que "Dirty day" pone entre comillas el lugar emocional y mental del realismo sucio de Bukowski, refundiéndolo en el contexto del disco como un color más en una paleta amplísima.
Quizá el momento más débil de "Zooropa" esté en "The first time" (débil en relación a su concepto: es sin duda una canción bella en sí misma), pero cabe pensarla como el contrapunto a "Babyface" y "Some days are better than others", con su aparente frivolidad que anuncia el disco que publicará la banda en 1997, además de, especialmente, a "Daddy's gonna pay for your car crash", donde se espesa al máximo la dirección electrónica y dance del álbum, que de paso -al samplear una de las canciones favoritas de Lenin- se permite resemantizar "lo soviético" como una estética más, del mismo modo que cabe usar una remera con la cara del Che o de Camilo Cienfuegos como parte de una estética sesentera/cubana presentada con distancia (ya que no necesariamente con ironía: se trata más bien de una suerte de recontextualización).
Acaso la ironía quede para el final del disco. Así, "The wanderer" opera entre tantas comillas que cabe preguntarse qué es lo que realmente termina por decir esta conjunción de un bajo de sintetizador secuenciado (es decir algo así como el grado cero de las referencias a la electrónica en general y la germánica en particular), coros en falsete y la voz -completamente fuera de contexto, es decir- de Johnny Cash, que si algo representa es todo lo contrario a lo que venía diciendo el disco. Si le sumamos la letra de caracter marcadmente cristiano la cosa adquiere más pliegues,

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