"Back in black", ACDC, 1980, Albert/Atlantic
La fórmula estuvo clara siempre: centrar cada composición en uno o dos riffs memorables y poderosos, reducir la base rítmica al mínimo indispensable, incluir en alguna parte un solo tan consabidamente bluesero y rockero como virtuoso y hablar de sexo, alcohol y rock'n'roll con dobles sentidos que cualquier adolescente cachondo pudiera dar por obvios; a la vez, mientras la banda tuvo a Bon Scott al frente había cierta cualidad de peligro en la voz, como si el cantante fuera un ex convicto que hace una guiñada mientras te dice que "antes que volver a delinquir" prefirió vender curitas en un ómnibus, pero -después de la triste muerte de Johnson en 1980 y cuando Brian Johnson toma su lugar- a partir del séptimo álbum de estudio de la banda las cosas cambian y de pronto ese detalle amenazante desaparece: estamos, ahora, en una fiesta interminable y todos somos borrachos felices: esa fiesta ideal con la que sueña o ha soñado o soñó el hard rock desde sus comienzos y que ...